primer semestre de 2025-2026
Teagle Foundation, STEM to STEAM, 2025: “A Face of Stone” por William Carlos Williams
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En “A Face of Stone”, William Carlos Williams examina la tensión entre la autoridad médica y la autonomía del paciente, revelando cómo la práctica de la medicina puede reflejar las jerarquías sociales más amplias. Como escritor y médico, Williams redactó desde un punto de vista dual, comprendiendo la distancia emocional que surge cuando la autoridad científica sustituye a la empatía. Lo que comienza como una simple consulta médica termina convirtiéndose en una crítica sobre cómo el conocimiento puede usarse para dominar en lugar de sanar. Desde el primer párrafo, el narrador, quien también es el médico, muestra un profundo prejuicio hacia la pareja de inmigrantes que visita su consultorio. Se burla de su apariencia, su olor y su forma de hablar, tratándolos como inferiores. A través de este tono, Williams demuestra cómo la autoridad médica suele reflejar las desigualdades sociales. La educación y la posición del doctor le otorgan un sentido de superioridad que va más allá de lo profesional: asume una dominancia moral e intelectual. En sus manos, la ciencia se convierte en un instrumento de poder, y los pacientes, en objetos de observación; no como seres humanos que necesitan cuidado.
La mujer, descrita con una “cara de piedra”, desafía ese desequilibrio. Aunque apenas habla, su silencio se convierte en una forma de resistencia. Cuando se niega a soltar a su bebé, afirma su autonomía de la única manera que puede: aferrándose. Para el médico, este gesto parece ignorancia; para el lector, es valentía. Williams transforma su silencio en un símbolo de dignidad y perseverancia. Su desconfianza no proviene de la torpeza, sino de la necesidad de protegerse, de resistir el juicio constante. A través de ella, el cuento muestra que la autonomía del paciente no siempre se expresa con palabras, también puede manifestarse mediante la actitud, el desacuerdo y la firmeza. A medida que la historia avanza, la autoridad del médico comienza a debilitarse. Se muestra frustrado, cansado y, por momentos, reflexivo. Cuando finalmente examina a la mujer y percibe en su cuerpo las huellas de una vida dura y empobrecida, empieza a sentir compasión. Por primera vez, la ve como una persona, no solo como un caso clínico. Este instante de empatía representa un cambio: el médico redescubre la humanidad detrás de la ciencia, y su poder se vuelve menos absoluto.
En la escena final, la mujer sonríe, y ese gesto sutil tiene un enorme significado. No es una sonrisa de sumisión, sino de conexión. Esa breve mirada compartida rompe la distancia entre ambos, sugiriendo que la verdadera medicina nace de la comprensión y no de la autoridad. En última instancia, “A Face of Stone” demuestra que la autoridad científica, cuando se ejerce sin empatía, puede arrebatar la autonomía del paciente. Sin embargo, Williams también muestra que, incluso dentro de estructuras desiguales, la humanidad puede abrirse paso. La verdadera curación, sugiere, comienza en el momento en que el poder cede espacio a la compasión.
En A Face of Stone, la historia familiar de Williams, sobre todo su herencia judía, ayuda a explicar la tensión entre ser compasivo y actuar rápidamente en la medicina. Su abuelo, Soloman Hoheb, era parte de la comunidad cripto-judía de Mayagüez, donde practicar el judaísmo era ilegal. Esto significa que tenía que vivir con precaución, ocultar su fe y tomar decisiones importantes bajo presión constante. Esta experiencia de vida bajo vigilancia y riesgo es similar a la que enfrentan los médicos hoy en día: tienen que tomar decisiones rápidas en situaciones críticas, pero al mismo tiempo deben preocuparse por la dignidad y el bienestar de sus pacientes.
La historia de los antepasados de Williams también muestra la importancia de la ética y la responsabilidad. Así como su familia tuvo que equilibrar la seguridad con sus valores, los médicos deben equilibrar la rapidez con la compasión. No basta con actuar rápido; cada paciente es un ser humano con emociones, miedos y derechos. La herencia cultural de Williams resalta que la compasión no es opcional, sino un aspecto esencial del cuidado, incluso cuando hay presión.
Además, esta herencia judía da un sentido de memoria histórica y respeto por la humanidad de los demás. Los cripto-judíos de Puerto Rico mantuvieron sus tradiciones y su identidad a pesar de vivir bajo miedo y represión. De manera similar, los médicos deben mantener su humanidad y su ética incluso cuando la situación exige decisiones rápidas. La historia de Williams nos recuerda que la vida de otra persona depende de cómo se equilibran estas fuerzas: la urgencia y la empatía.
Por último, esta conexión entre su historia familiar y la medicina moderna hace que A Face of Stone sea más significativa. Nos muestra que los problemas éticos no son solo teoría: son reales, se sienten y afectan a la gente directamente. La herencia judía de Williams nos permite ver que la compasión bajo presión es un desafío antiguo, y que aprender de la historia puede ayudarnos a tomar mejores decisiones en el presente.
En conclusión, la historia familiar de Williams ayuda a entender la tensión entre compasión y prisa en la medicina. Su linaje judío, con experiencias de supervivencia, ética y cuidado, refleja cómo la historia y la cultura influyen en nuestra forma de actuar con otros. Esta perspectiva hace que la historia sea más profunda y nos recuerda que incluso bajo presión, la humanidad y la compasión nunca deben perderse.
Si es una costumbre colocarse piedrecitas encima de lápidas judías (conocidas como “Piedras de la Visitación”), ¿qué papel juega este símbolo en las complejidades morales (y el título) de la historia?
En la tradición judía, cuando alguien visita una tumba no lleva flores, sino que deja piedrecitas. La razón es sencilla: las flores se marchitan rápido, pero las piedras duran. Son un símbolo de permanencia, de memoria y de respeto. Williams, en su cuento A Face of Stone, usa esa misma idea de la piedra para hablar de algo más humano: la resistencia y la fuerza de la madre frente al médico.
La “cara de piedra” que el doctor describe en la mujer no significa que ella sea fría, ni que no le importe lo que pasa. Al contrario, es todo lo opuesto. Esa firmeza es su manera de proteger a su bebé y de no dejar que la autoridad del médico borre sus miedos o su intuición. Para el doctor, acostumbrado a tener la razón y que le hagan caso, esa actitud parece un problema. Pero para ella no, es más bien es dignidad y defensa.
Aquí entra lo interesante: la familia de Williams tenía raíces judías escondidas. Su abuelo Solomon Hoheb formaba parte de la comunidad criptojudía de Mayagüez, gente que se veía obligada a aparentar ser católica en público, mientras guardaban su fe en secreto (UPRM, 2024). Esa historia de vivir en silencio, de proteger lo propio aunque el mundo lo prohibiera, conecta con la actitud de la madre en el cuento. Ella cumple lo mínimo de lo que el médico pide, pero no entrega del todo su confianza ni su poder como madre. Ella sigue su instinto por encima del médico, así como seguían su creencia por encima de lo que la humanidad esperaba o exigía.
El símbolo de la piedra aquí funciona de dos formas distintas. Para el médico, representa un obstáculo, algo que frena y hasta cuestiona su trabajo. Para la madre, por su parte, es todo lo contrario: es la forma de mantenerse firme, de decir “yo también tengo voz en lo que pasa con mi hijo”. Situación que si traes al mundo contemporáneo pasa demasiado, ya que la nueva generación de madres jóvenes es una que se educa, sigue su instinto y lucha contra viento y marea por el bien de los hijos. Continuando, en ese choque se ve la tensión moral del cuento: “¿Hasta qué punto puede decidir la ciencia, y en qué momento debemos escuchar la voz y la vivencia de quien sufre o de quien cuida con amor?“
Lo más poderoso de esto es que nos recuerda algo demasiado importante: la medicina no es solo ciencia, también es humanidad. No basta con tener el conocimiento, hay que saber escuchar. Porque a veces, los pacientes o sus familias no dicen mucho… pero sus gestos, sus silencios, incluso una mirada profunda o una “cara de piedra”, dicen más que mil palabras. Son como una piedrecita en una tumba, algo discreta, callada… pero cargada de amor, de duelo, de historia. De miles de emociones y pensamientos que pasan mientras los familiares hacen silencios… Entender el lenguaje corporal es igual o más importante que entender la ciencia.
En conclusión, Williams muestra que la dureza de la madre no es un defecto, sino un recordatorio de que la vida y el cuidado no se pueden reducir a órdenes médicas. Es en definitiva una posición de carácter y valentía. La piedra del título es memoria, resistencia y dignidad. Nos recuerda que detrás de cada paciente hay alguien que merece ser respetado, aunque su resistencia incomode o retrase el proceso. No debemos dejar de ser humanos cuando somos profesionales. Ahí está la oportunidad que el médico debe trabajar…
La obra “A Face of Stone” dramatiza una tensión importante en la práctica médica, el conflicto constante entre la compasión que requiere tomarse el tiempo con los pacientes y la prisa que viene con el trabajo, los horarios y el cansancio. En el caso de Williams, esta tensión se comprende mejor si se mira su historia familiar judía. Su abuelo Soloman Hoheb, era parte de los cripto-judíos de Mayagüez quienes eran personas que tenían que esconder su fe. Ese pasado de persecución y de vida oculta puede haber hecho que Williams sintiera más comprensión por el sufrimiento escondido en los demás y viviendo la presión de ser un médico que debía ser rápido y eficiente. Esa mezcla entre las dos cosas marca toda la historia. Desde el principio el doctor muestra impaciencia, antes de examinar al bebé ya juzga a los padres por su apariencia y forma de hablar. Dice comentarios como que personas así pertenecen a clínicas o que tiene que ir a su casa a almorzar. Su prisa es más por prejuicio que por falta de tiempo. En vez de personas, ve estereotipos y cuando decide no salir una noche fría para atenderlos, se ve hasta dónde llega ese límite de compasión.
Poco a poco el cuento cambia, cuando se empieza a ver la historia real de la pareja, la mujer con problemas físicos por la pobreza y hambre que vivió de niña en la guerra, en Polonia, donde perdió a toda su familia. El esposo se preocupa por ella y la ama aunque se ve molesto. Cuando el doctor ve esto, dice que se sintió tocado y algo dentro de él cambia, logra verlos como personas con dolor, historia y miedo, los empieza a ayudar de verdad. Es ahí donde entra su historia familiar, los judíos de Mayagüez, como su abuelo, vivían entre lo público y lo escondido. Williams enseña esa misma idea en el cuento, lo que se ve como la ropa y el aspecto y lo que no se ve como el amor o la pérdida. El médico también vive esa lucha entre lo profesional que lo obliga a seguir las reglas y tiempo, y su lado humano que no lo deja pararse y escuchar. Uno de los momentos más memorables del cuento es cuando la mujer sonríe por primera vez al ver las pastillas, significaba mucho ya que representa el instante en que el doctor deja a un lado la prisa y prejuicios y conecta con su compasión. Por lo tanto, las raíces judías del médico no solo influyen en su actitud inicial de prisa, rechazo y hostilidad, sino que también ayudan a comprender como logra cambiar esa actitud hacia la compasión y el trato a pacientes. Este conflicto refleja una lucha interna entre su identidad profesional y su cultura al verse con personas que le recuerdan a la misma y a la historia de sus antepasados que se escondían para sobrevivir. Esto puede verse como un proceso de descubrimiento donde se da cuenta y recupera su humanidad, sirviendo con empatía y respeto.
En A Face of Stone, el narrador—médico y máscara literaria de William Carlos Williams—oscila entre un desprecio precipitado y ráfagas de compasión práctica. Esa ambivalencia moral puede leerse no solo como un retrato del cansancio profesional, sino también como la resonancia de una biografía atravesada por identidades dobles y memorias de clandestinidad: el linaje criptojudío en Mayagüez que usted menciona sitúa a Williams en una tradición donde la pertenencia se negocia entre lo visible y lo oculto. Esa historia familiar provee una clave para entender por qué, en el cuento, la prisa del médico convive con una sensibilidad que, aunque tardía, quiebra la dureza de su juicio.
Primero, la lógica de la clandestinidad—practicar una fe en privado y otra en público—instala una conciencia de máscaras. En el relato, las “caras” son centrales: el marido “fresh Jewish type” y, sobre todo, la esposa con su “face of stone”. El médico lee esas caras de forma inmediata y prejuiciada, como si lo visible agotara lo verdadero. Sin embargo, la narrativa lo obliga a atravesar la máscara: la mujer no es “estupidez” ni “suciedad” esencial, sino trauma histórico encarnado (rickets, venas varicosas), migración, duelo y maternidad ansiosa. La biografía de Williams—descendiente de una comunidad obligada a encubrir su identidad—puede haber aguzado su interés por esa fricción entre apariencia y realidad: la cara de piedra no niega la humanidad; la resguarda. La compasión del médico surge exactamente cuando logra mirar “a través” de la máscara, del mismo modo que una cultura cripto enseña a leer signos no declarados.
