Hacia
un modelo experiencial
para el estudio de los sistemas folclóricos de
ayuda
Núñez,
M. (1995 ). Revista Puertorriqueña de Psicología, 10, 247-265
En las últimas dos décadas algunos investigadores han utilizado métodos
experienciales con el fin de aumentar su entendimiento de los sistemas
tradicionales de ayuda (Jules-Rosette, 1975; Katz, 1982, 1993, 1997; Maquet,
1975; Peters, 1981; Turner, 1993). Peters (1981) en su estudio sobre el
chamanismo se adiestró con un sanador con el propósito de experimentar lo que
los participantes expresaban sentir. Katz
(1982) participó en el ritual de sanación de los Kung, mediante el cual
encontró que esta experiencia le proveía aprendizajes significativos sobre la
naturaleza de la sanación y motivaba a los sanadores a compartir
sus conocimientos. En un
estudio de rituales y símbolos en
las iglesias africanas, Jules-Rosette (1975) tuvo una experiencia religiosa que
la llevó a convertirse en miembro del culto, cambiando su rol de observadora partícipe a
"participante observadora."
De la misma manera, un número significativo de etnógrafos está
reconociendo el rol de la subjetividad y de la relación
participante-investigador como fuentes que aumentan el conocimiento y el
entendimiento (Briggs, 1970; Crapanzano, 1980; Dwyer, 1982; Rabinow, 1985).
Estos estudios sugieren la necesidad de considerar a los investigadores como
"sujetos posicionados" que han vivido unas experiencias particulares
que pueden tanto permitir como inhibir unos tipos específicos de aprendizaje (Rosaldo,
1983). Estoy convencido que una metodología experiencial es fundamental para el
entendimiento de los sistemas folclóricos de ayuda.
Por medio de este método es posible capturar la complejidad de estos
sistemas sin degradarlos, reducirlos o devaluarlos.
Para poder ilustrar y validar mis argumentos utilizaré mis experiencias
de investigación con el
espiritismo puertorriqueño , recalcando los
asuntos metodológicos relacionados a mi estudio (Núñez Molina, 1987; 1989).
Las raíces de un método
experiencial para estudiar el espiritismo: Una historia personal
Las investigaciones en las ciencias sociales han enfatizado el análisis
de los resultados sin suficiente descripción reflexiva sobre como el trasfondo
cultural y personal de los investigadores influye en la selección de los tópicos
de estudio, la metodología, la relación con los participantes y el proceso
investigativo en general ( Clifford, & Marcus, (1986); Lawless, Sullive and
Zamora, 1983; Nash & Winthrob, 1972; Polkinghorne, 1983; Slife &
Williams, 1995). La orientación
general entre los investigadores de las ciencias sociales es escribir sobre su
investigación como si no estuviesen presentes o envueltos en la actividad de
entrevistar, observar, e interaccionar con las personas estudiadas.
Usualmente los informes de investigación están totalmente dedicados a
examinar al Otro ("los sujetos') sin incluir una descripción del Yo (el
investigador) y cómo la interacción del Yo y el Otro afectan los resultados
del estudio (Dwyer, 1982).
Las experiencias personales y las reflexiones del investigador en torno
al proceso investigativo son comunmente
encontradas en lugares periferales de un trabajo, tales como los prefacios,
notas al calce, escritos finales, reconocimientos y apéndices.
Al hacer esto, los
investigadores están devaluando sus experiencias personales y
reflexiones con el propósito de presentar un análisis "objetivo"
de sus hallazgos.
¿Qué razones tienen los investigadores en las ciencias sociales para no
contar la "historia personal" que se desarrolla en el proceso de
llevar a cabo un estudio? Usualmente la historia personal no se considera significativa
debido a la creencia de que el rol del investigador es contar la historia de los
participantes y no la suya.
Sin embargo, la historia personal influye en la manera en que se
describen e interpretan las historias de los participantes.
Otra razón que tienen los investigadores para no compartir la historia
personal es que consideran que al hacerlo corren el
riesgo de exponer y revelar
su "subjetividad", facilitando el que la comunidad científica señale
las debilidades y limitaciones de sus trabajos.
