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Caravana de recuerdos

Por Wilfredo J. Burgos Matos (wilfredo.burgos@upr.edu)
Taller de Estudiantes PRENSA RUM

viernes, 15 de junio de 2012

El tiempo pasa
nos vamos poniendo viejos,
el amor no lo reflejo como ayer.
En cada conversación,
cada beso, cada abrazo,
se impone siempre un pedazo de razón.


Fragmento de Años

Se acumulan conocimientos, se tienen experiencias, el tiempo pasa, la vida premia. De primera instancia, esa parece ser la finalidad de un largo caminar. No obstante, hay varios elementos en ella que la complementan y le brindan sustancia y propósito. Desde tener una familia y verla crecer hasta graduarse de la universidad y formarse a plenitud, son ejemplo de ello.

En esta ocasión, el orgullo de ser egresados del Recinto Universitario de Mayagüez (RUM) es un bastión de lo antes expuesto para los padrinos de la clase graduanda del 2012, los graduados del 1962, quienes, luego de 50 años, regresan a su alma máter para ser motivo de inspiración de las nuevas generaciones de colegiales.

“Me siento emocionada, muy orgullosa. Donde quiera que esté, que dicen RUM, es una alegría tan y tan grande de haber pasado por esa Institución, que no lo puedo exteriorizar; es una distinción grandísima. Yo pensé que nunca iba a llegar el momento”, indicó Irma Turull Echevarría, graduada de Ciencias Sociales, al momento de expresar lo que significa apadrinar a los alumnos que completaron sus requisitos de graduación este año.

Por su parte, Norman Ramírez, producto del Departamento de Ingeniería Industrial (ININ), manifestó su satisfacción ante la oportunidad de seguir una tradición familiar, pues todos sus allegados se graduaron del Colegio.

Asimismo, César Reyes Zamora, natural de La Habana y graduado de Ciencias Químicas, coincidió con el regocijo de sus pares, y añadió que los lazos de unión con el RUM siempre estarán vivos porque tuvo la oportunidad de practicar la docencia en el mismo hasta hace dos años.

“El contacto que he tenido con los estudiantes es algo que nunca voy a olvidar. Los recuerdos de compañerismo durante mis años de estudio, las experiencias en los laboratorios… en fin, son muchas cosas”, acotó.

Antes: reflexión y añoranza

Un mar de anécdotas y recuerdos inunda las mentes de estos padrinos, quienes a través del tiempo han estado comprometidos con la labor que realiza el Recinto ante el mundo y su calidad educativa, añadiendo que es gracias a esa aportación que el Colegio ha alcanzado los estándares de excelencia que lo distinguen frente a otras instituciones.

“Para ese tiempo no había beca y ponías en riesgo la economía de tu familia por cumplir el sueño de estudiar aquí, en el Colegio de Agricultura y Artes Mecánicas (CAAM), y lo que es este centro educativo se debe al esfuerzo que nosotros hicimos”, expresó un entusiasmado Ramírez.

“Recuerdo el proceso de matrícula, era difícil y costoso. Uno se matriculaba y sabía que no podía repetir el curso. Había que sudarlo todo… una vida difícil”, manifestó Turull, al tiempo que añadió que ese ímpetu es el que la distingue como colegial frente a la realidad de su época, en la que se adentró a una Universidad que en su mayoría albergaba a varones y pudo ser testigo de una transformación.

“Conmigo estudiaba Ingeniería solamente una mujer”, indicó Ramírez, mientras Reyes aseguró que “de un 97 a tres por ciento de hombres versus mujeres, ahora es al revés y las féminas han hecho una labor excelentísima”.

Entretanto, la memoria, como sede de los recuerdos, estimuló a este grupo de exalumnos para nunca alejarse de su querida Universidad y continuar el camino de la vida con una camisa de fuerza distintiva de la Institución del Oeste, el orgullo colegial.