Segundo, esa herencia también ilumina la tensión entre tiempo y cuidado. La experiencia histórica de persecución imprime urgencia: sobrevivir requiere decisiones rápidas y economías severas. En la consulta, el médico repite “I got to go” y rechaza visitas en la noche helada; su ética profesional está asediada por la escasez (de dinero, de horas, de paciencia). Pero cuando emerge la historia de la mujer—guerra, hambre, pérdidas—la temporalidad cambia: el examen se prolonga, se observa con detalle la curvatura de las piernas, se recomiendan zapatos, vendas, y finalmente se ofrecen pastillas no como atajo, sino como gesto de alivio situado. Es decir, la prisa funcional da paso a una compasión informada por memoria: comprender contexto transforma el tempo del cuidado. En clave biográfica, un descendiente de una minoría históricamente marginal puede intuir—aunque sea de modo conflictivo—que el tiempo clínico no puede separarse del tiempo histórico.
Tercero, la doble conciencia ligada a la alteridad judía ayuda a explicar el tono contradictorio del narrador: sátira cruel y ternura súbita. El cuento comienza con estigmas (olor, “greasy suit”, “dumb oxen”), pero culmina con una sonrisa compartida cuando la mujer acepta las pastillas. Ese giro no es sentimentalismo; es reconocimiento. El médico percibe la “vergonzosa” devoción del marido por su esposa y, en ese reflejo, mira sus propios límites. La herencia de una identidad marcada por el prejuicio puede haber dotado a Williams de una sensibilidad para representar cómo el desprecio social opera, incluso, en sujetos que podrían ser sus víctimas—y sus herederos. De ahí la potencia ética del cierre: una mínima transacción terapéutica deviene reparación simbólica.
En suma, las raíces judías de Williams no “explican” el cuento de forma lineal, pero sí ofrecen un marco: 1) leer más allá de las máscaras; 2) enlazar tiempo clínico y tiempo histórico; 3) dramatizar una conciencia dividida entre la eficiencia (la prisa) y la obligación de reconocer al otro (la compasión). A Face of Stone se vuelve así una parábola de la atención: solo cuando el médico deja de medir al paciente por su “superficie” y escucha lo que esa superficie resguarda—hambre, exilio, amor—su práctica recupera su sentido humano.
En “A Face of Stone”, Williams explora el tema de la autoridad médica al presentar a un doctor que ejerce un poder socialmente otorgado por su profesión. Desde el inicio, la familia deposita en él confianza y dependencia: “My brother says you’re the best baby doctor around here.” La figura del médico se convierte así en una representación de la ciencia y la cura, lo cual limita la autonomía del paciente, pues sin él no podrían atender la salud del bebé.
Por otra parte, William revela que esta autoridad se ve teñida por prejuicios sociales y morales. Antes de siquiera escucharlos, el doctor los describe como inferiores y “pobres presumidos”. Desde esa percepción despectiva, invalida sus derechos y sus decisiones como pacientes. La madre claramente enfrentaba problemas de confianza respecto a que tocaran a su bebé, pero se vio obligada por la salud de él. El bebé es la única familia de ella (además de su hermana), así que se ata a él y lo cuida como si aún estuviese en la guerra. En vez de el doctor empatizar, mostrar amabilidad y comprensión, abusa del poder que tiene dado a su posición. Que cabe destacar que ese poder es otorgado por la sociedad que se supone que el sirve, proteja y defienda. Existe la ética y la ley que son dos cosas completamente diferentes. La ley te dicta lo que puedes hacer y la ética lo que debes hacer. Pone un límite claro, ya que tiene “vida personal”. A pesar de la falta de respeto que el doctor ejerció sobre ellos, fueron nuevamente, esperando como cualquier otro, pero cuando se percató de que eran ellos, nuevamente los trató diferente.
El ser doctor en el los tiempos de antes y en el presente es algo que se admira, valora y respeta. Se asocia con el compromiso de salvar vidas y gozar de una economía alta, pero realmente es como cualquier otro trabajo, solo que quizás más ajetreoso. Todos de alguna manera u otra aportamos un granito de arena en la sociedad que de manera directa o indirectamente puede aportar para salvar una vida. Como mínimo oportará hacía una mejor calidad de vida para la sociedad, pero por alguna razón la sociedad eleva a los médicos a una posición de superioridad casi incuestionable, asociada al prestigio y al poder sobre la salud. Esto puede generar abusos y deshumanización del paciente: ya no son vistos como individuos con derechos, sino como cuerpos a tratar o ignorar según convenga. En la historia, el médico solo llega a empatizar cuando comprende el sufrimiento real de la mujer, revelando que la autoridad médica debe estar acompañada de humanidad para no convertirse en opresión. Se crea una dependencia de “mi vida depende de ti”.
“A Face of Stone” by Williams Carlos Williams is a short story about a doctor’s constant sentiments of annoyance towards a Jewish couple who just wants to get their infant child checked up. This story explores how the doctor’s lack of compassion and willingness to help this couple can stem from prejudicial racism due to them being immigrants, and how this behavior can negatively affect said couple because of the doctor being in a position of authority, him being their only way to get the medical assistance they need. It also explores the patients’ family dynamic, and how due to certain circumstances, the mother heavily relies on the father and even her own survival instincts, and how the doctor’s demeanor completely switches up once he learns about said circumstances the couple had to deal with in their past.
The very first time the doctor interacts with the couple, he completely lacks any form of compassion and a desire to aid them, making blatant racist remarks to himself about them being immigrants, taking advantage of people’s good nature, among more prejudicial comments along those lines. The couple had to deal with his aggressively dismissive behavior at no real fault of their own due to the doctor letting his own hatred get in the way of his work, taking advantage of his position of authority to practically command them on what they should do instead of just giving their baby a normal check-up, as they were attempting to request. It is here that the parents’ dynamic is somewhat explored, as the mother was reluctant to follow the doctor’s instructions because she was scared he would hurt the child, thus making the father have to deal with the situation mostly on his own. The second time they physically interacted was several months later, and even though the doctor kept up his prior behavior initially, he progressively let his judgements fade away as he learned more about the couple. Eventually he learned that the mother was from Poland and lost everyone she knew in a war, and it was then where he was able to open up room for compassion and understanding, finally being able to be trusted by the couple in the end.
This story manages to explain the unbalanced power dynamic between the doctor and his patients, and the ways said power can be abused through prejudices; and it also highlights the type of struggles that patients can experience, mostly having to rely on the willingness to help that someone on a position of authority in medicine can sometimes completely lack, therefore being forced to stand their ground to get the help they need.
William Carlos Williams y la pareja en su escrito “A Face of Stone” comparten la experiencia de ser inmigrantes judíos, la cual en muchas ocasiones incluye experimentar xenofobia, prejuicios y opresión por parte de otros. Su familia se vio obligada a esconder sus prácticas y creencias para ser aceptados en el país, probablemente vivieron con temor de ser descubiertos y por consecuencia castigados o privados de su libertad y derechos básicos. En un lugar donde tu gente no es bien recibida, naturalmente lleva a desconfiar, estar alerta y crear barreras emocionales como mecanismo de defensa y supervivencia. En la lectura la esposa muestra un “rostro de piedra” que pareciera reflejar una “desconfianza animal”, como si “detectara peligro” y estuviera “en guardia”. Estaba a la defensiva como si ya conociera el trato que iba a recibir por parte del doctor, y efectivamente, el doctor la juzga por su apariencia y los categoriza bajo un estereotipo. Este prejuicio es seguido de una actitud molesta, de irritación, impaciente y con deseo de irse sin atenderlos.
En el campo médico, el deber del especialista es proveer sus servicios a los pacientes independientemente de su etnia, religión, edad, género, ideales, lugar de proveniencia, entre otras cosas. La xenofobia y prejuicios por parte del doctor equivalen a un “malpractice” y falta de profesionalismo, compasión y empatía. Para un médico la compasión es crucial, solo así se logra identificar el método u tratamiento que mejore la calidad de vida del individuo, la cual es la meta principal en la profesión. A lo largo de la lectura la mujer desconfiada y el doctor despectivo forman un ambiente tenso que prolonga el dolor y sufrimiento de la mujer. El doctor, por insistencia del esposo, cede a escuchar a la pareja, conoce su historia y su corazón se conmueve. Olvida el prejuicio y comienza a tener compasión que es reflejada en su cambio de actitud, tono, vocabulario y disposición. Luego de la ayuda las barreras de defensa contra el peligro de la esposa fueron tumbadas y su “rostro de piedra” se suavizó con una sonrisa.
La historia es ejemplo de que el nivel de humanidad aumenta con compasión y empatía pero se interfiere cuando juzgamos y etiquetamos. La injusticia y la diferencia en trato en Puerto Rico tenía como base el prejuicio y discriminación hacia la población judía, de igual forma, el doctor con la misma base brindó un servicio mediocre al paciente. La familia de Williams y la pareja fueron ambos etiquetados y definidos bajo un falso estereotipo sin ser ofrecidos la oportunidad de contar su historia. Claramente, “A Face of Stone” es una historia que refleja las vivencias y emociones de Williams y su familia, él reconoce que un país u profesión que trabaja para el pueblo y la gente nunca debe olvidar la compasión, pues esta es la que nos une y nos hace más humanos.
En “A Face of Stone” de William Carlos Williams, el autor explora el desequilibrio de poder entre la autoridad médica y la autonomía del paciente en una tensa historia sobre un médico judío que atiende a una pareja y su bebé. A través de la historia, Williams muestra cómo las diferencias culturales, los prejuicios y las presiones laborales influyen en la lucha del médico por equilibrar la frustración con la compasión. El narrador, un médico, atiende a una familia inmigrante pobre cuyo bebé supuestamente está enfermo. La madre desconfía del médico, mientras que el padre negocia e interpreta por ella. Al principio, el médico se siente frustrado por su insistencia, su falta de conocimiento y su lenta cooperación, lo que revela la tensión entre su autoridad profesional y la autonomía de la familia. Se siente superior a ellos y los insulta mentalmente, hablándoles en lugar de hablar con ellos y esperando obediencia. Pero Williams muestra momentos en los que la autonomía del paciente se impone, como cuando la madre se niega a darle el bebé al médico o resiste desnudarlo. La familia también espera dos horas para ser atendida un día, lo que resalta cómo los pacientes dependen del sistema médico y, al mismo tiempo, ejercen control sobre su propio cuidado. Aunque el narrador de Williams muestra prejuicio, impaciencia y molestia, poco a poco comienza a comprender sus dificultades, incluida la experiencia de la esposa como inmigrante afectada por la guerra.
Williams era parcialmente puertorriqueño y judío. Crecer en una comunidad donde era tratado como un extraño debido a su origen judío e inmigrante le permitió familiarizarse con los prejuicios, los estereotipos y los malentendidos culturales. Sus raíces en culturas marginadas e inmigrantes le ayudaron a retratar con precisión cómo se juzga a los inmigrantes, cómo el trauma moldea el comportamiento y cómo los médicos pueden no ver la humanidad de los demás. Esta perspectiva permite que el médico, a pesar de su frustración e impaciencia inicial, desarrolle finalmente compasión por la pareja. La prisa y la irritación del médico también provienen de sus condiciones de trabajo.
Como médico en ejercicio, Williams experimentó jornadas largas y agotadoras, salas de espera saturadas, presión económica y agotamiento emocional. Esto generó una prisa natural en sus acciones; estaba apresurado, cansado y molesto por la resistencia de la madre con su bebé. La tensión entre la compasión y la prisa surge de la doble identidad de Williams: el médico en él
conoce las presiones y frustraciones de la práctica médica, mientras que la persona culturalmente marginada entiende la vulnerabilidad y humanidad de quienes a menudo son juzgados o ignorados.
En “A Face of Stone”, Williams utiliza las interacciones entre el médico y la familia inmigrante para mostrar el equilibrio entre la autoridad profesional y la autonomía del paciente. La historia ilustra cómo las diferencias culturales, los prejuicios y las presiones del sistema pueden desafiar la empatía en la medicina, al mismo tiempo que muestra que la compasión puede crecer cuando se reconoce la humanidad y las dificultades de los demás. El propio trasfondo de Williams como judío inmigrante informa esta representación matizada, enfatizando que la comprensión y la paciencia son esenciales para cerrar la brecha entre autoridad y cuidado.
En la lectura “A Face of Stone” Williams explora el tema de la autoridad médica-científica y la autonomía del paciente mediante un desbalance en las dinámicas de poder; creando una tensión entre la autoridad del médico y la experiencia de los pacientes que buscan ayuda. El narrador comienza observando las expresiones y los rasgos físicos de los clientes, especulando sobre su etnicidad y sus vidas personales; observaciones por las que luego basa la trata y la calidad del servicio. La despersonalización y el prejuicio de parte del médico habilitan aún más las estructuras sociales que reducen a las personas a estereotipos o a conjuntos de síntomas y necesidades biológicas, sin considerarlos como personas con su propio ente. La descripción de la mujer como “a face of stone” puede ser interpretada como una forma de resistencia y desconfianza en el sistema médico a base de experiencia previa, debido a que la actitud del narrador muestra falta de empatía y complicidad. Sin embargo, ocurre un dilema ético entre la experiencia y práctica médica, y la experiencia vivida por el paciente. Williams no simplifica la cara de piedra de la mujer a un diagnóstico, sino que reconoce la persona detrás de la mirada. La identidad de Williams como médico y poeta demuestra como la medicina se vuelve más confiable al reconocer y respetar la dignidad y la experiencia de cada individuo que recibe un diagnóstico. La autonomía del paciente no solo reside en la resistencia ante la autoridad, más bien revela un problema ético que exige más entendimiento en la práctica médica y las maneras en que se lee el ser humano. De tal manera que el contrapeso entre las dinámicas de poder, y el saber y el sentir del ser humano, es explorado de forma única en la literatura de Williams.