Este dilema es explicado por Myerhoff y Ruby (1982):
Mientras más intenta el etnógrafo satisfacer la obligación científica
de reportar sobre métodos, más debe reconocer que su comportamiento y
personalidad son datos en el campo de investigación.
Las declaraciones sobre metodología
comienzan entonces a parecer personales, subjetivas, prejuiciadas
y culturalmente cargadas; en otras palabras, mientras más científico
trata de ser un antropólogo mediante la revelación de sus métodos, menos
científico parece ser (p. 26).
Otra razón para no contar la historia personal es que la mayoría del
tiempo los investigadores se guían en sus escritos por el modelo de la "buena
película de Hollywood." En la
comunidad científica hay una tendencia a describir solamente las historias
exitosas. Al finalizar el estudio,
los investigadores aparentan haber encontrado respuestas claras a las preguntas
que se habían hecho al principio. Aparentemente
ellos no cometen errores, ni se confunden durante el proceso de investigación. Similares a los protagonistas de una película, los
investigadores aparentan ser omnipotentes y
tener control absoluto sobre las actividades de investigación.
Si el investigador sigue el modelo de la "buena película" es poco
probable que decida contar
historias que no apoyen la imagen de invulnerabilidad.
Debido a que tengo una fuerte convicción sobre la importancia de las
historias personales en el entendimiento del proceso investigativo, tomaré el
riesgo de describir aquellas que surgieron en el proceso de estudiar el
espiritismo en Puerto Rico. Esta
historia personal está compuesta por prejuicios y presuposiciones relacionadas
a la investigación, momentos de vulnerabilidad en los cuales mi visión de
mundo fue transformada y los datos biográficos que influyeron en la investigación.
Considero que el escribir
sobre el proceso de investigación desde una perspectiva personal será de gran
ayuda para ilustrar los problemas metodológicos que confronté durante mi
estudio.
Estudiando el
espiritismo desde adentro: El investigador herido y el modelo experiencial
Nací en un sector rural de un pueblo pequeño de las montañas de Puerto
Rico dentro de una familia con
fuertes creencias espiritistas. Mi
visión de mundo y concepto de realidad han sido influenciados grandemente por
el hecho de ser un puertorriqueño socializado en parte dentro del sistema
espiritista. Debido a que desde joven participé
en diferentes actividades en los centros espiritistas de mi comunidad, he tenido
la oportunidad de conocer el espiritismo como participante y desde adentro.
Mi interés en el estudio del espiritismo tiene sus orígenes cuando a
penas tenía siete años. En este tiempo estaba sufriendo de una condición que me
impedía funcionar normalmente. Los
doctores le comentaron a mis padres que existían bases fisiológicas y que debía
ser operado lo antes posible.
Mis padres se encontraban desesperados y no sabían que hacer.
Un amigo les comentó acerca de un buen sanador espiritista que vivía
cerca de mi pueblo, y
mis padres decidieron llevarme donde el sanador.
Recuerdo que el sanador era un hombre de unos cincuenta y cinco años
llamado Gumersindo. Lo primero que el sanador hizo fue poner una taza de agua en
la mesa. Luego colocó sus manos
sobre mi cabeza y estómago, dándome unos "pases", o limpiezas
espirituales. Luego, tomó la taza
de agua y me dijo: "Bebe el
agua pensando en que vas a ser curado."
La tomé tal y como me había dicho, pensando que era la medicina que necesitaba para ser curado.
Lo último que recuerdo de esta experiencia es que mis padres le
preguntaron a Gumersindo ¿"cuánto le debemos?" y él respondió:
"Es gratis. El poder de sanación viene de Dios y los buenos espíritus.
No soy responsable por ese poder. Su
niño ha sido curado." Estaba
en lo correcto, pues a partir de ese momento mi problema de salud desapareció
completamente.
