Yasmín Hernández
Rematriando Borikén:
Reclamando nuestra narrativa y la memoria archipelágicaTinta regada
12 – octubre de 2026
…Regresamos al lugar que nos dicen es inhabitable. Al lugar de les ancestres que nos dicen se extinguieron como los dinosaurios. Como si fuese una opción. Se aseguraron de omitir la parte de la esclavitud, la matanza y el genocidio de nuestros libros. Pero las almas decimadas nos llaman a regresar. (extracto, Manifiesto Rematriando Borikén).
***Por décadas la única narrativa discutida, investigada y publicada, ha sido la de la partida, pero existe otra narrativa. Todos llevamos verdades ancestrales en nuestros huesos. Algunas veces esas memorias se despiertan, se revuelcan hasta anclarse en nuestra consciencia. Se manifiesta de varias maneras. Es de ahí que nace un impulso a reconectar y proteger la esencia ancestral de estas islas. Para les que tuvieron que irse, de ahí les nace el impulso a regresar. Ese proceso también lleva a otras personas a llegar a vivir en sus tierras ancestrales por primera vez. Yo pertenezco a este último grupo. Después de dedicar dos décadas de mi practica creativa, mi trabajo y activismo a estas islas, fui llamada a descruzar la migración de mi padre, mi madre. Elevando esta narrativa suprimida, empecé a documentar mi propio peregrinaje por el archipiélago, entrevistar a otras personas y tener conversaciones en colectivo sobre este proceso. Rescatando y reclamando la memoria y nuestra historia, las investigo, las pinto, las escribo, las documento. Rematriating Borikén (Rematriando Borikén), más allá de un testimonio personal, se expandió en un proyecto multidisciplinario visibilizando esta práctica de reconectar a nuestro archipiélago. También afirma que, más allá de custodiar/migrar/retornar, Rematriar es una práctica decolonial.
Mi camino comenzó en Brooklyn, mi primera república fuera del vientre. Muchos quizás me llamarían Nuyorican, pero utilizo ese término para referirme a los atesorados movimientos poéticos y artísticos que llevan ese nombre. Soy pintora, escritora, poeta, activista inspirada y formada por todos los invaluables movimientos Nuyorican. Me identifico con Nueva York, pero más con Brooklyn y más todavía con este archipiélago. Si tuvieran que llamarme algo, que sea Boricua, o Boricua nacida y criada en Brooklyn.
Por lo más que Brooklyn ofrecía, conectándome al mundo completo, el vacío que llevaba por dentro debido a la distancia de mi archipiélago ancestral me llevó a huirme del Nueva York que tantos luchan para alcanzar. Llegamos en 2014, mi esposo y yo y nuestros dos hijitos, buscando una escuela donde el mayor podría empezar en Kinder. No llegamos al Ponce de mis padres. No llegamos al área metro donde centralizan las oportunidades para las artes. No llegamos a una casa propia, ni a una herencia, ni a familia cercana, ni comunidad. Ni trabajo teníamos. Todo eso había que construirlo desde cero. Cuando recibes un llamado ancestral, lo del mundo material no aplica: ¡es llegar y ya!
Llegar, aunque no fue fácil comenzar de nuevo, fue cerrar ese abismo que se extiende a veces entre uno y sus tierras ancestrales. Yo vivía siempre con la esencia de estas islas viva en mis células. La memoria ancestral me sostuvo durante mi niñez y mi juventud en Brooklyn. Mi conexión espiritual a la tierra, a la naturaleza, perduraba aun tras el concreto y el acero. Mi padre pescaba en las aguas que rodeaban a esas islas neoyorquinas. Junto a sus islotes y humedales sirven de otro tipo de archipiélago sagrado para sus pueblos originales y les desplazados. Mi madre limpiaba los pescados en la orilla del mar, echando las tripas al agua para atraer más pesca como mi bisabuelo lo hacía en su lanchita que salía del muelle de la Playa de Ponce. Papi pescaba con hilo envuelto en los cuellos marrones de botellas de cerveza y en jaulas cogía cocolías para cocinar en salsa.
Mi madre pintaba escenas tropicales en las paredes de nuestro apartamento y mi hermano, además de muros y trenes, tagueaba sus paredes y su furnitura como grafitero. Naturalmente, mi herramienta escogida también fue el arte. Aunque hablo de Brooklyn con amor y orgullo, no fue nada fácil vivir en esos momentos. Más difícil fue para mi hermano como muchacho visiblemente negro dentro del caos de la violencia racial en esos tiempos. El arte, nuestra cultura y el espiritismo de mi familia materna, me sirvieron de manta protectora.