Paola Roldán Crespo
“A Face of Stone”, written in 1934 by William Carlos Williams, is a short story that follows a doctor treating a young Jewish-Polish couple with a baby while navigating his own prejudice, indifference and exhaustion at work. The author, having both a medical background and a mixed heritage, can understand the challenges that come from owning a general practice while being empathetic towards the couple’s lived experiences. With his work, he explores the doctor-patient treatment that reduces patient autonomy, causes tension, and questions whose heart is really made of “stone”.
The story begins with an introspective view of the doctor’s thoughts towards the patient’s appearance. “HE WAS one of these fresh Jewish types you want to kill at sight, the presuming poor whose looks change the minute cash is mentioned.” (Williams 1). From the beginning the reader can observe the doctor’s sense of animosity towards the man and his wife (who he wrongly deduces is Italian). He remarks often that her face has no expression; “A face of stone” (Williams 1). He begins to treat the baby with an annoyed expression and refuses to help the couple at late hours of the night because he is “busy”. His actions do not go hand in hand with a job that exists to help people. An interviewer called John Gerber once had a chance to talk with Williams about his life and career on a rainy day in 1950. He asked him about his experience as a general doctor and pediatrician. In his response, he critiqued doctors who “survive” by taking advantage of the less fortunate. He stated: “I don’t like the person who takes the poor guy and soaks his wife two hundred and fifty dollars for a cesarean section, and then twenty-five dollars for a circumcision, when he hasn’t even enough to eat. Now that’s the kind of thing that brings medicine into disrepute, and it’s done all the time.” (Wallace 142) The “disrepute” mentioned is present in the story, shown directly by the mother who is distrusting in letting the doctor handle her baby.
In the story, there seems to be a battle on who knows what’s best. The mother often refuses to let go of the child, and her stubbornness is rooted in distrust. Medicine Net defines patient autonomy as “the right of patients to make decisions about their medical care without their health care provider trying to influence the decision. Patient autonomy does allow for health care providers to educate the patient but does not allow the health care provider to make the decision for the patient.” (Berstein) For a patient to make a decision, the doctor has to provide options and knowledge. In the story, the doctor’s answers are short and sweet. The patients in the story often exercise autonomy in their health decisions because they are unable to comply with the doctors’ requests, not because they have sufficient information to decide what to do. This causes frustration in the doctor who believes he is suggesting the right thing. “Do you mean to say that after what I told you last time, you haven’t weaned the baby? – What can she do, Doc. She tried to but he won’t let go of the breast. You can’t make him take a bottle.” (Williams 5) In the story, the doctor is quick to give his opinion on whether the lady should get operated on, what the baby should eat and brings his scientific knowledge to the table, at the end convincing her to take a painkiller. However, his intellectual capabilities should also be matched with an ethical code.
“A face of Stone” is a story that takes reader in a journey of a doctor and his “difficult” patients. The doctor is the first to show prejudice towards the family. Then, as distrust builds up, the couple, rooted in desperation and discomfort, struggles to take care of their baby. There is a back and forth between control that can only be solved through mutual cooperation and compassion towards the patient’s needs. When healthcare addresses more than just the physical body, it cannot be allowed to be treated with a heart of stone.
En “A Face of Stone,” William Carlos Williams presenta la relación entre el médico y los pacientes como una batalla constante entre autoridad y autonomía, donde ambos lados parecen necesitar algo del otro pero no saben comunicarse. Desde el comienzo, el doctor deja claro que se siente por encima de la pareja inmigrante. Los critica, los juzga por su apariencia, por su olor, por su forma de hablar. Es como si él diera por hecho que su título le da permiso para tratarlos con impaciencia y hasta con cierto desconsideración. Ese tono revela que, para él, la medicina no es solamente cuidar, sino también establecer control. La madre, en cambio, representa todo lo que él no entiende, una mujer que no suelta a su bebé, que no quiere ponerlo en la mesa de examen, que mira al doctor con miedo y desconfianza. Para el médico, esos gestos son terquedad pero para ella, son protección. Y esa diferencia es lo que crea tensión. Él piensa que su autoridad es suficiente, mientras ella piensa que su instinto también. La dinámica cambia cuando la pareja insiste, hasta casi obligarlo, en atenderlos después de esperar horas o en pedirle que examine también a la esposa. Aquí se siente que, aunque pobres y marginados, ellos también reclaman un tipo de poder, eso es el derecho a ser escuchados, atendidos y tomados en serio. Pero el punto clave ocurre cuando el doctor finalmente mira las piernas deformadas de la mujer y descubre la historia que hay detrás, la guerra, la pobreza, la pérdida de toda su familia. Es la primera vez que él deja de verla como una inconveniencia y empieza a verla como alguien que ha sobrevivido demasiado. Ese momento lo humaniza, lo saca de su papel de “experto” y lo confronta con la realidad de que su autoridad no significa nada si no es capaz de entender a la persona que tiene alfrente. El final, cuando la mujer sonríe por primera vez al aceptar las pastillas, es pequeño pero importante. Ella decide por sí misma, sin miedo, sin presión. Williams muestra que la medicina funciona mejor cuando la autoridad del doctor no aplasta la autonomía del paciente, sino que se combina con ella. Al final, no se trata solo de quién sabe más, sino de quién está dispuesto a ver al otro como ser humano.
En “A Face of Stone”, William Carlos Williams examina la relación entre médico y paciente desde una mirada inhumana, revelando la tensión entre autoridad profesional, prejuicio, fatiga y humanidad. A través de la narración en primera persona, el cuento presenta la fricción entre la autoridad del médico y la autonomía de la pareja inmigrante que asiste a su consulta. El “rostro de piedra” de la mujer y las raíces judías del autor contribuyen profundidad simbólica a la exploración de compasión, prisa y juicio moral que transpone toda la historia.
Desde el inicio, Williams presenta a un narrador cuya autoridad médica se mezcla con prejuicios y cansancio. El médico observa a sus pacientes judíos e inmigrantes con condescendencia explícita, llamándolos “poor presuming Jews” y “dumb oxen”. Estos juicios revelan cómo la autoridad científica puede deshumanizar, reduciendo a los pacientes a estereotipos y nublando la percepción clínica. El conflicto se intensifica cuando la madre se niega a entregar al bebé para el examen. Su resistencia —descrita por el narrador como una terquedad casi animal— funciona en realidad como un acto de autonomía en un espacio donde ella carece de poder. Su “cara de piedra” simboliza una barrera de desconfianza forjada por su vulnerabilidad migratoria, lingüística y corporal.
El médico interpreta su actuar como incompetencia, reforzando la relación jerárquica. Exige rapidez, obedece a la lógica del tiempo y deja claro que su autoridad prevalece. Sin embargo, esta dureza se fisura cuando descubre que la mujer sufrió hambre, guerra y pérdidas profundas en Polonia. Al reconocer este trasfondo, la autoridad médica se suaviza y surge una empatía que había estado ausente. El momento en que percibe el amor silencioso del esposo hacia ella también contribuye a este cambio, revelando la humanidad que el médico había pasado por alto.
Las raíces judías de Williams pueden influir en esta tensión entre prisa y compasión. Aunque estadounidense, el autor era consciente de las experiencias de persecución y desplazamiento que marcaron a comunidades judías e inmigrantes. Esta sensibilidad se refleja en su capacidad para mostrar —aunque tardíamente— que la desconfianza de la mujer no es simple obstinación, sino un mecanismo nacido del trauma y la pérdida (“She lost everybody”). Así, la prisa del médico simboliza el lado deshumanizante de la medicina, mientras que sus destellos de compasión revelan la lucha moral interna que el autor quiere enfatizar.
El título “A Face of Stone” se enriquece al vincularse con la tradición judía de colocar piedras sobre las lápidas como símbolo de memoria y presencia. El rostro de la mujer es, metafóricamente, una piedra de visitación: un recordatorio de los muertos, el sufrimiento y la historia que carga. Para el médico, esa “piedra” es inicialmente irritante, pero finalmente lo confronta con su propio juicio moral. Cuando la mujer sonríe al aceptar las pastillas, la piedra se ablanda; es un gesto mínimo pero significativo, que sugiere que incluso las barreras levantadas por el dolor pueden abrirse ante un acto genuino de respeto y cuidado.
En el texto A Face of Stone, William Carlos Williams expone una historia que aparenta ser sencilla, donde un médico muy agotado y exhausto recibe a una pareja de inmigrantes que tienen a su bebé enfermo. Sin embargo, detrás de esta común escena podemos ver una gran reflexión sobre el poder de la medicina y la capacidad que tienen los pacientes, sobre todo los más vulnerables de defenderse a sí mismo a pesar de que parezca que todo está en su contra.
Desde el principio vemos a un médico que observa a sus pacientes con firmeza y prejuicio. El padre le cae mal “antes de abrir la boca”, y la madre le parece tan impenetrable que la llama “a face of stone”. Estas características, además de mostrar la mirada del doctor; también demuestra que no está dispuesto a escuchar. Su autoridad médica está muy llena de cansancio, superioridad y de un mal resentimiento hacia las personas pobres y los inmigrantes que se encuentran en la sala de espera.
Lo interesante aquí es que esa autoridad se encuentra con una algo inesperado: la resistencia silenciosa de una madre. Ella se aferra a su bebé con mucha fuerza y se niega a soltarlo a pesar de la insistencia de su esposo y las órdenes bruscas del médico: “No. I hold her” repite una y otra vez, protegiendo a su hija como si tuviese miedo de que el doctor la dañara. Luego de esta situación tensa e incómoda, se expresa una autonomía que el médico no tiene la capacidad de entender, pero el lector sí puede sentir: el amor, el miedo y el recuerdo de lo que es el peligro.
Al pasar la historia, la tensión se ve en repetidas ocasiones. El doctor les brindas una serie de instrucciones claras sobre cómo alimentar a su bebé, pero la familia no las sigue. Esto no lo hacen por ignorancia o desobediencia, sino porque su vida, sus hábitos y sus emociones no encajan tan fácil con el orden ideal que el médico supone. Son personas con historias muy diferentes y difíciles, traumas, costumbres distintas y una pobreza que determina hasta los zapatos que llevan puestos. De esta manera, Williams nos hace recordar que la medicina no ocurre solo porque si, y siempre está atada a la cultura, la desigualdad y la experiencia personal de cada familia.
El momento más impactante es cuando el médico examina a la madre y el esposo dice en voz baja: “She lost everybody”. Aquí es donde por fin el médico ve algo más allá de “una cara de piedra” y comienza a ver una mujer que fue marcada por la guerra, el hambre, la migración forzada y un pasado totalmente duro. Esta situación es cuando por primera vez, siente algo diferente: “I was touched” admite, asombrado por su propio sentimiento.
En este instante, la autoridad estricta del médico comienza a ser más humana. Él sigue siendo el experto, el que sabe, pero al final logra ver la autonomía de sus pacientes como parte de su humanidad y experiencias vividas y no como algo difícil o una limitación. Esa madre desconfiada, callada y terca no es un problema clínico, simplemente es una persona que trata de sobrevivir y de proteger con todo lo que está a su alcance lo poquito que tiene.
Williams Carlos Williams, el mismo médico de siempre, nos presenta que la medicina no solo son análisis, evaluaciones y órdenes. La verdadera vocación es cuando el profesional reconoce que quienes llegan a donde él, incluso si parecen difíciles, descuidados o tercos tienen una historia detrás que define todo. Y esa historia es igual de importante que su tratamiento.
En A Face of Stone, la autoridad médica y la autonomía del paciente se topan, se resisten, y por fin se encuentran. Este gran encuentro, permite de gran manera la compasión entre el médico y sus pacientes.