Esta experiencia de sanación me
motivó a estudiar las dimensiones terapeúticas del espiritismo y contribuyó
significativamente a la adopción de un modelo experiencial para el estudio de
este sistema de sanación. Es en ese sentido que me considero un "investigador
herido" ya que me intereso por
estudiar el espiritismo para lograr un entendimiento de mi experiencia de sanación.
El investigador herido reconoce que la vulnerabilidad es el rasgo más
importante en estudio de una experiencia.
Vulnerabilidad:
La base de un modelo experiencial
En este trabajo propongo un modelo que enfatiza la vulnerabilidad de los
investigadores con el objetivo de que puedan estar receptivos a la realidad de
los participantes. Cuando se acepta nuestra vulnerabilidad y se renuncia a la seguridad de nuestra visión de mundo ,
entonces estamos abiertos a ser transformados por una cultura mediante la
participación en su visión de mundo (Jackson, 1989; Katz, 1993; Young &
Goulet, 1994).
Las experiencias de vulnerabilidad aparentan ser intrínsecas a los
estudios de campo y tal vez a la investigación
en general. Katz
(1993) describió cómo pudo alcanzar un entendimiento más profundo sobre las
sanaciones de los Fiji mediante el cuestionamiento de su visión de mundo.
Nos relata una experiencia de vulnerabilidad cuando estaba entrevistando
a un sanador Fiji posesionado por un Vu (Dios Tradicional) y
describe lo confuso que le resultó el no saber como definir la situación. Decidió aceptar y reconocer esta experiencia, considerando
la idea de la realidad objetiva de los espíritus.
En relación a esto Katz (1993) nos dice:
Hubiese sido más cómodo y confortante concebir la posesión como un
mero acto dramático, reduciendo los niveles de realidad en la conversación.
Pero creyendo como un nativo de Fiji que el Vu
estaba allí, mientras que mi mente Occidental no
lo creía, me mantuvo en un estado intenso de transición existencial pero también
me mantuvo abierto al aprendizaje no esperado (p. 324).
Yo experimenté mi
vulnerabilidad durante mi investigación sobre el espiritismo (Núñez-Molina,
1987). A continuación presento una
descripción de una de mis experiencias de vulnerabilidad en una reunión
espiritista:
Doña Gela, una sanadora espiritista de Puerto Rico, es muy conocida en
su comunidad por sus inyecciones espirituales.
Hablé con varios clientes de Doña Gela, quienes aseguraron sentir como
si hubiesen sido inyectados con una aguja cuando ella les tocaba una parte del
cuerpo con su dedo. Mi reacción
inicial fue pensar que estas inyecciones espirituales eran producidas por
sugestión o por el uso de algún objeto.
Decidí observar a Doña Gela cuando se encontraba trabajando con los
clientes, para detectar si ella estaba cargando algo en sus manos.
Ella inyectó varias personas en mi presencia y nunca vi nada en sus
manos ni dedos. Un día, mientras
estaba haciendo observación partícipe en el centro de Doña Gela tuve una
experiencia que cambió mi percepción acerca de la realidad de las inyecciones
espirituales. Después de haber
trabajado con dos clientes, Doña Gela me miró y dijo:
"Te ves muy cansado. Estás
trabajando demasiado". Me pidió
que me parara al frente suyo y comenzó a darme masajes en la espalda y el estómago.
De repente sentí que había sido inyectado en el estómago con una aguja.
En ese momento traté de negar la experiencia, pensando que era mi
imaginación. Sin embargo, después
de unos segundos sentí otra inyección, pero esta vez la intensidad era mayor.
Mi mente me decía: "Tú eres el investigador, no es posible que te esté
sucediendo esto." Luego, Doña
Gela me tomó un brazo y presionó
suavemente en medio del mismo con uno de sus dedos.
En ese momento di un paso hacia atrás pues la sensación había sido
como si hubiese sido inyectado con
una aguja más grande. Fue
un poco doloroso. Le dije a Doña
Gela: "Estas inyecciones son
muy fuertes." Todas las
personas en el lugar comenzaron a reirse, y Doña Gela se sonrió mientras
continuaba con su masaje. Cuando
terminó miré mi estómago y mi brazo y
vi tres puntos rojos en los lugares en los que había sido inyectado.
