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Implicaciones
Las vidas de los sanadores tradicionales nos sugieren principios que no han sido considerados en las teorías de desarrollo humano. Las teorías de desarrollo humano no le han dado enfásis a la relación del individuo con su comunidad y por lo tanto son extremadamente individualistas. En el modelo espiritista el desarrollo del médium está intimamente ligado al desarrollo de la comunidad.
Las teorías de desarrollo han enfatizado los aspectos psicológicos y cognitivos y le han dado poca importancia a los aspectos espirituales o transpersonales. El desarrollo del médium integra la dimensión espiritual a la vida diaria sin separarla de la material. Es la dimensión espiritual la que le da significado a la vida del médium.
Las teorías de desarrollo han establecido etapas de crecimiento que se caracterizan por ser lineales , unidireccionales y jerárquicas. El modelo espiritista concibe el desarrollo como un proceso en donde las características más sobresalientes son las transiciones y la fluidez. El movimiento en el desarrollo del médium no es solamente hacia más conocimiento y más claridad sino también en algunas ocasiones hacia más confusión, pérdida de facultades, cambio de guías espirituales y mayor vulnerabilidad.
La noción de desarrollo sugerida en el modelo espiritista implica que es a través de la educación y la preparación del espíritu que podemos desarrollarnos en forma plena. Para los sanadores tradicionales educación y desarrollo son conceptos inseparables.
Habiendo examinado los principios contenidos en "desarrollo de facultades" nos preguntamos: ¿Qué podemos aprender de este modelo que nos ayude a preparar mejores profesionales de ayuda? Los principios antes mencionados pueden impartir una nueva perspectiva al adiestramiento de personas interesadas en convertirse en profesionales de ayuda. Consideramos que la actual educación que reciben los profesionales de ayuda carece de una orientación que facilite el desarrollo de destrezas de ayuda. Esta educación enfatiza la dimensión intelectual-cognoscitiva y se olvida del desarrollo espiritual y personal del profesional. Es una educación que recalca el aprendizaje de técnicas de ayuda y se olvida de lo esencial que es el desarrollo del carácter del individuo. Más aún, como producto de esta educación el profesional se convierte en un ser especial y se le separa de su comunidad. En la mayor parte de los casos la educación del profesional de ayuda carece de una orientación de servicio y lo que se enfatiza son los privilegios y distinciones de la profesión.
El desarrollo de facultades contiene unos principios generales que muy bien podrían servir de guía en la preparación de profesionales de ayuda. El currículo de los programas dirigidos a preparar profesionales de ayuda podría fortalecerse si se integraran estos principios en su orientación. Además de un currículo orientado hacia el adiestramiento en destrezas de ayuda es necesario uno orientado hacia el desarrollo del carácter y el cultivo de las facultades del espíritu.
El que varias investigaciones concluyan que los sanadores tradicionales son agentes efectivos de ayuda nos debe estimular a considerar con mayor seriedad el desarrollo de facultades como un modelo del cual podemos aprender para preparar más efectivamente a los profesionales de ayuda.
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