Introducción:
En abril de 2005, el Recinto Universitario de Mayagüez, de la Universidad de Puerto Rico (RUM-UPR) estará recibiendo la visita de acreditación por parte de la Middle State Commission on Higher Education (MSCHE). Fundamentalmente, para ser acreditada, toda institución debe cumplir con lo que la MSCHE denomina: “Characteristics of Excellence in Higher Education: Eligibility Requirements and Standards for Accreditation”. Recientemente, los estándares de acreditación fueron revisados. Según reza el manual “among the principles that guided the revision of the Commission's standards is greater emphasis on institutional assessment and the assessment of students learning. Este énfasis se resume en los estándares 7 y 14 respectivamente:
Standard 7: The institution has developed and implemented an assessment plan and
process that evaluates its overall effectiveness in achieving its mission and goals...
Standard 14: Assessment of student learning demonstrates that the institution's students have knowledge, skills and competencies consistent with institutional goals...
Este último estándar es de particular importancia para el proceso de acreditación ya que el mismo es el más directamente relacionado con la meta principal de la institución: el aprendizaje del estudiante. Es en ese sentido que el enfoque central de acreditación de MSCHE requerirá que la institución demuestre que sus estudiantes están aprendiendo.
Esta revisión y nuevo énfasis implican que, en la próxima visita, la institución tendrá que enfrentarse a un nuevo enfoque. Para responder al mismo, la institución deberá desarrollar y adoptar diversas medidas encaminadas a generar una cultura de avalúo que involucre sus distintas unidades de manera que se pueda reflejar el avalúo en todos los procesos institucionales (estándar 7) y, en particular, dentro del salón de clases a los fines de evidenciar el aprendizaje de los estudiantes (estándar 14).
Generar una cultura de avalúo conlleva involucrar las unidades implicadas desde su base. Esto debe ser así porque son las personas entendidas en los diferentes procesos quienes mejor pueden dar cuenta de los mismos. Con su contacto día a día con tales procesos, estas personas constituyen el recurso más fundamental en el delineamiento de objetivos pertinentes y alcanzables, en idear los mejores medios para alcanzar los mismos, en sondear efectivamente cómo marcha todo el proceso, y en identificar los cambios necesarios e instituir nuevas políticas. En fin, los componentes de las distintas unidades son los más apropiados para instituir propiamente el avalúo en esas unidades.
Esta ideología de un proceso de avalúo que nazca desde la base de las distintas unidades de la institución se hace particularmente evidente y necesaria con relación al educador en el salón de clases. En las universidades, es el profesorado quien está más directamente relacionado con el proceso de aprendizaje y, por lo tanto, quien mejor puede delinear cuáles son los objetivos pertinentes de los diferentes cursos, cómo alcanzar los mismos, cómo evaluar el aprendizaje y qué ajustes puedan ser necesarios sobre la marcha. Es pues, la dinámica del salón de clases el punto desde donde debe partir el avalúo del aprendizaje del estudiante (estándar 14). Simultáneamente, hay otra pertinencia intrínseca en el avalúo que se genera desde esta base. Es al nivel de los cursos individuales que se inicia la cadena de avalúo que da fundamento a los distintos programas académicos, y éstos a los departamentos, los cuales a su vez dan fundamento a la institución. De manera que el avalúo en el salón de clases constituye una meta en sí misma, pero además es parte fundamental del avalúo institucional.
Sin embargo, a pesar de todo el enriquecimiento que brinda el proceso de avalúo cuando éste se inicia desde la base, tal proceder requiere que los participantes del proceso conozcan tanto los elementos conceptuales del avalúo como los aspectos metodológicos que su implementación conlleva. En ausencia de ese conocimiento y de experiencias previas al respecto, se hace imperativo un adiestramiento inicial en la materia.
A su vez, cuando el adiestramiento en avalúo llega como resultado de una demanda externa, como sucede en este caso con la visita de acreditación por parte de la MSCHE, resulta necesario y efectivo complementar el conocimiento técnico con elementos afectivos y de motivación. La idea principal al añadir estos componentes es que el proceso de avalúo no se entienda como una imposición, sino que mas bien se asuma como un requerimiento que tiene a su vez la cualidad de revertir como proceso de auto-mejoramiento profesional de quien lo pone en práctica. Expliquemos brevemente esta idea.