Esta experiencia contribuyó directamente al
desarrollo de una mejor relación con Doña Gela y los demás participantes de
mi investigación. A través de
esta experiencia fui capaz de experimentar y entender su realidad.
Más importante aún, aprendí a respetar y valorar sus experiencias
mediante la aceptación de mi propia vulnerabilidad y renunciando a la seguridad
de mi visión de mundo.
La realidad de los espíritus
Generalmente los investigadores que
han estudiado los sitemas folclóricos de ayuda parten de la premisa explícita
o implícita de que los espíritus no tienen una realidad objetiva y proceden
desde allí para analizar sus datos (Murdock,
1980; Spiro, 1982). Uno de los
sanadores de mi estudio, no podía imaginar que alguien pudiese llevar a cabo
un estudio serio sobre el espiritismo con la creencia de que los espíritus
son producto de la imaginación del médium. Argumentaba que era imposible entender el proceso de
convertirse en un sanador si uno tiene esta presuposición desde el principio.
Considero que es más
apropiado examinar los sistemas
folclóricos de ayuda desde una perspectiva "emic", manteniéndome en
el nivel de la realidad construida por los participantes, sin tratar de hacer
interpretaciones más allá de los datos que se han recogido.
La meta no es examinar las experiencias mediante el uso de esquemas
prestados de las teorías psicológicas occidentales, sino examinarlas basándonos
en la visión de mundo del sanador. Debido
a que mi interés es el modo en el cual ellos experimentan la realidad, no
encuentro que sea de gran ayuda analizar a los espíritus como creación de sus
mentes, mucho menos comparar los conceptos espiritistas con conceptos psicológicos
de la sociedad occidental (Turner,
1993).
Shweder (1991) propone que empecemos con la asunción de que los espíritus
existen y pueden poseer a las personas. Similarmente Csordas (1985) expresó la
necesidad de incluir la realidad sagrada en el estudio de los sistemas
religiosos, preguntando "si las experiencias religiosas pueden ser legítimamente
traducidas a términos psiquátricos o si en algunos casos éstas deben ser
analizadas con respecto a la estructura de lo sagrado..." (p. 105). Este
dilema es crucial para un mejor entendimiento de las experiencias religiosas.
Hay una tendencia a traducir estas experiencias en términos psicológicos
con poca consideración de las dimensiones espirituales.
El modelo investigativo que estamos proponiendo
se basa en el paradigma de realidades alternas o múltiples (Bentov,
1977; Berger, 1977; Rogers, 1980). Este paradigma enfatiza que la realidad
ordinaria es una de un número de realidades y estados de conciencia y se
opone a la concepción de que sólo hay una realidad en la cual se debe
estar en contacto para ser considerado "normal" y "mentalmente
saludable." En el espiritismo
la salud mental se define como la capacidad de vivir en un mundo de realidades
alternas, controlando la posibilidad de conectarse con cada una de ellas
voluntariamente.
La realidad de los espíritus no es algo que pueda ser probado o negado.
Nunca seremos capaces de probar si los espíritus son objetivamente
reales o no. Sin embargo, desde una
perspectiva psicológica, los espíritus pueden ser conceptualizados como
verdades psíquicas. El hecho de
que las personas tengan experiencias con los espíritus es suficiente para
considerarlos fenomenológicamente reales.
Para los sanadores espiritistas, la dimensión
transpersonal o espiritual es una realidad que se descubre por medio de
la experiencia, no solo una simple creencia.
Para ellos los espíritus no son conceptos abstractos o símbolos para
explicar una realidad. Ellos pueden
ver los espíritus, escuchar sus voces y experimentar su realidad por medio de
la posesión espiritual.
El valor de la
subjetividad
Considero que es necesario redefinir los conceptos de objetividad y
subjetividad para llevar a cabo investigaciones que tengan el propósito de
describir y entender las experiencias de las personas.
En este nuevo paradigma de investigación la dicotomía entre la
subjetividad y la objetividad desaparece, llevando a un nuevo concepto de lo que
significa ser científico.
