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Vulnerabilidad
En este trabajo propongo un modelo que enfatiza la vulnerabilidad de los investigadores con el objetivo de que puedan estar receptivos a la realidad de los participantes. Cuando se acepta nuestra vulnerabilidad y se renuncia a la seguridad de nuestra visión de mundo , entonces estamos abiertos a ser transformados por una cultura mediante la participación en su visión de mundo (Jackson, 1989; Katz, 1993; Young & Goulet, 1994).
Las experiencias de vulnerabilidad aparentan ser intrínsecas a los estudios de campo y tal vez a la investigación en general. Katz (1993) describió cómo pudo alcanzar un entendimiento más profundo sobre las sanaciones de los Fiji mediante el cuestionamiento de su visión de mundo. Nos relata una experiencia de vulnerabilidad cuando estaba entrevistando a un sanador Fiji poseído por un Vu (Dios Tradicional) y describe lo confuso que le resultó el no saber como definir la situación. Decidió aceptar y reconocer esta experiencia, considerando la idea de la realidad objetiva de los espíritus. En relación a esto Katz (1993) nos dice:
Hubiese sido más cómodo y confortante concebir la posesión como un mero acto dramático, reduciendo los niveles de realidad en la conversación. Pero creyendo como un nativo de Fiji que el Vu estaba allí, mientras que mi mente Occidental no lo creía, me mantuvo en un estado intenso de transición existencial pero también me mantuvo abierto al aprendizaje no esperado (p. 324).
Yo experimenté mi vulnerabilidad durante mi investigación sobre el espiritismo (Núñez-Molina, 1987). A continuación presento una descripción de una de mis experiencias de vulnerabilidad en una reunión espiritista:
Doña Gela, una sanadora espiritista de Puerto Rico, es muy conocida en su comunidad por sus inyecciones espirituales. Hablé con varios clientes de Doña Gela, quienes aseguraron sentir como si hubiesen sido inyectados con una aguja cuando ella les tocaba una parte del cuerpo con su dedo. Mi reacción inicial fue pensar que estas inyecciones espirituales eran producidas por sugestión o por el uso de algún objeto. Decidí observar a Doña Gela cuando se encontraba trabajando con los clientes, para detectar si ella estaba cargando algo en sus manos. Ella inyectó varias personas en mi presencia y nunca vi nada en sus manos ni dedos. Un día, mientras estaba haciendo observación partícipe en el centro de Doña Gela tuve una experiencia que cambió mi percepción acerca de la realidad de las inyecciones espirituales. Después de haber trabajado con dos clientes, Doña Gela me miró y dijo: "Te ves muy cansado. Estás trabajando demasiado". Me pidió que me parara al frente suyo y comenzó a darme masajes en la espalda y el estómago. De repente sentí que había sido inyectado en el estómago con una aguja. En ese momento traté de negar la experiencia, pensando que era mi imaginación. Sin embargo, después de unos segundos sentí otra inyección, pero esta vez la intensidad era mayor. Mi mente me decía: "Tú eres el investigador, no es posible que te esté sucediendo esto." Luego, Doña Gela me tomó un brazo y presionó suavemente en medio del mismo con uno de sus dedos. En ese momento di un paso hacia atrás pues la sensación había sido como si hubiese sido inyectado con una aguja más grande. Fue un poco doloroso. Le dije a Doña Gela: "Estas inyecciones son muy fuertes." Todas las personas en el lugar comenzaron a reirse, y Doña Gela se sonrió mientras continuaba con su masaje. Cuando terminó miré mi estómago y mi brazo y vi tres puntos rojos en los lugares en los que había sido inyectado.
Esta experiencia contribuyó directamente al desarrollo de una mejor relación con Doña Gela y los demás participantes de mi investigación. A través de esta experiencia fui capaz de experimentar y entender su realidad. Más importante aún, aprendí a respetar y valorar sus experiencias mediante la aceptación de mi propia vulnerabilidad y renunciando a la seguridad de mi visión de mundo.
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