Zyulis Candelaria
En “A Face of Stone”, William Carlos Williams explora el tema de la autoridad médica y la autonomía del paciente mediante una interacción profundamente tensa entre un médico y una pareja inmigrante cuya vulnerabilidad, miedo y desconfianza chocan con la arrogancia, el cansancio y los prejuicios del doctor. Desde el primer momento, el narrador, quien es también el médico usa su posición profesional para situarse por encima de los pacientes, juzgándolos por su apariencia, su higiene y su origen étnico, antes incluso de escucharlos. La madre, en particular, expresa su autonomía de manera limitada pero poderosa, se niega a soltar al bebé, decide qué ropa quitar o no quitar, y rechaza las órdenes del doctor cuando percibe peligro. Ella actúa motivada por un instinto profundo de protección, producto de experiencias traumáticas previas, que el médico inicialmente interpreta como obstinación o ignorancia. Esta dinámica revela cómo la autoridad médica, cuando se ejerce sin empatía, puede convertirse en una herramienta de violencia simbólica que invalida la voz del paciente. El doctor exige obediencia inmediata, habla con impaciencia y hasta con desprecio, como cuando insiste en que la mujer coloque al bebé sobre la mesa o cuando critica sus prácticas de lactancia sin considerar su trasfondo cultural o emocional. Sin embargo, la historia también muestra que la autonomía del paciente persiste como una fuerza moral dentro del encuentro clínico. La madre no cede fácilmente, cuestiona, observa, y en más de una ocasión se opone a lo que el médico ordena. Williams utiliza esta resistencia para subrayar que los pacientes no son cuerpos pasivos ni meros receptores de órdenes, sino sujetos con historia, experiencias y capacidad de decisión, aun cuando el sistema médico los trate como inferiores. A medida que avanza la historia, el médico empieza a percibir la humanidad detrás de la conducta de la mujer. Cuando observa sus piernas deformadas por el raquitismo y aprende sobre su niñez marcada por la guerra, el hambre y la pérdida de toda su familia, su percepción cambia, comprende que su aparente terquedad es, en realidad, una manifestación de trauma y supervivencia. En ese momento, su autoridad se vuelve más humilde y se transforma en cuidado genuino, revelando que la medicina ética depende de reconocer la autonomía del paciente y no de imponerse sobre ella. El equilibrio entre autoridad médica y autonomía se vuelve un tema central cuando el doctor se da cuenta de que su conocimiento profesional, aunque indispensable, debe coexistir con la experiencia vivida del paciente. La mujer sabe lo que su cuerpo siente, sabe cómo reacciona su bebé y sabe, por instinto, cuándo siente peligro. La historia demuestra que el acto médico no es solo diagnóstico, sino negociación, respeto y escucha. Williams, quien era médico además de escritor, presenta esta interacción con brutal honestidad para evidenciar que el poder médico puede oscurecer la humanidad, pero también puede abrirse a ella. Al final, el cuento muestra que la autoridad científica se vuelve verdaderamente ética cuando reconoce la dignidad del paciente y cuando el profesional entiende que su rol no es mandar, sino acompañar, comprender y guiar sin borrar la voz del otro.
¿Como podría la historia familiar de Williams, en particular sus raíces judías, contribuir a la tensión entre la compasión y la prisa en la relación médico/paciente?
“Un rostro de piedra” narra la experiencia de un médico que atiende a una pareja de inmigrantes con un bebé enfermo, enfrentando una constante tensión entre el deber profesional y la impaciencia personal. El autor expone la complejidad de la relación médico-paciente, marcada por el desgaste, la desconfianza y una humanidad que persiste incluso en medio del rechazo.
William Carlos Williams presenta de manera franca la tensión constante en la relación médico-paciente como un conflicto entre el deber profesional y el desgaste emocional. El uso de un lenguaje fuerte y directo refleja sus raíces culturales y el contexto social de la obra. La dualidad entre compasión y prisa atraviesa cada interacción del médico con los inmigrantes, mostrando que la prisa no es solo profesional, sino también emocional. Este contraste cuestiona la capacidad del médico para atender a los más necesitados sin perder la sensibilidad y resalta la mirada clínica y humana del autor.
Aunque el texto no aborda explícitamente la herencia judía de Williams, su trasfondo cultural se manifiesta en la sensibilidad hacia la marginación y el sufrimiento humano, así como en la representación de personajes inmigrantes que enfrentan desconfianza y prejuicios. La historia, cargada de empatía contenida bajo una fachada de impaciencia, refleja que la compasión sincera actúa con diligencia (prisa) con el firme proposito de hacer el bien (compasión). Las raíces judías de Williams aportan una dimensión implícita de compasión y comprensión del dolor, que se enfrenta a una realidad donde la prisa domina el tiempo. De esta forma, el relato no solo denuncia una situación social, sino que también humaniza la dificultad inherente del cuidado médico bajo presión.
Desde un análisis literario, “Un rostro de piedra” utiliza la relación médico-paciente para explorar temas universales como la humanidad, el agotamiento y la desconexión social. Sin ofrecer una resolución clara, muestra cómo la identidad personal se construye a partir de las experiencias y el entorno, definiendo los valores individuales y la manera en que nos relacionamos con el mundo. William Carlos Williams heredó una ascendencia judía sefardí a través de su madre, Raquel Hélène Hoheb, quien provenía de una comunidad cripto-judía en Mayagüez, Puerto Rico, que practicaba secretamente el judaísmo debido a la prohibición legal de la época. Su abuelo materno, Solomon Hoheb, perteneció a esta comunidad de “judíos secretos”, que mantuvieron su identidad religiosa oculta y que estuvieron vinculados a movimientos de independencia puertorriqueña del siglo XIX (Cohen, 2024).
Esta referencia da un contexto histórico y aporta evidencia sobre la complejidad cultural y religiosa presente en la familia de Williams, así como su influencia en relación con su identidad y obra. La tradición judía, marcada por la memoria del sufrimiento y el deber moral hacia el prójimo, aporta un trasfondo ético que se percibe en la sensibilidad del autor hacia el dolor ajeno. Esa herencia cultural amplifica la tensión entre la prisa profesional y la compasión humana, pues su mirada médica intenta equilibrar la eficiencia con la empatía. En síntesis, la historia familiar y las raíces judías de Williams se reflejan en su manera de representar el conflicto entre la compasión y la prisa, demostrando que incluso en la impaciencia persiste una profunda humanidad.
¿Cómo explora Williams el tema de la autoridad médica/científica y la autonomía del paciente en esta historia?
En el cuento “A Face of Stone”, William Carlos Williams presenta un relato en donde es evidente la autoridad médica ante los pacientes y la autonomía del paciente. En el cuento muestra que en la práctica, la medicina puede ser un poder, pero también, dependiendo de la actitud del paciente, se puede encontrar empatía del médico. A lo largo del cuento, se puede ver cómo un médico, que prejuicia a unos pacientes debido a su físico, va desarrollando empatía por ellos debido a su respeto. También, se muestra que los pacientes no siguen las órdenes dadas por el médico si no confían en lo dicho, demostrando autonomía. Se muestra que aunque la autoridad médica puede ser inicialmente insensible, repeticiones de experiencias con pacientes vulnerables pueden cambiar la visión del doctor a una más humanizante y amigable.
Al principio de la historia, el médico es cruel y deshumanizante con los pacientes, demostrando la autoridad médica. El doctor les habla de manera no profesional y violenta. Por ejemplo, antes de que lleguen los pacientes, el doctor ya piensa que ellos deberían estar en clínicas, no en un médico por su físico. También, cuando los pacientes le mencionan que el doctor pasado no fue tan bueno, el médico les pregunta si le pagaron bien, asumiendo que no lo hicieron. La autoridad médica es mayormente evidente cuando el doctor les dice que se vayan porque tiene que comer, aunque su deber como doctor es ayudar a los pacientes y su bebé. Luego, cuando el doctor finalmente ayuda al paciente, lo hace de una manera irrespetuosa y da órdenes, asumiendo que la madre tiene que seguir sus órdenes, demostrando la autoridad del poder, ya que el doctor se percibe como supremo. El doctor tiene una expectativa de obedencia de sus pacientes en cuanto a cuando examina al niño, cómo lo examina y cómo alimenta al niño.
Sin embargo, la autonomía del paciente se mantiene constante durante todo el relato. A pesar de la agresividad del doctor, el padre del bebé se mantiene con una actitud respetuosa, haciendo que el doctor lentamente vaya desarrollando empatía y vaya atendiendo a los pacientes de mejor manera. También, se puede ver que el padre mantiene esta autonomía cuando llama al doctor fuera de las horas que fue indicado que podía porque el niño se sentía mal, ignorando completamente las reglas del doctor. Además, la madre demuestra esta autonomía aún más. A pesar de que el doctor le da órdenes a la madre del bebé en respecto a cómo lo debe alimentar y cómo lo va a examinar, la madre todavía lo hace de la manera que ella prefiere y ve más cómoda para el niño. La madre mantiene su “cara de piedra” a través de la historia completa, indicando desconfianza y protección de su hijo, sin importar que el doctor tiene más poder en teoría.
Al final de la historia, el padre le pide al doctor que examine a la madre del bebé, y aunque se molesta, la actitud respetuosa del padre y las dos horas de espera convencen al doctor a examinarla. Al hacerlo reconoce el sufrimiento de la madre, y, aunque todavía demuestra molestia, intenta ayudarla. El doctor busca soluciones y comienza a tener empatía por el paciente. Para terminar la historia, el doctor le encuentra una pastilla que puede ayudar a la madre y en ese momento, es la primera vez que la madre sonríe en vez de demostrar una “cara de piedra.” Este proceso de cambio de ambos el doctor y la madre demuestra que la autoridad médica conlleva a los pacientes a tener autonomía en vez de aceptar las órdenes dadas. Mientras el doctor va disminuyendo su autoridad, los pacientes lentamente comienzan a escuchar al doctor. Se demuestra que la autoridad científica no es absoluta y depende más de la autonomía del paciente y el respeto por la humanidad del paciente.
Williams utiliza este cuento para expresar que la autoridad médica es peligrosa al ser utilizada erróneamente. La autoridad médica causa que el paciente no coopere tanto y tenga una autonomía sobre sus decisiones, dándole prioridad a sus decisiones sobre las del profesional. El conocimiento del profesional se debe combinar con las necesidades del paciente para un encuentro exitoso y respetuoso.
¿Cómo podría la historia familiar de Williams, en particular sus raíces judías, contribuir a la tensión entre la compasión y la prisa en la relación médico-paciente?
La obra literaria “Un rostro de piedra”, Carlos Williams reflexiona sobre su propia herencia multiétnica. Nació en Nueva Jersey de padres inmigrantes: un padre inglés y una madre puertorriqueña (de Mayagüez) de ascendencia judía. Este cruce de culturas dejó una huella en su identidad y perspectiva humana, evidente en su enfoque de representar personajes modestos que son excluidos en la sociedad. Además de ser escritor, también fue médico; por lo que su principal fuente de inspiración eran los pacientes que atendía en su consulta o que observaba en su comunidad. Décadas posteriores a la muerte de Williams, el poeta y traductor Jonathan Cohen recorrió por Mayagüez (la ciudad natal de la madre del autor). Una parte significativa de la carrera de Cohen se ha dedicado a la traducción, edición y amplia circulación de William Carlos Williams, cuya conexión con Puerto Rico es evidente en sus recuerdos de Mayagüez y la influencia de su herencia judía.
Hay un cierto sentido moral derivado de sus raíces judías en William Carlos Williams. La cultura judía pone énfasis en la compasión, la justicia y el cuidado por los demás, todo lo cual es evidente en la escritura de Williams, así como se aplica a su práctica médica. Pero esta tradición también es pesada: de sufrimiento histórico, persecución y la necesidad de asimilarse para sobrevivir en entornos hostiles. Para Williams, estas herencias se convierten en una constante lucha entre la apremiante demanda ética de conocer a los demás y la urgencia pragmática de controlar y actuar rápido como médico. Un ejemplo innegable de este conflicto interno se puede encontrar en la historia “Un rostro de piedra”. Donde el narrador, una voz que refleja la del propio Williams, muestra un tratamiento desfachatado e impaciente hacia sus pacientes inmigrantes y pobres, contrarrestado por una profunda empatía y latente compasión. El médico regaña a la pareja sucia y caótica que lleva a su bebé enfermo. No obstante, bajo su brusquedad hay otra perspectiva, humana y angustiada, sobre las inequidades de la sociedad y la angustia de aquellos que apenas logran salir adelante. Aquí, el conflicto entre la frialdad profesional y la calidez moral sirve como un tipo de diagnóstico no solo para la relación médico-paciente. Sino también para la condición psicológica de Williams, una tensión entre ser un hombre de ciencia que rechaza la emoción y el sentimiento, por un lado, y ser alguien que siente un profundo agradecimiento a Dios y una sensación de compromiso moral por su papel.
Williams está constantemente desgarrado por el conflicto entre su compasión por los pacientes y el ritmo acelerado de la medicina moderna. Con un trasfondo cultural que ha atravesado el sufrimiento de la exclusión y la marginalidad. Así, le enseñó a mirar más allá de las apariencias físicas o sociales, presenciando el comportamiento humano que existe en cada cuerpo enfermo. La doble conciencia heredada de una familia que había vivido entre una fe clandestina y una obediencia pública se refleja en su distanciamiento clínico. Por tanto, debe mantener un rostro sereno como “de piedra”, pero también siente compasión por dentro. En “Un rostro de piedra”, tenemos precisamente esa imagen, representa tanto la inmovilidad exterior como la vida interior. La prisa del médico conduce al momento poético del pensamiento, cuando el dolor se convierte en conocimiento humano. Su escritura demuestra que la observación clínica y la compasión no están en desacuerdo, sino que se contrapesan a través de su análisis. Ambos fomentan una mirada más allá de la superficie, para revelar una humanidad que palpita en objetos, lugares y rostros. En el fondo, esa mirada compasiva, a veces contenida por la prisa del médico, siempre resuena con el legado secreto de su familia. Una tradición de desafío silencioso que convirtió a William Carlos en un poeta capaz de ver, en cada rostro que cruza nuestro camino, una historia que no debería ser borrada.