Nuestras historias son largas trenzas entrelazando espiritualidades, herencias, lenguas. El apellido Quirindongo de mi madre llegó a Peñuelas desde Curazao en los 1780 y pico. Su linaje maternal llegó a esta isla de San Tomas y desciende no de una mujer indígena pero una mujer africana. Se dice que la indígena fue la madre de mi padre. Nacida en Juana Diaz, vivió un tiempo en el Barrio Tibes de Ponce. Los seres humanos llevamos toda la historia migrando, de continente a continente, de isla a isla. Conocemos las circunstancias que nos llevan a salir en busca de mejores condiciones. Conocemos las olas migratorias que llevaron a miles de boricuas a salir del archipiélago, pero se dice muy poco de las razones que nos traen de regreso. Yo lloraba cada vez que me tocaba regresar a Nueva York después de visitar. Sentía como si cantos de mi propia carne se arrancaban violentamente cada vez que partía del archipiélago. Las muchas visitas que hacía intentando rellenar esos huecos ya me señalaban que la partida dejó de ser opción.
Fondos negros: Bieké y la Bioluminiscencia
A llegar a vivir en Borikén decía siempre que había llegado a la matriz, “the womb.” Pero si Borikén era la matriz, Vieques fue el cérvix. Llegué a Vieques en 2006 para investigar hacia un proyecto artístico. Antes de ese viaje, alguien me sugirió que visitara la bahía bioluminiscente. Le dije, Gracias, pero no. Iba para hacer unas entrevistas. Iba en solidaridad y para trabajar, no para turistear.
El primer día unas personas insistieron hacerse cargo de mí, no queriendo que yo viajara sola. No fue mi plan, pero a las diez de la noche nos encontramos mirando las estrellas en la Playa Esperanza. De ahí nos recogieron y casi llegando a medianoche, me encontré “rodando en un azul” como describe Julia de Burgos. No fue cualquier azul, pero un azul luminoso, resplandeciente. Flotando en esas aguas, dinoflagelados como perlas iluminadas decorando mi cabello, esa noche aprendí a crear luz. Aprendí que el negro es el fondo original: de las aguas, los cielos nocturnos, del cosmos, el vientre y el abismo. De ese fondo negro nace la luz.
Llegué con un plan, pero Bieké tenía otro. Entre 2006 y 2013 hice siete viajes de investigación a Vieques. Entre ellos en 2009 estrenó mi proyecto Bieké: Tierra de Valientes, una serie de 30 retratos e instalaciones en el Museo Fuerte Conde de Mirasol. Allí monté mis primeras pinturas sobre fondos oscuros, explorando el fenómeno de la bioluminiscencia para pintar ancestres de la lucha en Vieques. Ya para el último viaje en 2013 la isla me habló. Despidiéndome de Bieké ese último día, me reclamó lo que ya sabía. No me quería ir. Ya era demasiado difícil para mí y la Isla Nena no tenía intenciones de permitirlo. Pues hice un pacto con ella subiendo la costa de la Playa Sombé. “Si me permites esta partida, prometo regresar a este archipiélago con un pasaje de ida na’más.”
Mi Llegada a la Matriz
I prepared to step off the plane reborn. Instead, I died, re-implanted in the womb of wombs, my ancestral womb, the goddess land of Borikén. Land where my ancestors of spirit, of blood, had been born, had suffered, struggled, loved, triumphed. Land where my ancestors had died and revived, as would I.
Exactamente un año después de ese pacto, llegamos con cuatro pasajes de “ida na’más.” Como la vida tiene sus ironías, el viento nos trajo al noroeste de Isla Grande, esquina más lejana de Vieques, pero Isla Nena nos abrió la puerta. Llegar es pasar por varias iniciaciones intensas. Hay que ser valiente para vivir en estas islas y ellas se aseguran del adiestramiento. Requiere soltar el lente y las costumbres que absorbiste del imperio. Doce años después seguimos en el archipiélago. El bebecito que comenzaba en Kinder ya está en su último año de la escuela superior.