En el fondo, el avalúo es evidenciar que se está cumpliendo con los objetivos trazados. En el salón de clases, todo profesor aspira a cumplir con diversos objetivos, muchos de ellos relacionados con la adquisición de conocimientos, el desarrollo de destrezas y el manejo de actitudes, entre otros. Ahora bien, el cumplimiento de esos objetivos no es sólo una empresa laboral externa, sino que también implica la identidad del profesor con su quehacer profesional. El avalúo del aprendizaje del estudiante es entonces no sólo una medida de cómo se está cumpliendo con la labor de enseñanza, sino que también es una forma mediante la cual el propio educador puede sondear cómo está desempeñándose: si está logrando o no la esencia de su razón de ser como profesional. Así, el avalúo del aprendizaje, además de reconocerse como un requisito de acreditación, puede ser asumido como un proceso que permite el auto-mejoramiento profesional individual, el cual, al tomarse colectivamente, se transforma en un proceso de auto-evaluación y mejoramiento continuo de la institución.
II- Justificación
A la luz de la próxima visita de MSCHE para fines de la acreditación del RUM-UPR, y del nuevo enfoque de esta agencia, centrado en el aprendizaje del estudiante, y ante la poca tradición de avalúo institucional y del aprendizaje que actualmente existente en el RUM-UPR, resulta imperioso iniciar de inmediato un proceso de adiestramiento de las unidades implicadas, en particular del profesorado. Esta medida contribuirá a responder efectivamente a la visita de acreditación de MSCHE y al desarrollo de una cultura de avalúo que redunde en la auto-evaluación y mejoramiento continuo de la institución.
En respuesta a esta necesidad, se está proponiendo ofrecer durante el próximo semestre al profesorado de la Facultad de Artes y Ciencias (FAC) una serie de talleres de capacitación en el área de avalúo en el salón de clases. Estos talleres serán coordinados por la Oficina de Mejoramiento Continuo del Aprendizaje de la Facultad de Artes y Ciencias en colaboración con el “Continuos Improvement Educational Initiative”.
III- Objetivos Generales
1. Adiestrar a un grupo de profesores de la FAC en los aspectos teóricos y metodológicos del avalúo en el salón de clases a los fines de que éstos adquieran los conocimientos y destrezas necesarias para poner en práctica tales procesos como parte de su labor docente.
2. Que los profesores que reciban el adiestramiento sirvan a su vez de recursos en la diseminación de información y la implantación de prácticas de avalúo entre el profesorado de sus respectivos departamentos.
3. Introducir a un grupo de estudiantes de la FAC al tema del avalúo en el salón de clases y adiestrarles para que puedan servir como asistentes en los procesos de avalúo.
4. Contribuir a generar una infraestructura conceptual y de trabajo que pueda responder efectivamente a la próxima visita de acreditación por parte de la MSCHE, particularmente, que pueda responderse adecuadamente al estándar sobre avalúo del aprendizaje del estudiante.
5. Responder a las demandas de los tiempos en términos de dirigir el RUM-UPR hacia una cultura institucional de avalúo
IV- Objetivos Específicos
1. Informar a los participantes sobre el nuevo enfoque de acreditación de la MSCHE y la relevancia extraordinaria que tiene como parte del mismo el avalúo del aprendizaje.
2. Concienciar a los participantes sobre el hecho de que los procesos de avalúo pueden utilizarse como estrategia de auto-mejoramiento tanto al nivel profesional individual como institucional.
3. Que los participantes adquieran los conocimientos necesarios para comprender y explicar en qué consiste conceptualmente el proceso de avalúo y cómo contrasta con el concepto de evaluación.
4. Que los participantes desarrollen en todas sus dimensiones un proceso de avalúo para un determinado curso, incluyendo:
a. delinear objetivos
b. actividades para alcanzar los mismos
c. medición de status y progreso (incluye: uso de técnicas e instrumentos existentes y creación de técnicas e instrumentos propios)
d. recogida de datos, análisis e interpretación
e. evaluación general del proceso de avalúo
5. Que los participantes hagan uso de las tecnologías de comunicación en línea para instrumentar procesos de avalúo (ej. cuestionarios en línea, foros de discusión)
6. Que los participantes se conviertan en recursos que sirvan a los fines de diseminar la información adquirida sobre avalúo y de adiestrar a sus pares en sus respectivos departamentos en la implementación de procesos de avalúo en el salón de clases y avalúo de programas.
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