Autoridad Médica y Autonomía del Paciente en “A Face of Stone”
En “A Face of Stone”, William Carlos Williams explora la tensión entre la autoridad médico
y la autonomía del paciente. Se muestra cómo el conocimiento científico puede convertirse en una
forma de poder que oprime en lugar de sanar. Desde el inicio, se evidencia la desigualdad entre un
médico estadounidense y una familia inmigrante pobre. El doctor usa su conocimiento y posición
como herramientas de control. Al hacer esto, reflejan el prejuicio y superioridad. No ve a sus
pacientes como personas, sino como molestias. Al llamar al padre “dumb oxen” y describir a la
mujer con “una cara de piedra” se observa el lenguaje cargado de clasismo y racismo. A través, de
esta actitud, Williams critica cómo la medicina puede volverse deshumanizante cuando se separa
de la empatía y respeto.
El médico representa la autoridad institucional y el elitismo de la medicina moderna, donde
el poder distorsiona el propósito humano de curar. Juzga el valor de las personas por su apariencia
y nivel social, asumiendo que su conocimiento lo coloca por encima de ellos. Esa actitud lo aleja
de la esencia de su profesión, lo cual es el cuidado. El consultorio debería ser un espacio de alivio
y es transformado en un lugar de juicio. Williams, que también fue médico, utiliza esta historia
para exponer cómo el conocimiento científico sin compasión se convierte en una barrera que separa
al profesional de sus pacientes.
Por otro lado, la madre inmigrante representa la resistencia silenciosa y la autonomía del
paciente entre ese poder. Aunque el doctor la percibe como una mujer fría, su “cara de piedra”
simboliza el miedo y trauma que carga, no una falta de emoción. Su silencio y desconfianza son
mecanismos de defensa frente a un sistema que la ha oprimido toda su vida. Al negarse a soltar al
bebé, demuestra que se conserva un grado de control sobre su cuerpo y sus decisiones. Ese pequeño
acto de resistencia es su manera de preservar su autonomía dentro de un sistema que la
menosprecia.
Williams utiliza la tensión entre las personas para mostrar cómo la autoridad médica puede
convertirse en violencia simbólica cuando se ejerce sin empatía. El doctor cree que su poder no se
debe cuestionar, pero su arrogancia lo desconecta del propósito más humano de la medicina el cual
es la empatía. El médico no intenta comprender la realidad de sus pacientes la cual está marcada
por pobreza, la guerra y la migración. Sin embargo, responde con impaciencia y juicio.
El punto de inflexión ocurre cuando el médico examina las piernas de la mujer y descubre
las marcas del raquitismo, consecuencia del hambre y la miseria infantil. En ese instante, deja de
verla con sus estereotipos y prejuicios y comienza a comprender que su cuerpo cuenta una historia
de sobrevivencia. La mujer perdió a toda su familia en la guerra, emigró sola y aun así carga con
su bebe en un país que la rechaza. Esa revelación rompe la distancia entre médico y paciente donde
por primera vez, el médico siente empatía sobre su paciente. Esto da permiso a que el doctor le
ofreciera unas pastillas y la mujer sonriera. Este acto simbólicamente destruye la “cara de piedra”.
Esta interacción derriba la barrera de poder entre ambos. Él medico deja de sentirse con
superioridad y autoridad médica y ve a la mujer como humana. La sonrisa de ella se convierte en
un acto donde abandona la resistencia y se rinde, revelando al mismo tiempo la autonomía y
vulnerabilidad de la paciente.
En conclusión, “A Face of Stone” demuestra que la relación entre médico y paciente no es
solo biológica, sino profundamente humana en base a la empatía. Williams enseña que la medicina
sin compasión es una forma de violencia, y que solo al reconocer el sufrimiento del otro puede
existir una verdadera conexión real. El cambio de autoridad a empatía es lo más importante del
cuento, y la mujer inmigrante demuestra lo complejo que es para un paciente mantener su
autonomía. Gracias a ella, el médico logra recuperar un poco de la empatía que había perdido.
¿Cómo explora Williams el tema de la autoridad médica/científica y la autonomía del paciente en esta historia?
El escrito A face of Stone de William Carlos Williams nos presenta un claro ejemplo de como el poder del conocimiento puede deshumanizar el trato hacia las demás personas. En esta historia se nos presenta el tema de la autoridad médica y la autonomía del paciente, mediante la narración de un encuentro entre un doctor y una pareja inmigrante. Importante destacar que toda la historia está contada desde el punto de vista del doctor, por lo que sabemos sus pensamientos, juicios y emociones directamente. Algo que es clave para poder entender el tema central que nos quiere compartir Williams, reflejando la tensión entre el poder del doctor y la dignidad del paciente.
El doctor presenta un carácter de superioridad desde que la pareja inmigrante llega con su bebé enfermo a su oficina. Con una mirada prejuciada por su apariencia, el narrador los describe como una familia pobre con falta de higiene. Por lo que piensa que “personas así merecen ir a clínicas” incluso se pregunta “¿por qué los dejaron entrar al país?”. Vemos claramente como su autoridad médica se mezcla con prejucios personales, lo que afecta su trato con la familia. Los trata de una manera hostil en todo momento, sin la empatía de que el bebé está enfermo y ellos merecen su ayuda. Incluso cuando la pareja llega buscando ayuda urgente, el doctor responde con impaciencia y sarcasmo, mostrando más preocupación por su propio tiempo que por la salud del bebé. En lugar de actuar con compasión, les reclama diciendo “¿por qué no llegaron más temprano?”, mostrando nuevamente su falta de sensibilidad y el abuso de su autoridad médica.
Por otro lado la madre del bebé, nos muetra una mujer segura y clara de su derecho a tomar decisiones. En esta historia, la autonomía del paciente, se muestra con resistencia silenciosa, la madre defiende a su hijo y su modo de cuidarlo aunque el doctor lo interprete como una estupidez. Desde el momento en cual la madre se niega a entregar el bebé para el examen físico, Williams nos presenta su resistencia como una forma de protección y de control sobre lo más importante para ella: su hijo. Su silencio y su “cara de piedra”, una frase que se repite múltiples veces en la historia, se convierte en símbolos de autonomía: una defensa contra la humillación y el dominio del doctor por su autoridad. A través de la madre inmigrante, Williams muestra que incluso quienes carecen de voz o poder social pueden afirmar su dignidad mediante actos de resistencia.
No fue hasta que el doctor mostró verdadero interés por la historia de la madre, que comenzó a comprenderla. Cuando le pregunta sobre su pasado y descubre que creció en Polonia durante la guerra, que sufrió de hambre y perdió a su familia, el doctor entiende por primera vez las razones detrás de su desconfianza y su actitud reservada. Desde ese momento entendió el porqué ella es de esa manera y rompe la barrera de su propia autoridad médica. Po primera vez en toda la narración de la historia, el doctor hace su trabajo desde la empatía y no la superioridad.
En A face of Stone, William Carlos Williams explora la tensión entre la autoridad médica y la autonomía del paciente mostrando cómo el conocimiento sin empatía puede deshumanizar. A través del doctor, nos revela los peligros de ejercer la medicina desde el orgullo y los prejucios, olvidando que detrás de cada caso hay una historia y una vida que merece respeto. Por otro lado, mediante la madre inmigrante, Williams nos presenta una resistencia silenciosa, defendiendo su valor y el de su hijo ante el trato frío y autoritorio del doctor. Al final, se puede apreciar el cambio del doctor cuando logra comprender el sufrimiento de la madre y actuar con compasión, representando la verdadera lección de la historia.
¿Cómo explora Williams el tema de la autoridad médica/científica y la autonomía del
paciente en esta historia?
En la actualidad, la relación entre médico y paciente sigue marcada por tensiones
entre el poder profesional y la autonomía del individuo. Aunque han pasado décadas desde
que William Carlos Williams escribió su relato, la dinámica que presenta continúa
reflejándose en varios escenarios clínicos. La historia muestra cómo aún con el conocimiento
científico por un lado y la experiencia vivida del paciente del otro, ambos intentan reclamar
cierto control dentro de una interacción desigual. La autonomía del paciente que tiene como
derecho ser escuchado, decidir y participar activamente en su cuidado parece ser limitada por
la prisa, los prejuicios y la falta de sensibilidad del médico. En el relato, la visita de una
familia inmigrante de escasos recursos al consultorio de un médico agotado evidencia la
dualidad entre un profesional respaldado por el prestigio científico y una familia vulnerable
que lucha por mantener su dignidad. Williams utiliza esta interacción para mostrar cómo la
autoridad médica puede imponerse de manera rígida, reduciendo la autonomía del paciente
cuando no se reconoce la experiencia del enfermo como parte esencial del proceso clínico.
Ser médico implica dominar conocimientos técnicos y científicos, pero también
manejar una relación donde el paciente confía en él. El profesional posee el saber y, con él, la
capacidad de tomar decisiones que afectan directamente la salud del paciente. Sin embargo,
esa autoridad puede transformarse en paternalismo si el médico no escucha o no permite que
el paciente exprese sus preocupaciones. En el relato, el doctor asume que su criterio es el
único válido. No pregunta, no busca comprender y reduce la participación de la familia a
obedecer sus instrucciones. Esta dinámica reproduce una situación que aún ocurre, consultas
rápidas donde no hay espacio para considerar el contexto emocional o cultural del paciente,
lo que limita su capacidad de ejercer autonomía. Resulta notable el lenguaje que utiliza el
médico para describir a la pareja con comentarios despectivos “idiotas”, “pobres”, “cara de
piedra” que evidencian los prejuicios raciales y de clase del médico. Un lenguaje que revela
cómo la autoridad médica puede internalizar jerarquías sociales y reproducirlas en el espacio
clínico. La ciencia, que debería ser neutral, se contamina con la impaciencia y la parcialidad
del profesional. Williams muestra que cuando el médico permite que sus prejuicios guíen su
conducta, deshumaniza al paciente y reduce su autonomía.
Aún frente a esa autoridad, en este contexto la autonomía del paciente no desaparece
por completo. La madre del niño encarna una forma silenciosa de resistencia. Aunque el
médico interpreta su actitud como terquedad, su oposición nace de experiencias de trauma,
pobreza y desconfianza hacia figuras de autoridad. Al aferrarse al bebé, negarse a desvestirlo
de inmediato o mantener un semblante rígido, ejerce la poca autonomía disponible para ella.
No tiene poder ni conocimiento médico, pero posee una intuición protectora que el doctor no
reconoce. Su aparente rigidez es, en realidad, una defensa frente a años de marginación.
Williams evidencia que la autonomía del paciente nunca desaparece incluso en condiciones
adversas, se expresa en decisiones pequeñas pero significativas. El padre actúa como
mediador, intentando mantener la calma entre su esposa y el médico. Sin embargo, su
posición refleja el dilema de muchos pacientes que desean recibir ayuda, pero temen perder el
control. Aunque necesitan atención médica, buscan conservar un espacio de decisión y esa
lucha por la autonomía atraviesa toda la narrativa.
Hacia el final del relato, la relación entre el médico y la familia da un giro cuando el
profesional deja su actitud defensiva y reconoce el contexto real en el que vive esta pareja.
Comprende que la madre ha pasado por experiencias traumáticas, que su desconfianza tiene
fundamento y que su actitud protectora no es un desafío a su trabajo. La “cara de piedra” que
caracterizaba tanto a la madre como al médico se suaviza cuando él percibe su sufrimiento y
surge un gesto de empatía que transforma la interacción. Este momento muestra que la
práctica médica puede recuperar su dimensión humana cuando se reconoce la historia y la
autonomía del paciente. Williams explora la autoridad médica y la autonomía del paciente
como fuerzas que a veces compiten y otras se reconcilian. Su relato demuestra que el
conocimiento por sí solo no garantiza una buena práctica clínica. Es necesario la empatía para
que la autoridad del médico no deshumanice al paciente. El mensaje de este relato es claro, la
medicina sin humanidad pierde su propósito; con ella se puede usar para transformar vidas.
A Face of Stone: La tensión entre el poder médico y la humanidad
En A Face of Stone, William Carlos Williams habla de cómo el contacto entre la autoridad
médica y la autonomía del paciente muestra lo más humano y a veces violento de la práctica
clínica. A partir del relato de nuestro narrador, médico que atiende a una pareja inmigrante y a su
bebé enfermo, Williams deconstruye las jerarquías de poder que se esconden tras esta relación. En
lugar de ser un lugar donde se prestan cuidados, la consulta se convierte en un espacio cargado de
tensión, en el que se contraponen la soberbia del conocimiento profesional y la desconfianza del
paciente vulnerable. Lo interesante del relato es que Williams, el mismo médico, no pretende
justificar a su narrador, sino exponerlo, a un hombre que, tras la máscara del conocimiento
científico, muestra su prejuicio, su impaciencia y su dificultad para mirar al otro sin superioridad.
Desde el inicio, el doctor impone su autoridad mediante un lenguaje de desprecio. Sus
pensamientos describen al padre con frases cargadas de racismo como “uno de esos tipos judíos
frescos que uno quiere matar al verlo” y a la madre con un tono de repulsión y con “una cara de
piedra… un animal desconfiado”. Estas descripciones no son simples observaciones, sino
mecanismos de distancia; al deshumanizar a la familia, el médico justifica su falta de empatía y
refuerza su propio poder. La ciencia, representada en su voz clínica y fría, se convierte en una
máscara que le permite dominar, controlar y decidir quién merece atención y quién no. En este
sentido, la autoridad médica aparece no como servicio, sino como jerarquía social que anula la
autonomía del paciente.
