Tras la huella de la herencia taína
Por Margarita Santori López
msantori@uprm.edu
PRENSA RUM

viernes, 25 de enero de 2008                           [ english version ]

El doctor Juan Carlos Martínez Cruzado estudia el ADN mitocondrial.
En 1994 el doctor Juan Carlos Martínez Cruzado se enfrascó en un proyecto sin precedentes. Su interés era descubrir la procedencia de los indios taínos, primeros pobladores de la Isla. ¿De dónde vienen?, se preguntó el profesor de genética del departamento de Biología del Recinto Universitario de Mayagüez (RUM), quien confesó que sólo sabía lo que le habían enseñado en sus clases de Historia de Puerto Rico en quinto y duodécimo grado.

Recordó que fue el arqueólogo Juan José Ortiz Aguilú, director del Programa de Arqueología del Instituto de Cultura Puertorriqueña, la persona que despertó su interés en este tema cuando en una ocasión le ofreció que investigara el ácido desoxirribonucleico (conocido en inglés como DNA y ADN en español) mitocondrial en una antigua osamenta.

“El ADN mitocondrial (ADNmt) es transmitido por la madre. El mitocondrio lo tenemos todos, pero solamente las madres lo transmiten”, explicó el científico doctorado en Harvard. Agregó que la enorme mayoría de nuestro material genético, es decir el ADN, se encuentra en el núcleo de la célula, sin embargo, el mitocondrial no está en el núcleo, sino en un organuloanelo conocido como mitocondrio. Este tipo de ADN es 200 mil veces más pequeño que el nuclear y se obtiene únicamente de la madre. De esta forma, permanece intacto de generación en generación, manteniendo su identidad original.

“La evolución humana ‘está escrita’ en el ADN mitocondrial”, sostuvo el profesor, quien aseguró que a pesar del intenso mestizaje en la región del Caribe existen ADNmts que mantienen su identidad original y pueden identificarse como africanos, indígenas o caucásicos.

Fue así como el doctor Martínez Cruzado inició su investigación sobre las migraciones indígenas al Caribe y con la ayuda de una de sus estudiantes, logró extraer el ADN mitocondrial de una muestra de cuatro huesos. “A base de la secuencia se determinó que se trataba de un ADN de origen indígena”, relató. Sin embargo, los cuatro salieron idénticos como si se tratara de cuatro hermanos. “Eso nos preocupó porque la idea era distinguir unos indios de otros y tratar de encontrar relación entre distintos”, afirmó. Según relató, el proceso de extraer material genético de huesos es muy tedioso y costoso por lo que desistieron trabajar con ese método.

De ahí, comenzaron otro proyecto en el que analizaron puertorriqueños con rasgos indígenas. “Con pelo negro, largo a veces, ojos achinados”, precisó. Para identificarlos, visitaron la zona de las Indieras en Maricao y solicitaron a algunos residentes una muestra de cabello.

De acuerdo con el científico, el ADN se puede adquirir del cabello, la saliva y de la sangre y, aunque esta última es la que provee más material genético confiable, es la más difícil de obtener porque las personas no suelen acceder a la prueba de sangre.

Así las cosas, entre 1998 y 1999 el doctor Martínez Cruzado y sus estudiantes se dieron a la tarea de revisar el ADNmt de 18 personas de las Indieras y luego convocaron más voluntarios, a través de la página electrónica del RUM. “Acudieron 56 personas, pero no encontramos que la incidencia indígena fuese tan fuerte en el RUM como en las Indieras. Lo único que pudimos relacionar del ADN mitocondrial fue que si tenían pelo riso (kinki hair) había más posibilidad de que tuvieran rasgos africanos”, subrayó el profesor.

Relató que en aquel tiempo el estudio no se podía hacer con el cromosoma Y porque se desconocían las mutaciones que distinguen a la mayoría de los africanos e indígenas. “Después sometimos una propuesta para buscar el ADN mitocondrial en una muestra representativa de Puerto Rico y la Fundación Nacional de la Ciencia de Estados Unidos nos dio el dinero para investigar”, sostuvo.

De esta manera, el catedrático del Colegio de Mayagüez le ha seguido la pista a los aborígenes puertorriqueños de quienes ha encontrado 19 linajes maternales, nueve de los cuales demuestran suficiente frecuencia y variabilidad interna como para sugerir que se remontan a la época precolombina.