La objetividad no puede ser alcanzada a través de la eliminación de las
características personales del investigador sino a través de un entendimiento
claro de la influencia que las mismas ejercen
sobre la investigación (Reinharz, 1984). Como
escriben Beteille y Madan:
Tratar de eliminar el supuestamente distorcionado rol de la subjetividad
del observador,si es que esto es posible, podría llegar a destruir la más
preciada de nuestras herramientas-- el trabajador de campo (1975, p. 6).
Como investigador uno está siempre presente de alguna forma, no existe
tal cosa como un observador independiente. El conocimiento científico es
obtenido a través de un punto de vista o perspectiva particular sin la cual los
símbolos de la ciencia carecerían de significado. Como escribe Polanyi: "Existe
participación personal del conocedor en todos los actos del entendimiento pero
eso no convierte nuestro entendimiento en subjetivo...Este conocimiento es sin
lugar a dudas objetivo en el sentido de que establece contacto con una realidad
oculta..." (1958, pp. VII-VIII). Desde
esta perspectiva, los investigadores son más objetivos al reconocer su
subjetividad, no al negarla o reprimirla. Es esencial incluir nuestras
presunciones subjetivas como parte de la investigación ya que todo conocimiento
tiene sus raíces en la experiencia personal. Como consecuencia el conocimiento
se convierte en una fusión de subjetividad y objetividad, eliminando la dicotomía
que ha sido creada en las ciencias sociales.
Conclusión
El enfoque experiencial tiene varias ventajas. Puede ayudar a los
investigadores a obtener aprendizajes que otros han pasado por alto (Maruyama,
1981; Young & Goulet, 1994). Este modelo puede ofrecer alternativas para la
recolección, el análisis y la comprensión de los datos de una forma que sea
más consonante con la cultura que está siendo estudiada (Turner, 1993).
Además, el enfoque experiencial puede reducir el prejuicio que existe
contra la religión en el campo de la psicología. Desde la concepción
freudiana de las experiencias religiosas como signos de enfermedad mental, los
psicólogos se han resistido a examinar el potencial terapéutico de la religión
(Freud, 1928; Fromm, 1967).
El grado de conexión de los investigadores con sus participantes y el
entendimiento de una cultura dependerá en cierto grado de la aceptación de sus
propias experiencias de vulnerabilidad. Los momentos de vulnerabilidad pueden
convertirse en un recurso esencial para reducir la brecha experiencial y
epistemológica existente entre el investigador y los participantes. Una chamán
koreana, hablando acerca de ser sanadora y estar poseída, hizo el siguiente
comentario tratando de describir esta brecha:
Tú, a pesar de que dices que estas tratando de comprender cómo me
convertí en un mudang (shaman) y por lo que pasé, nunca podrás entenderme...
Ves, no puede haber verdadero entendimiento entre los poseídos y los no
poseídos... Los poseídos han
tenido experiencias que los no poseídos no pueden empezar a entender no importa
cuanto traten. Ellos no pueden
realmente entender tus sentimientos y experiencias internas (Harvey, 1979, p.
199).
A pesar de que no soy espiritista,
entiendo y respeto las realidades articuladas por los sanadores espirituales no
sólo debido a una actitud científica sino también porque algunas veces he
podido ser, en cierto grado, partícipe de esas realidades. También, he estado
envuelto en el proceso de convertirme en un sanador espiritual. Años atrás
cuando comenzé a visitar centros espiritistas como investigador no estaba
seguro de si debía seguir participando de esta manera en las reuniones
espiritistas. Temía que mi grado de participación fuese visto por otros
investigadores como señal de que estaba personalmente muy involucrado. Sentía
que me descalificarían como investigador argumentando que no poseía la "objetividad"
suficiente para estudiar el espiritismo.
Luego de un tiempo de reflexión, descubrí que mi enfoque experiencial
era tal vez mi contribución más
significativa como investigador. Sentí
que mis experiencias personales como investigador no son necesariamente un obstáculo
o una limitación sino una ventaja y un recurso para el entendimiento del
Espiritismo como sistema de sanación.