Sin embargo, Williams va más allá del retrato del médico autoritario. A medida que el
relato avanza, el texto sugiere una tensión interna en el propio doctor. Aunque intenta mantener la
distancia profesional, no puede evitar sentirse afectado por la humanidad de sus pacientes. La
madre, con su “cara de piedra”, resiste su mirada, su voz y sus órdenes. No habla mucho, pero su
silencio es una forma de autonomía; su negativa inicial a entregar el bebé, su insistencia en
quedarse junto al hijo y su desconfianza son pequeños gestos de poder frente a la figura masculina
y científica del médico. Williams transforma ese silencio en resistencia. La mujer, a pesar de su
condición social y lingüística, se convierte en el símbolo de quienes no poseen el conocimiento
médico, pero sí la capacidad de proteger y decidir sobre su propio cuerpo y el de su hijo.
El cuento también revela la fragilidad del poder científico. Cuando el médico se niega a
visitar al bebé enfermo una noche de invierno, su autoridad se desmorona ante el peso de su culpa.
La ciencia que lo respalda no le ofrece consuelo moral; su razón no puede liberarlo del sentimiento
de haber fallado en su deber humano. Más adelante, cuando la pareja regresa con el niño saludable,
la escena cambia de tono; el médico, cansado y frustrado, vuelve a enfrentar a la misma mujer,
pero esta vez su control se ve amenazado por la empatía. La última sonrisa de la madre, cuando
acepta las pastillas, no es una rendición ante el poder médico, sino un gesto que equilibra la
relación. Por un momento, ambos, médico y paciente, se encuentran en un punto de humanidad
compartida.
A Face of Stone desmonta la idea romántica del médico como figura de autoridad
incuestionable. A través del conflicto entre saber y compasión, Williams muestra que el verdadero
acto médico no ocurre en el diagnóstico, sino en la mirada que reconoce al otro como igual. La
autonomía del paciente, lejos de ser un desafío al conocimiento científico, es su complemento
necesario, ya que, sin ella, la medicina se convierte en un ejercicio de poder vacío. La historia,
escrita por alguien que vivió ambos mundos, el de la ciencia y el del arte, deja claro que la autoridad
médica solo se justifica cuando está al servicio de la dignidad humana. En esa tensión entre la
ciencia y la compasión, Williams encuentra el rostro más profundo de la piedra; el del médico que
finalmente ve reflejada su propia dureza.
“She stood there, holding the baby tight, her face hard, her eyes fixed” (Williams). Desde esa imagen inicial, William Carlos Williams encierra el conflicto central de A Face of Stone: el choque entre la autoridad médica y la autonomía del paciente. La madre, descrita con “una cara de piedra”, representa la resistencia silenciosa frente a un sistema que la mira con desprecio. Su silencio no es pasivo, sino defensivo. Y el médico, atrapado en su propio sentido de superioridad, se convierte en un claro ejemplo de cómo el conocimiento puede transformarse en poder. A través de esa tensión, Williams expone cómo la medicina puede terminar deshumanizando al mismo ser que intenta curar.
El narrador, un médico cansado y prejuiciado, ejerce su autoridad desde el lenguaje. Lo primero que hace no es examinar al bebé, sino clasificar a los padres como “ fresh Jewish types” (Williams). Esta frase, seca y discriminatoria, demuestra que su poder no solo proviene del título, sino también de su capacidad para etiquetar. Cuando Williams describe cómo la madre se aferra a su bebé y evita soltarlo, deja ver que esa desconfianza tiene razones más profundas: “ She held the baby tighter, as if afraid I might take it away” (Williams). La mujer se aferra no solo a su hijo, sino a su última forma de control. Su gesto desafía la lógica del médico, que espera obediencia. A través de este contraste, Williams revela que la autoridad médica, al imponerse sin sensibilidad, convierte el cuerpo del paciente en un territorio de disputa. La madre protege su autonomía no con palabras, sino con su instinto.
La autoridad científica del narrador también se muestra en su indiferencia moral. Cuando la pareja lo llama de noche para pedir ayuda, él piensa: “ Why the hell do they let them into the country?” (Williams). Esta reacción no solo muestra prejuicio, sino una creencia peligrosa: que la ciencia le da derecho a decidir quién merece atención. Williams utiliza esta frase para mostrar cómo el conocimiento médico puede volverse una forma de exclusión. El doctor, que debería curar, juzga. La medicina, en sus manos, se convierte en un instrumento de poder social. Sin embargo, el lector ve más allá: el narrador también está atrapado en su arrogancia, incapaz de reconocer que la autoridad sin compasión es vacía. Williams, que conocía la práctica médica desde adentro, deja claro que el verdadero peligro no está en la ignorancia del paciente, sino en la prepotencia del profesional.
En la segunda parte del cuento, la relación cambia. El médico vuelve a ver a la familia y nota que el bebé está ahora más sano, está gordito y sonriente. El cambio en el niño simboliza algo más grande: la posibilidad de que la medicina y la humanidad existan. Al examinar a la madre, el médico nota sus piernas enfermas, su ropa gastada y el cansancio en su cuerpo: “Her legs were twisted and swollen with varicose veins, her shoes worn through” (Williams). Es la primera vez qué él médico observa sin juzgar. La mujer deja de ser una “cara de piedra” y se convierte en un cuerpo qué cuenta una historia: pobreza, maternidad, supervivencia. Williams muestra que el conocimiento médico solo tiene valor cuando se une al entendimiento humano. La autoridad científica del doctor se debilita, porque la experiencia de la madre tiene un peso que los libros no enseñan y que la vida jamás logrará anticipar.
En el momento cuando el médico le ofrece unas pastillas a la madre y ella le sonríe, esa sonrisa, marca el punto en que la autoridad cede y nace la comprensión. En ese instante, el médico ya no impone; escucha. Y ella, que hasta ese momento había sido la paciente sumisa, recupera poder a través de la confianza. Williams libera toda la tensión del cuento en ese pequeño gesto: el acto de tragar las pastillas es también el de aceptar ayuda sin perder la dignidad. El médico, por fin, deja de ver un “caso” y ve una persona.
Con A Face of Stone, Williams no busca condenar a los médicos, sino revelar la fragilidad del poder que poseen. Su cuento no acusa, reflexiona. Muestra cómo la autoridad científica puede salvar vidas, pero si no reconoce la autonomía del paciente, termina olvidando lo más importante: que detrás de cada diagnóstico hay una persona que siente, teme y espera. Williams escribe desde su doble experiencia de poeta y médico, y precisamente por eso entiende que curar no solo requiere conocimiento, sino sensibilidad.
El autor no dibuja héroes ni villanos, sino seres humanos enfrentados a sus límites. El médico del cuento, con toda su arrogancia, representa una realidad incómoda: la medicina, sin compasión, puede transformarse en un mecanismo deshumanizado. La madre, por otro lado, encarna la resistencia de quienes no entienden el idioma del poder, pero sí el del instinto y el amor. Williams muestra como una interacción mínima, la mujer con su silencio, nace algo que va más allá del deber profesional: una conexión humana, porque el médico entendió que curar no significa mandar, y que la confianza no se impone, se gana.
En ese momento, la historia deja de ser solo sobre la medicina. Se vuelve una reflexión sobre el poder, la empatía y la necesidad de mirar al otro con humildad. Williams nos recuerda que hay algo profundamente humano en reconocer nuestros límites, en aceptar que el conocimiento sin compasión se queda corto.
La ciencia por sí sola, no basta… La empatía no es un detalle opcional, sino el centro del acto de sanar. En ese cruce entre la fragilidad del paciente y la arrogancia del médico, el cuento revela una verdad sencilla, todos necesitamos ser vistos, escuchados y comprendidos. Porque la medicina no debería ser un ejercicio de poder, sino un acto de amor hacia la fragilidad humana. Es aceptar que cada paciente trae consigo una historia, un miedo, una pérdida o una esperanza, y que exigen respeto. Williams nos recuerda que el verdadero progreso de la medicina no depende solo de los avances científicos, sino de la capacidad de los médicos para conservar su humanidad. Al final, Williams no busca que sintamos lástima, ni admiración, sino conciencia.
“A face of stone” and how empathy fatigue affects patient autonomy.
In medicine, the line by which a doctor must act in the patient’s best interest is often very
fine. As a profession where the livelihood of individuals depends on their own actions, it is
common to see doctors become numb to the suffering of their patients. As humans, we are never
immune to personal bias, and in the work of medical professionals (who constantly treat multiple
patients each day) it is easy for personal bias to cause conflict between the roles of the
professional and patient. The story “A Face of Stone” by William Carlos Williams explores these
themes and delves into the ethics of medical fatigue and the implications this has on medical
treatment. This essay seeks to analyze how the roles between patients and medical practitioners
are portrayed in the story.
From the very beginning of “A Face of Stone,” Williams introduces the protagonist in a
negative light by demonstrating his disdain toward incoming immigrant patients who are being
attended close to the end of his shift. The first words of the story include descriptions such as “a
half-insolent look in his eyes” and “a stoutish individual in a greasy black suit,” which subverts
the commonly held views of what is expected of family physicians. Through this introduction, it
becomes clear that the doctor harbors resentment toward his patients and treats them in a
begrudging, almost contemptuous manner unfit for any professional in the medical field. By
writing the story from the doctor’s perspective, the reader is forced to see through the eyes of a
fatigued and judgmental physician. In doing so, Williams also illustrates how daily work and
long shifts can lead to irritation toward patients who commit minor infractions, such as arriving
late. Through this perspective, Williams portrays how a profession built on ethics and care can
still produce professionals who mistreat their patients, often justifying their behavior as a
response to inconvenience.
Williams also explores how figures of medical authority often judge their patients due to
their fear of non-existent diseases while forgetting the circumstances and context of their
patients. This idea is emphasized when the doctor becomes frustrated with the couple who
anxiously request a checkup for their baby. The scene highlights several key issues within the
medical field, particularly the imbalance between professional knowledge and patient
understanding. Despite the parents’ sincere concern for their child’s health, the doctor belittles
their worries and treats them as a waste of his time. This moment also reveals the power dynamic
between doctor and patient, showing how the authority of medical knowledge can suppress
patient autonomy. Moreover, the mother’s defensiveness and lack of trust toward the doctor
during this scene serve as a reminder of how previous negative experiences with medical
professionals can create lasting skepticism.
In a world where a patient’s life depends on a doctor’s judgment, the seeds of distrust can
easily grow into conflict and hinder proper treatment. Williams reinforces this tension by
depicting the mother’s reaction when the doctor finally shows a moment of empathy as shown by
her subtle smile at the end. Through this subtle detail at the end, Williams shows how
compassion and understanding can bridge the gap between patient and physician. In a poetic
way, although the doctor is initially portrayed in a negative light, by the end of the story he learns
to respect his patients and see their humanity. This gradual shift serves to highlight how the
doctor’s alienation from the patients is all it took to create a divide during the treatment process.
“A Face of Stone” ultimately demonstrates why empathy and ethics matter beyond simple social
courtesy. Despite the great responsibility that medical professionals hold, it is too often that we
see cases of malpractice or emotional detachment caused by a lack of understanding of the
patient’s context. By initially showing the doctor as biased and fatigued, Williams reveals how
personal prejudice and professional exhaustion can distort moral judgment, and how the
restoration of empathy can transform both doctor and patient.
En “A Face of Stone”, William Carlos Williams examina la tensión entre la autoridad médica y la autonomía del paciente, revelando cómo la práctica de la medicina puede reflejar las jerarquías sociales más amplias. Como escritor y médico, Williams redactó desde un punto de vista dual, comprendiendo la distancia emocional que surge cuando la autoridad científica sustituye a la empatía. Lo que comienza como una simple consulta médica termina convirtiéndose en una crítica sobre cómo el conocimiento puede usarse para dominar en lugar de sanar. Desde el primer párrafo, el narrador, quien también es el médico, muestra un profundo prejuicio hacia la pareja de inmigrantes que visita su consultorio. Se burla de su apariencia, su olor y su forma de hablar, tratándolos como inferiores. A través de este tono, Williams demuestra cómo la autoridad médica suele reflejar las desigualdades sociales. La educación y la posición del doctor le otorgan un sentido de superioridad que va más allá de lo profesional: asume una dominancia moral e intelectual. En sus manos, la ciencia se convierte en un instrumento de poder, y los pacientes, en objetos de observación; no como seres humanos que necesitan cuidado.
La mujer, descrita con una “cara de piedra”, desafía ese desequilibrio. Aunque apenas habla, su silencio se convierte en una forma de resistencia. Cuando se niega a soltar a su bebé, afirma su autonomía de la única manera que puede: aferrándose. Para el médico, este gesto parece ignorancia; para el lector, es valentía. Williams transforma su silencio en un símbolo de dignidad y perseverancia. Su desconfianza no proviene de la torpeza, sino de la necesidad de protegerse, de resistir el juicio constante. A través de ella, el cuento muestra que la autonomía del paciente no siempre se expresa con palabras, también puede manifestarse mediante la actitud, el desacuerdo y la firmeza. A medida que la historia avanza, la autoridad del médico comienza a debilitarse. Se muestra frustrado, cansado y, por momentos, reflexivo. Cuando finalmente examina a la mujer y percibe en su cuerpo las huellas de una vida dura y empobrecida, empieza a sentir compasión. Por primera vez, la ve como una persona, no solo como un caso clínico. Este instante de empatía representa un cambio: el médico redescubre la humanidad detrás de la ciencia, y su poder se vuelve menos absoluto.