“Todos los miembros de cada linaje comparten una tatarabuela. Las tatarabuelas que han dado origen a todos los linajes que hay en el mundo comparten a su vez una tatarabuela africana”, explicó.

El estudio del profesor del RUM fue publicado en la revista estadounidense American Journal of Physical Anthropology en septiembre de 2005, además de otras publicaciones científicas.


Pistas genéticas

El ADNmt es la única molécula de ADN en las células que es circular. También es la más pequeña y fue secuenciada en su totalidad en 1981 en Gran Bretaña, determinándose que se componía de 16,569 nucleótidos de largo.

“Para los menos expertos, podemos imaginarnos la molécula de ADNmt como un collar de 16,569 perlas. Cada perla tiene un número y están puestas en orden desde el uno hasta el 16,569. Además, cada perla tiene una letra que puede ser A, T, C o G, dependiendo de cuál sea su base nitrogenada. El cambio de una letra por otra se conoce como una mutación”, expresó el científico.

Agregó que usualmente se cree que una mutación es algo negativo, que produce un cambio claramente visible y desfavorable en la persona. “Como un tercer ojo o dejarlo sin una pierna”, afirmó. No obstante, se ha demostrado que la gran mayoría de las mutaciones no produce un efecto claramente visible en el individuo.

“Cada uno de nosotros tiene aproximadamente 175 mutaciones en el núcleo y sin embargo nos consideramos normales”, recalcó.

Explicó que en el ADNmt ocurre solamente una mutación cada tres mil años, lo que permite rastrear las migraciones humanas por todo el mundo desde que surgió el ser humano en África hace unos 150 mil años.

De acuerdo con Martínez Cruzado, la mayoría de los ADNmts indígenas tiene su origen en Asia y luego pasó al Nuevo Mundo cuando un grupo de siberianos cruzó el estrecho de Bering hace unos 125 mil a 230 mil años. Éstos se agruparon en haplogrupos, un concepto importante en el estudio de las migraciones humanas porque determina cada familia de ADNmts que comparte una mutación surgida de una mujer ancestral.

Hay haplogrupos indígenas A, B, C y D, todos asiáticos, aunque se cree que el B no llegó por el estrecho de Bering, sino por una ruta alterna debido a que es el único que no se encuentra actualmente en Siberia. “Hoy día y posiblemente también en el pasado, el haplogrupo B es común desde China central hacia el sureste en Indonesia, Polinesia y Micronesia”, relató el biólogo, al tiempo que mencionó un quinto grupo -el haplogrupo X- que no se encuentra actualmente en Asia, sino en Europa, lo que sugiere una migración independiente desde el viejo continente al Nuevo Mundo a través de Groenlandia o el Ártico. En la actualidad, sólo aparece en América del Norte.


Hallazgos

Según la investigación del doctor Martínez Cruzado, la mayor parte de los taínos de Puerto Rico pertenecía a los haplogrupos A y C. “Su frecuencia se asemeja más a la de Florida, México y Centroamérica en la que el A es el más frecuente y el D el menos frecuente. Sólo difiere en que el C aparece un poco más”, indicó.

Asimismo, destacó que los taínos fueron el producto de una mezcla entre por lo menos dos culturas indígenas ancestrales y que la mayor parte del haplogrupo C de Puerto Rico tiene un origen amazónico, así como la totalidad del haplogrupo B. “La mayor parte de los ADNmts perteneciente a lo haplogrupos B y C en Puerto Rico compone un linaje de origen amazónico. El linaje del haplogrupo C parece haber arribado cerca de mil años antes que el del haplogrupo B, pero en ambos casos se da la peculiaridad que una expansión poblacional del haplogrupo ocurrió poco después de su llegada a la Isla”, puntualizó.

El doctor Martínez Cruzado actualmente expande el estudio a La Española, en donde también ha encontrado una gran diversidad de ADNmts de origen indígena. Anticipó que los resultados de este último estudio deberán estar disponibles para la segunda mitad de 2008.

Nota de la editora: Este artículo aparece en la primera edición de Sin Límites, la revista de investigación del RUM.


El doctor Martínez Cruzado supervisa a una de sus estudiantes en el laboratorio.

Fotos Carlos Díaz / Prensa RUM