Ahora: un RUM diferente

El Recinto creció y así mismo la percepción de unidad y cohesión se fue perdiendo. Al menos esa es la visión que los padrinos que compartieron su experiencia con Prensa RUM manifestaron.

El acceso a los profesores, las actividades que se realizaban, las experiencias que se vivían aún con las carencias, brindaron sustancia a las metas que se trazaron los colegiales de la década del 60.

“Con el cambio que vino desde la Administración en aquella época, el Recinto se abrió a un gran intercambio entre diferentes países. Venía lo mejor de América y esa grandeza no se hizo sola. Fuimos muchos los responsables”, aseguró Ramírez.

Por su parte, Reyes aprovechó para indicar que aún es necesario seguir con el proceso de transformación universitario, en el que se amplíe la flexibilidad desde la alta esfera hasta el eje motor del ambiente universitario, el estudiantado, y así conservar el valor de estudiar en “este centro tan prestigioso”.

“El Colegio somos todos, no es solo un grupo, y tenemos que regresar a ese modelo que nos formó, a esa fraternidad y ser ejemplo ante el mundo, ya que si la Universidad no lo hace, quién lo hará”, puntualizó el docente natural de Cuba.

Siempre: un llamado a la nueva cría

Teniendo en cuenta la experiencia que vivieron durante sus años de estudio, los padrinos aprovecharon para instar a los nuevos colegiales a seguir con sus metas establecidas y guiarse por la disciplina.

“No se queden, sigan hacia adelante; todos los conocimientos que tengan, pónganlos en práctica y sigan sus estudios”, dijo Turull.

A su vez, Ramírez  invitó a los estudiantes de sangre verde a divertirse, ya que “una vida colegial es una donde tiene que haber un balance. Además de estudio, el balance emocional es importante para disfrutar la experiencia”.

Mientras, Reyes, quien asegura la calidad de los estudiantes, concluyó que debe “seguir apoyándose ese talento con ojos puestos hacia el mundo, y así contribuir más de lo que hasta ahora han hecho”.


  • Desde la izquierda, César Reyes Zamora, Irma Turull Echevarría y Norman Ramírez, compartieron sus experiencias con PRENSA RUM.<br>Suministrada
  • El compañerismo y la cohesión entre hermanos colegiales era algo que, para aquel tiempo, se percibía en sobremanera.<br>Suministrada
  • César Reyes Zamora cursó su bachillerato y maestría en el Colegio, ambas preparaciones en el campo de la Química.<br>Suministrada
  • La infraestructura del RUM ha cambiado demasiado, según atestiguaran los padrinos de la clase del 62.<br>Suministrada
  • Norman Ramírez invitó a los colegiales a disfrutar de la experiencia educativa a plenitud.<br>Suministrada
  • La suma de anécdotas remontó a los padrinos a sus años de estudio.<br>Suministrada
  • Los egresados del 1962 apadrinaron la Clase de 2012, durante la Nonagésimo Octava Colación de Grados del RUM.<br>Carlos Díaz / Prensa RUM
Desde la izquierda, César Reyes Zamora, Irma Turull Echevarría y Norman Ramírez, compartieron sus experiencias con PRENSA RUM.<br>SuministradaEl compañerismo y la cohesión entre hermanos colegiales era algo que, para aquel tiempo, se percibía en sobremanera.<br>SuministradaCésar Reyes Zamora cursó su bachillerato y maestría en el Colegio, ambas preparaciones en el campo de la Química.<br>SuministradaLa infraestructura del RUM ha cambiado demasiado, según atestiguaran los padrinos de la clase del 62.<br>SuministradaNorman Ramírez invitó a los colegiales a disfrutar de la experiencia educativa a plenitud.<br>SuministradaLa suma de anécdotas remontó a los padrinos a sus años de estudio.<br>SuministradaLos egresados del 1962 apadrinaron la Clase de 2012, durante la Nonagésimo Octava Colación de Grados del RUM.<br>Carlos Díaz / Prensa RUM
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SOURCE: http://www.uprm.edu/portada/article.php?id=2247