En 2016, queriendo documentar y compartir mis crónicas del proceso, estrené un blog. Ahí posteaba mis experiencias, mis reflexiones. En 2018, se revela el término “Rematriar” como la respuesta. Había llegado a la matriz compuesta por estas islas y las aguas que las rodean, sus aguas amnióticas como la fuente. Inspirada por las mujeres valientes de Vieques, la mayoría forzadas a parir en Isla Grande, durante mis últimos años en Nueva York me rebelé. Di a luz a mis dos hijos en casa con una partera. Mi madre y mi tía me decían que por ser primeriza tenía que parir en un hospital. Lo que no me dijeron es que su linaje, devotas a la Virgen del Carmen de comunidades costureras desde Arroyo a la Playa de Ponce, incluía varias parteras. Hay secretos que la familia guardan, pero se preservan renaciendo en nuestros huesos y nuestra conciencia las reclama. Sin saberlo al momento, parí en la tradición de mis abuelas. Llegar a la matriz, rematriar, reclamar lo matriarcal, fue la base de mi camino espiritual.
Survivors of genocide, we swam through fallopian tubes not yet tied, but soon to be cut. We set out with babies in tow in search of the violated womb because if we return to her, we can wage reciprocal healing. We wade, swim, swallow saltwater whose currents still mark the road maps of our ancestors taken, our ancestors fleeing.
We flee.
(excerpt, The Rematriating Borikén Manifesto)
En 2019, cumpliendo cinco años en Borikén, recibí otro llamado, esta vez de la Trinchera de Puerto Rico. Llevaba desde 2006 explorando la bioluminiscencia de nuestras bahías en mi estética como pintora. Algo más profundo, más oscuro y misterioso me invitaba a conocerlo. Para conmemorar ese aniversario, pinté mi primer retrato inspirado en la trinchera y escribí un manifiesto inspirado en el retorno a este archipiélago y la estética inspirada en las profundidades de la Trinchera de Puerto Rico.
Rematriar como Práctica Decolonial
La Rematriación es un término elevado por mujeres indígenas de la Isla Tortuga (terrenos continentales hoy día ocupados por Estados Unidos y Canadá). Se refiere al proceso de restaurar lo sagrado a la tierra y volver a vivir en armonía y reciprocidad con la naturaleza. Con “matriz” como su lexema, es una invitación a visionar y encarnar lo matriarcal. Contemplarla desde el archipiélago de Borikén nos invita a recapturar nuestra esencia como islas y vivir alineadas a ellas y las aguas. Viviendo en armonía con nuestro entorno, nuestros recursos naturales, nuestro pueblo y la humanidad colectiva, reclamamos nuestro derecho a la soberanía y construimos la matria liberada.
En 2022, abrí CucubaNación, mi estudio de arte en el casco urbano de Mayagüez. Dedicado a las lecciones libertarias y lumínicas de la bioluminiscencia de este archipiélago, ha servido también de espacio comunitario para charlas, talleres y clases de arte. Es aquí donde se hacen las entrevistas y la serie Trinchera de Ideas: Conversaciones sobre la Rematriación. A través del proyecto aprendí que la rematriación es alinearse a los saberes ancestrales y las prácticas indígenas de estas islas y nuestres ancestres de África. Debemos readoptar una identidad archipelágica enraizada en lo expansivo que somos, así como otras naciones compuestas de islas. Rematriar es apoyar y realizar nuestra soberanía espiritual, cultural y política, más trabajar hacia la liberación colectiva de todos pueblos oprimidos.
Rematriar no es solo romantizar la tierra, la siembra. No es solo un escape para aquelles huyéndose de las ciudades de las entrañas del imperio. La necesidad de rematriar es consecuencia de la conquista, el colonialismo y el desplazamiento. Esto lo marca como un proceso netamente político, queriendo o no queriendo. Políticamente tenemos que considerar las condiciones más amplias, históricas, cómo fuimos desconectados, desposeídos en nuestras propias tierras ancestrales y cómo sigue el colonialismo. Va mucho más allá de asuntos gubernamentales, pero un gobierno debe reconocer su propio pueblo como mayor recurso. Se urge considerar la retención de nuestra población en el archipiélago, cuestionar y resolver el sin número de razones por lo cual tantos se van. Debe incentivar el justo retorno de aquelles forzados a salir y sus descendientes. Si dicen haber cerrado cienes de escuelas por la supuesta falta de matrícula, y tener toneladas de propiedades abandonadas, ¿por qué no ofrecer oportunidades para el regreso de su propia gente? Hay que hacer hincapié en otro detalle de suma importancia. Mientras países en África como Ghana ofrecen incentivos a su diáspora, permitiéndoles llegar, establecerse y solicitar para la ciudadanía, Puerto Rico, como colonia, no ofrecer tales incentivos. Es una oferta simbólica y poderosa por parte de Ghana considerando que los horrores de la esclavitud desplazaron millones, la mayoría que ni siquiera conocen su verdadera tierra natal por estas mismas razones. Además, son tierras divididas por fronteras mayormente dibujadas por los colonizadores. Aun así, abrir las puertas a la gente secuestrada, desplazada y sus descendientes es un acto digno que conduce hacia la sanación y la liberación. Mientras tanto, el gobierno colonial de Puerto Rico abandona su propio pueblo, intenta cancelar certificaciones de ciudadanía (en teoría) e incentivan inversionistas de afuera. Venden nuestras costas y aplastan nuestros mogotes con sus acuíferos que se supone sean protegidos por leyes coloniales. Luego dicen que tenemos una crisis de agua.