En la escena final, la mujer sonríe, y ese gesto sutil tiene un enorme significado. No es una sonrisa de sumisión, sino de conexión. Esa breve mirada compartida rompe la distancia entre ambos, sugiriendo que la verdadera medicina nace de la comprensión y no de la autoridad. En última instancia, “A Face of Stone” demuestra que la autoridad científica, cuando se ejerce sin empatía, puede arrebatar la autonomía del paciente. Sin embargo, Williams también muestra que, incluso dentro de estructuras desiguales, la humanidad puede abrirse paso. La verdadera curación, sugiere, comienza en el momento en que el poder cede espacio a la compasión.
En A Face of Stone, la historia familiar de Williams, sobre todo su herencia judía, ayuda a explicar la tensión entre ser compasivo y actuar rápidamente en la medicina. Su abuelo, Soloman Hoheb, era parte de la comunidad cripto-judía de Mayagüez, donde practicar el judaísmo era ilegal. Esto significa que tenía que vivir con precaución, ocultar su fe y tomar decisiones importantes bajo presión constante. Esta experiencia de vida bajo vigilancia y riesgo es similar a la que enfrentan los médicos hoy en día: tienen que tomar decisiones rápidas en situaciones críticas, pero al mismo tiempo deben preocuparse por la dignidad y el bienestar de sus pacientes.
La historia de los antepasados de Williams también muestra la importancia de la ética y la responsabilidad. Así como su familia tuvo que equilibrar la seguridad con sus valores, los médicos deben equilibrar la rapidez con la compasión. No basta con actuar rápido; cada paciente es un ser humano con emociones, miedos y derechos. La herencia cultural de Williams resalta que la compasión no es opcional, sino un aspecto esencial del cuidado, incluso cuando hay presión.
Además, esta herencia judía da un sentido de memoria histórica y respeto por la humanidad de los demás. Los cripto-judíos de Puerto Rico mantuvieron sus tradiciones y su identidad a pesar de vivir bajo miedo y represión. De manera similar, los médicos deben mantener su humanidad y su ética incluso cuando la situación exige decisiones rápidas. La historia de Williams nos recuerda que la vida de otra persona depende de cómo se equilibran estas fuerzas: la urgencia y la empatía.
Por último, esta conexión entre su historia familiar y la medicina moderna hace que A Face of Stone sea más significativa. Nos muestra que los problemas éticos no son solo teoría: son reales, se sienten y afectan a la gente directamente. La herencia judía de Williams nos permite ver que la compasión bajo presión es un desafío antiguo, y que aprender de la historia puede ayudarnos a tomar mejores decisiones en el presente.
En conclusión, la historia familiar de Williams ayuda a entender la tensión entre compasión y prisa en la medicina. Su linaje judío, con experiencias de supervivencia, ética y cuidado, refleja cómo la historia y la cultura influyen en nuestra forma de actuar con otros. Esta perspectiva hace que la historia sea más profunda y nos recuerda que incluso bajo presión, la humanidad y la compasión nunca deben perderse.
Si es una costumbre colocarse piedrecitas encima de lápidas judías (conocidas como “Piedras de la Visitación”), ¿qué papel juega este símbolo en las complejidades morales (y el título) de la historia?
En la tradición judía, cuando alguien visita una tumba no lleva flores, sino que deja piedrecitas. La razón es sencilla: las flores se marchitan rápido, pero las piedras duran. Son un símbolo de permanencia, de memoria y de respeto. Williams, en su cuento A Face of Stone, usa esa misma idea de la piedra para hablar de algo más humano: la resistencia y la fuerza de la madre frente al médico.
La “cara de piedra” que el doctor describe en la mujer no significa que ella sea fría, ni que no le importe lo que pasa. Al contrario, es todo lo opuesto. Esa firmeza es su manera de proteger a su bebé y de no dejar que la autoridad del médico borre sus miedos o su intuición. Para el doctor, acostumbrado a tener la razón y que le hagan caso, esa actitud parece un problema. Pero para ella no, es más bien es dignidad y defensa.
Aquí entra lo interesante: la familia de Williams tenía raíces judías escondidas. Su abuelo Solomon Hoheb formaba parte de la comunidad criptojudía de Mayagüez, gente que se veía obligada a aparentar ser católica en público, mientras guardaban su fe en secreto (UPRM, 2024). Esa historia de vivir en silencio, de proteger lo propio aunque el mundo lo prohibiera, conecta con la actitud de la madre en el cuento. Ella cumple lo mínimo de lo que el médico pide, pero no entrega del todo su confianza ni su poder como madre. Ella sigue su instinto por encima del médico, así como seguían su creencia por encima de lo que la humanidad esperaba o exigía.
El símbolo de la piedra aquí funciona de dos formas distintas. Para el médico, representa un obstáculo, algo que frena y hasta cuestiona su trabajo. Para la madre, por su parte, es todo lo contrario: es la forma de mantenerse firme, de decir “yo también tengo voz en lo que pasa con mi hijo”. Situación que si traes al mundo contemporáneo pasa demasiado, ya que la nueva generación de madres jóvenes es una que se educa, sigue su instinto y lucha contra viento y marea por el bien de los hijos. Continuando, en ese choque se ve la tensión moral del cuento: “¿Hasta qué punto puede decidir la ciencia, y en qué momento debemos escuchar la voz y la vivencia de quien sufre o de quien cuida con amor?“
Lo más poderoso de esto es que nos recuerda algo demasiado importante: la medicina no es solo ciencia, también es humanidad. No basta con tener el conocimiento, hay que saber escuchar. Porque a veces, los pacientes o sus familias no dicen mucho… pero sus gestos, sus silencios, incluso una mirada profunda o una “cara de piedra”, dicen más que mil palabras. Son como una piedrecita en una tumba, algo discreta, callada… pero cargada de amor, de duelo, de historia. De miles de emociones y pensamientos que pasan mientras los familiares hacen silencios… Entender el lenguaje corporal es igual o más importante que entender la ciencia.
En conclusión, Williams muestra que la dureza de la madre no es un defecto, sino un recordatorio de que la vida y el cuidado no se pueden reducir a órdenes médicas. Es en definitiva una posición de carácter y valentía. La piedra del título es memoria, resistencia y dignidad. Nos recuerda que detrás de cada paciente hay alguien que merece ser respetado, aunque su resistencia incomode o retrase el proceso. No debemos dejar de ser humanos cuando somos profesionales. Ahí está la oportunidad que el médico debe trabajar…
La obra “A Face of Stone” dramatiza una tensión importante en la práctica médica, el conflicto constante entre la compasión que requiere tomarse el tiempo con los pacientes y la prisa que viene con el trabajo, los horarios y el cansancio. En el caso de Williams, esta tensión se comprende mejor si se mira su historia familiar judía. Su abuelo Soloman Hoheb, era parte de los cripto-judíos de Mayagüez quienes eran personas que tenían que esconder su fe. Ese pasado de persecución y de vida oculta puede haber hecho que Williams sintiera más comprensión por el sufrimiento escondido en los demás y viviendo la presión de ser un médico que debía ser rápido y eficiente. Esa mezcla entre las dos cosas marca toda la historia. Desde el principio el doctor muestra impaciencia, antes de examinar al bebé ya juzga a los padres por su apariencia y forma de hablar. Dice comentarios como que personas así pertenecen a clínicas o que tiene que ir a su casa a almorzar. Su prisa es más por prejuicio que por falta de tiempo. En vez de personas, ve estereotipos y cuando decide no salir una noche fría para atenderlos, se ve hasta dónde llega ese límite de compasión.
Poco a poco el cuento cambia, cuando se empieza a ver la historia real de la pareja, la mujer con problemas físicos por la pobreza y hambre que vivió de niña en la guerra, en Polonia, donde perdió a toda su familia. El esposo se preocupa por ella y la ama aunque se ve molesto. Cuando el doctor ve esto, dice que se sintió tocado y algo dentro de él cambia, logra verlos como personas con dolor, historia y miedo, los empieza a ayudar de verdad. Es ahí donde entra su historia familiar, los judíos de Mayagüez, como su abuelo, vivían entre lo público y lo escondido. Williams enseña esa misma idea en el cuento, lo que se ve como la ropa y el aspecto y lo que no se ve como el amor o la pérdida. El médico también vive esa lucha entre lo profesional que lo obliga a seguir las reglas y tiempo, y su lado humano que no lo deja pararse y escuchar. Uno de los momentos más memorables del cuento es cuando la mujer sonríe por primera vez al ver las pastillas, significaba mucho ya que representa el instante en que el doctor deja a un lado la prisa y prejuicios y conecta con su compasión. Por lo tanto, las raíces judías del médico no solo influyen en su actitud inicial de prisa, rechazo y hostilidad, sino que también ayudan a comprender como logra cambiar esa actitud hacia la compasión y el trato a pacientes. Este conflicto refleja una lucha interna entre su identidad profesional y su cultura al verse con personas que le recuerdan a la misma y a la historia de sus antepasados que se escondían para sobrevivir. Esto puede verse como un proceso de descubrimiento donde se da cuenta y recupera su humanidad, sirviendo con empatía y respeto.
En A Face of Stone, el narrador—médico y máscara literaria de William Carlos Williams—oscila entre un desprecio precipitado y ráfagas de compasión práctica. Esa ambivalencia moral puede leerse no solo como un retrato del cansancio profesional, sino también como la resonancia de una biografía atravesada por identidades dobles y memorias de clandestinidad: el linaje criptojudío en Mayagüez que usted menciona sitúa a Williams en una tradición donde la pertenencia se negocia entre lo visible y lo oculto. Esa historia familiar provee una clave para entender por qué, en el cuento, la prisa del médico convive con una sensibilidad que, aunque tardía, quiebra la dureza de su juicio.
Primero, la lógica de la clandestinidad—practicar una fe en privado y otra en público—instala una conciencia de máscaras. En el relato, las “caras” son centrales: el marido “fresh Jewish type” y, sobre todo, la esposa con su “face of stone”. El médico lee esas caras de forma inmediata y prejuiciada, como si lo visible agotara lo verdadero. Sin embargo, la narrativa lo obliga a atravesar la máscara: la mujer no es “estupidez” ni “suciedad” esencial, sino trauma histórico encarnado (rickets, venas varicosas), migración, duelo y maternidad ansiosa. La biografía de Williams—descendiente de una comunidad obligada a encubrir su identidad—puede haber aguzado su interés por esa fricción entre apariencia y realidad: la cara de piedra no niega la humanidad; la resguarda. La compasión del médico surge exactamente cuando logra mirar “a través” de la máscara, del mismo modo que una cultura cripto enseña a leer signos no declarados.
Segundo, esa herencia también ilumina la tensión entre tiempo y cuidado. La experiencia histórica de persecución imprime urgencia: sobrevivir requiere decisiones rápidas y economías severas. En la consulta, el médico repite “I got to go” y rechaza visitas en la noche helada; su ética profesional está asediada por la escasez (de dinero, de horas, de paciencia). Pero cuando emerge la historia de la mujer—guerra, hambre, pérdidas—la temporalidad cambia: el examen se prolonga, se observa con detalle la curvatura de las piernas, se recomiendan zapatos, vendas, y finalmente se ofrecen pastillas no como atajo, sino como gesto de alivio situado. Es decir, la prisa funcional da paso a una compasión informada por memoria: comprender contexto transforma el tempo del cuidado. En clave biográfica, un descendiente de una minoría históricamente marginal puede intuir—aunque sea de modo conflictivo—que el tiempo clínico no puede separarse del tiempo histórico.
Tercero, la doble conciencia ligada a la alteridad judía ayuda a explicar el tono contradictorio del narrador: sátira cruel y ternura súbita. El cuento comienza con estigmas (olor, “greasy suit”, “dumb oxen”), pero culmina con una sonrisa compartida cuando la mujer acepta las pastillas. Ese giro no es sentimentalismo; es reconocimiento. El médico percibe la “vergonzosa” devoción del marido por su esposa y, en ese reflejo, mira sus propios límites. La herencia de una identidad marcada por el prejuicio puede haber dotado a Williams de una sensibilidad para representar cómo el desprecio social opera, incluso, en sujetos que podrían ser sus víctimas—y sus herederos. De ahí la potencia ética del cierre: una mínima transacción terapéutica deviene reparación simbólica.
En suma, las raíces judías de Williams no “explican” el cuento de forma lineal, pero sí ofrecen un marco: 1) leer más allá de las máscaras; 2) enlazar tiempo clínico y tiempo histórico; 3) dramatizar una conciencia dividida entre la eficiencia (la prisa) y la obligación de reconocer al otro (la compasión). A Face of Stone se vuelve así una parábola de la atención: solo cuando el médico deja de medir al paciente por su “superficie” y escucha lo que esa superficie resguarda—hambre, exilio, amor—su práctica recupera su sentido humano.
En “A Face of Stone”, Williams explora el tema de la autoridad médica al presentar a un doctor que ejerce un poder socialmente otorgado por su profesión. Desde el inicio, la familia deposita en él confianza y dependencia: “My brother says you’re the best baby doctor around here.” La figura del médico se convierte así en una representación de la ciencia y la cura, lo cual limita la autonomía del paciente, pues sin él no podrían atender la salud del bebé.