¿Por qué no tenemos un movimiento colectivo de retorno? ¿Por qué no existen iniciativas hacia la retención de nuestra población en el archipiélago? ¿Por qué en vez de perpetuar el mito de la “islita” no promovemos colectivamente una conciencia archipelágica expansiva? Hasta el momento, el único acto de retorno colectivo que hemos conocido es cuando nuestros exprisioneros y exprisioneras políticas tomaron la decisión de regresar al archipiélago. Así fue cuando once fueron excarcelados en el 1999 y siguió con los que salieron individualmente después.
Rematriando Borikén busca visibilizar el retorno a lo nuestro y expandir el esfuerzo colectivo de reclamar la esencia natural/ ancestral de nuestro archipiélago. Ese esfuerzo vive en los montes, los campos y los barrios, vive en cada regreso. Empecé a Rematriating Borikén como proyecto para documentar mi experiencia y conocer a otras personas nacidas y/o criadas fuera del archipiélago, llegando a vivir y reconectar. El proyecto ha expandido, aprendiendo y difundiendo que: 1. La Rematriación no es solo una conversación de la diáspora. 2. Tiene como base les custodies que llevan su vida completa viviendo en armonía y reciprocidad con este archipiélago. 3. También incluye personas forzadas a irse pero que están de regreso 4. Reconoce las circunstancias coloniales que nos llevan a vivir en otros lugares y que la rematriación como práctica puede existir en otras formas desde el exilio.
Retratos desde la trinchera
Emerging from the trenches, we rise from the abyss. The Atlantic blue spreads shallow, turns tropical turquoise in the 75 miles left to the shores of her green light. We arrive with the stench of seaweed still stuck to our skin. Scales and gills still in place. We, another interocean, cosmic, marine species of colonial refugees emerge like mermaids from the sea. The waters part, paths clear. Still dripping saltwater, the children of el charco line up to reenter her womb. (-The Rematriating Borikén Manifesto)
Como pintora, retratista mayormente, mi misión es combatir la invisibilidad y oscuridad impuesta por el colonialismo sobre nuestro pueblo. Hacia este propósito utilizo las estéticas de la bioluminiscencia Boricua, estética de acá que nos enseña como brillar tras la oscuridad. Concebido en la bahía bioluminiscente de Vieques y nacido de las luciérnagas y cucubanos iluminando las noches oscuras tras el fenómeno gemelo de Ir/Ma/ría, salió CucubaNación. CucubaNación como concepto/filosofía/espacio para investigar, navegar, reflexionar, intercambiar y, sobre todo, crear y profesar nuestra presencia y visibilidad. Partiendo de estos conceptos y regresando a la invitación ancestral a conocer la Trinchera de Puerto Rico, desarrollé la serie Retratos desde la Trinchera. Pintando diferentes personas en su camino de rematriación, los retratos las captura junto a citas caligráficas de sus entrevistas, tal como lo hice en la serie Bieke: Tierra de Valientes. Retratos desde la Trinchera, se inspira en pinturas de mi niñez en Brooklyn durante los años 80. Esas expresiones de “Black Power” pintadas sobre terciopelo negro brillaban en colores neón bajo luz negra. Utilizando la misma tela como fondo, esta serie visiona a Boricuas bioluminiscentes subiendo de las trincheras a reclamar la visibilidad y lo que el colonialismo nos robó. Cada retrato incluye una criatura del abismo que además de la bioluminiscencia también representa la sostenibilidad, la simbiosis y la interdependencia. La serie fue creada con el apoyo del Fondo NALAC para las Artes. El proyecto Rematriating Borikén también cuenta con su sitio web, rematriatingboriken.com y un podcast. Entrevistar/escuchar/conversar/intercambiar/crear/documentar como boricuas luminiscentes ayuda a profundizar, y poner en práctica, todo el aprendizaje que recibimos de este archipiélago.