Por otra parte, William revela que esta autoridad se ve teñida por prejuicios sociales y morales. Antes de siquiera escucharlos, el doctor los describe como inferiores y “pobres presumidos”. Desde esa percepción despectiva, invalida sus derechos y sus decisiones como pacientes. La madre claramente enfrentaba problemas de confianza respecto a que tocaran a su bebé, pero se vio obligada por la salud de él. El bebé es la única familia de ella (además de su hermana), así que se ata a él y lo cuida como si aún estuviese en la guerra. En vez de el doctor empatizar, mostrar amabilidad y comprensión, abusa del poder que tiene dado a su posición. Que cabe destacar que ese poder es otorgado por la sociedad que se supone que el sirve, proteja y defienda. Existe la ética y la ley que son dos cosas completamente diferentes. La ley te dicta lo que puedes hacer y la ética lo que debes hacer. Pone un límite claro, ya que tiene “vida personal”. A pesar de la falta de respeto que el doctor ejerció sobre ellos, fueron nuevamente, esperando como cualquier otro, pero cuando se percató de que eran ellos, nuevamente los trató diferente.
El ser doctor en el los tiempos de antes y en el presente es algo que se admira, valora y respeta. Se asocia con el compromiso de salvar vidas y gozar de una economía alta, pero realmente es como cualquier otro trabajo, solo que quizás más ajetreoso. Todos de alguna manera u otra aportamos un granito de arena en la sociedad que de manera directa o indirectamente puede aportar para salvar una vida. Como mínimo oportará hacía una mejor calidad de vida para la sociedad, pero por alguna razón la sociedad eleva a los médicos a una posición de superioridad casi incuestionable, asociada al prestigio y al poder sobre la salud. Esto puede generar abusos y deshumanización del paciente: ya no son vistos como individuos con derechos, sino como cuerpos a tratar o ignorar según convenga. En la historia, el médico solo llega a empatizar cuando comprende el sufrimiento real de la mujer, revelando que la autoridad médica debe estar acompañada de humanidad para no convertirse en opresión. Se crea una dependencia de “mi vida depende de ti”.
“A Face of Stone” by Williams Carlos Williams is a short story about a doctor’s constant sentiments of annoyance towards a Jewish couple who just wants to get their infant child checked up. This story explores how the doctor’s lack of compassion and willingness to help this couple can stem from prejudicial racism due to them being immigrants, and how this behavior can negatively affect said couple because of the doctor being in a position of authority, him being their only way to get the medical assistance they need. It also explores the patients’ family dynamic, and how due to certain circumstances, the mother heavily relies on the father and even her own survival instincts, and how the doctor’s demeanor completely switches up once he learns about said circumstances the couple had to deal with in their past.
The very first time the doctor interacts with the couple, he completely lacks any form of compassion and a desire to aid them, making blatant racist remarks to himself about them being immigrants, taking advantage of people’s good nature, among more prejudicial comments along those lines. The couple had to deal with his aggressively dismissive behavior at no real fault of their own due to the doctor letting his own hatred get in the way of his work, taking advantage of his position of authority to practically command them on what they should do instead of just giving their baby a normal check-up, as they were attempting to request. It is here that the parents’ dynamic is somewhat explored, as the mother was reluctant to follow the doctor’s instructions because she was scared he would hurt the child, thus making the father have to deal with the situation mostly on his own. The second time they physically interacted was several months later, and even though the doctor kept up his prior behavior initially, he progressively let his judgements fade away as he learned more about the couple. Eventually he learned that the mother was from Poland and lost everyone she knew in a war, and it was then where he was able to open up room for compassion and understanding, finally being able to be trusted by the couple in the end.
This story manages to explain the unbalanced power dynamic between the doctor and his patients, and the ways said power can be abused through prejudices; and it also highlights the type of struggles that patients can experience, mostly having to rely on the willingness to help that someone on a position of authority in medicine can sometimes completely lack, therefore being forced to stand their ground to get the help they need.
William Carlos Williams y la pareja en su escrito “A Face of Stone” comparten la experiencia de ser inmigrantes judíos, la cual en muchas ocasiones incluye experimentar xenofobia, prejuicios y opresión por parte de otros. Su familia se vio obligada a esconder sus prácticas y creencias para ser aceptados en el país, probablemente vivieron con temor de ser descubiertos y por consecuencia castigados o privados de su libertad y derechos básicos. En un lugar donde tu gente no es bien recibida, naturalmente lleva a desconfiar, estar alerta y crear barreras emocionales como mecanismo de defensa y supervivencia. En la lectura la esposa muestra un “rostro de piedra” que pareciera reflejar una “desconfianza animal”, como si “detectara peligro” y estuviera “en guardia”. Estaba a la defensiva como si ya conociera el trato que iba a recibir por parte del doctor, y efectivamente, el doctor la juzga por su apariencia y los categoriza bajo un estereotipo. Este prejuicio es seguido de una actitud molesta, de irritación, impaciente y con deseo de irse sin atenderlos.
En el campo médico, el deber del especialista es proveer sus servicios a los pacientes independientemente de su etnia, religión, edad, género, ideales, lugar de proveniencia, entre otras cosas. La xenofobia y prejuicios por parte del doctor equivalen a un “malpractice” y falta de profesionalismo, compasión y empatía. Para un médico la compasión es crucial, solo así se logra identificar el método u tratamiento que mejore la calidad de vida del individuo, la cual es la meta principal en la profesión. A lo largo de la lectura la mujer desconfiada y el doctor despectivo forman un ambiente tenso que prolonga el dolor y sufrimiento de la mujer. El doctor, por insistencia del esposo, cede a escuchar a la pareja, conoce su historia y su corazón se conmueve. Olvida el prejuicio y comienza a tener compasión que es reflejada en su cambio de actitud, tono, vocabulario y disposición. Luego de la ayuda las barreras de defensa contra el peligro de la esposa fueron tumbadas y su “rostro de piedra” se suavizó con una sonrisa.
La historia es ejemplo de que el nivel de humanidad aumenta con compasión y empatía pero se interfiere cuando juzgamos y etiquetamos. La injusticia y la diferencia en trato en Puerto Rico tenía como base el prejuicio y discriminación hacia la población judía, de igual forma, el doctor con la misma base brindó un servicio mediocre al paciente. La familia de Williams y la pareja fueron ambos etiquetados y definidos bajo un falso estereotipo sin ser ofrecidos la oportunidad de contar su historia. Claramente, “A Face of Stone” es una historia que refleja las vivencias y emociones de Williams y su familia, él reconoce que un país u profesión que trabaja para el pueblo y la gente nunca debe olvidar la compasión, pues esta es la que nos une y nos hace más humanos.
En “A Face of Stone” de William Carlos Williams, el autor explora el desequilibrio de poder entre la autoridad médica y la autonomía del paciente en una tensa historia sobre un médico judío que atiende a una pareja y su bebé. A través de la historia, Williams muestra cómo las diferencias culturales, los prejuicios y las presiones laborales influyen en la lucha del médico por equilibrar la frustración con la compasión. El narrador, un médico, atiende a una familia inmigrante pobre cuyo bebé supuestamente está enfermo. La madre desconfía del médico, mientras que el padre negocia e interpreta por ella. Al principio, el médico se siente frustrado por su insistencia, su falta de conocimiento y su lenta cooperación, lo que revela la tensión entre su autoridad profesional y la autonomía de la familia. Se siente superior a ellos y los insulta mentalmente, hablándoles en lugar de hablar con ellos y esperando obediencia. Pero Williams muestra momentos en los que la autonomía del paciente se impone, como cuando la madre se niega a darle el bebé al médico o resiste desnudarlo. La familia también espera dos horas para ser atendida un día, lo que resalta cómo los pacientes dependen del sistema médico y, al mismo tiempo, ejercen control sobre su propio cuidado. Aunque el narrador de Williams muestra prejuicio, impaciencia y molestia, poco a poco comienza a comprender sus dificultades, incluida la experiencia de la esposa como inmigrante afectada por la guerra.
Williams era parcialmente puertorriqueño y judío. Crecer en una comunidad donde era tratado como un extraño debido a su origen judío e inmigrante le permitió familiarizarse con los prejuicios, los estereotipos y los malentendidos culturales. Sus raíces en culturas marginadas e inmigrantes le ayudaron a retratar con precisión cómo se juzga a los inmigrantes, cómo el trauma moldea el comportamiento y cómo los médicos pueden no ver la humanidad de los demás. Esta perspectiva permite que el médico, a pesar de su frustración e impaciencia inicial, desarrolle finalmente compasión por la pareja. La prisa y la irritación del médico también provienen de sus condiciones de trabajo.
Como médico en ejercicio, Williams experimentó jornadas largas y agotadoras, salas de espera saturadas, presión económica y agotamiento emocional. Esto generó una prisa natural en sus acciones; estaba apresurado, cansado y molesto por la resistencia de la madre con su bebé. La tensión entre la compasión y la prisa surge de la doble identidad de Williams: el médico en él
conoce las presiones y frustraciones de la práctica médica, mientras que la persona culturalmente marginada entiende la vulnerabilidad y humanidad de quienes a menudo son juzgados o ignorados.
En “A Face of Stone”, Williams utiliza las interacciones entre el médico y la familia inmigrante para mostrar el equilibrio entre la autoridad profesional y la autonomía del paciente. La historia ilustra cómo las diferencias culturales, los prejuicios y las presiones del sistema pueden desafiar la empatía en la medicina, al mismo tiempo que muestra que la compasión puede crecer cuando se reconoce la humanidad y las dificultades de los demás. El propio trasfondo de Williams como judío inmigrante informa esta representación matizada, enfatizando que la comprensión y la paciencia son esenciales para cerrar la brecha entre autoridad y cuidado.
En la lectura “A Face of Stone” Williams explora el tema de la autoridad médica-científica y la autonomía del paciente mediante un desbalance en las dinámicas de poder; creando una tensión entre la autoridad del médico y la experiencia de los pacientes que buscan ayuda. El narrador comienza observando las expresiones y los rasgos físicos de los clientes, especulando sobre su etnicidad y sus vidas personales; observaciones por las que luego basa la trata y la calidad del servicio. La despersonalización y el prejuicio de parte del médico habilitan aún más las estructuras sociales que reducen a las personas a estereotipos o a conjuntos de síntomas y necesidades biológicas, sin considerarlos como personas con su propio ente. La descripción de la mujer como “a face of stone” puede ser interpretada como una forma de resistencia y desconfianza en el sistema médico a base de experiencia previa, debido a que la actitud del narrador muestra falta de empatía y complicidad. Sin embargo, ocurre un dilema ético entre la experiencia y práctica médica, y la experiencia vivida por el paciente. Williams no simplifica la cara de piedra de la mujer a un diagnóstico, sino que reconoce la persona detrás de la mirada. La identidad de Williams como médico y poeta demuestra como la medicina se vuelve más confiable al reconocer y respetar la dignidad y la experiencia de cada individuo que recibe un diagnóstico. La autonomía del paciente no solo reside en la resistencia ante la autoridad, más bien revela un problema ético que exige más entendimiento en la práctica médica y las maneras en que se lee el ser humano. De tal manera que el contrapeso entre las dinámicas de poder, y el saber y el sentir del ser humano, es explorado de forma única en la literatura de Williams.
Paola Roldán Crespo
“A Face of Stone”, written in 1934 by William Carlos Williams, is a short story that follows a doctor treating a young Jewish-Polish couple with a baby while navigating his own prejudice, indifference and exhaustion at work. The author, having both a medical background and a mixed heritage, can understand the challenges that come from owning a general practice while being empathetic towards the couple’s lived experiences. With his work, he explores the doctor-patient treatment that reduces patient autonomy, causes tension, and questions whose heart is really made of “stone”.
The story begins with an introspective view of the doctor’s thoughts towards the patient’s appearance. “HE WAS one of these fresh Jewish types you want to kill at sight, the presuming poor whose looks change the minute cash is mentioned.” (Williams 1). From the beginning the reader can observe the doctor’s sense of animosity towards the man and his wife (who he wrongly deduces is Italian). He remarks often that her face has no expression; “A face of stone” (Williams 1). He begins to treat the baby with an annoyed expression and refuses to help the couple at late hours of the night because he is “busy”. His actions do not go hand in hand with a job that exists to help people. An interviewer called John Gerber once had a chance to talk with Williams about his life and career on a rainy day in 1950. He asked him about his experience as a general doctor and pediatrician. In his response, he critiqued doctors who “survive” by taking advantage of the less fortunate. He stated: “I don’t like the person who takes the poor guy and soaks his wife two hundred and fifty dollars for a cesarean section, and then twenty-five dollars for a circumcision, when he hasn’t even enough to eat. Now that’s the kind of thing that brings medicine into disrepute, and it’s done all the time.” (Wallace 142) The “disrepute” mentioned is present in the story, shown directly by the mother who is distrusting in letting the doctor handle her baby.
In the story, there seems to be a battle on who knows what’s best. The mother often refuses to let go of the child, and her stubbornness is rooted in distrust. Medicine Net defines patient autonomy as “the right of patients to make decisions about their medical care without their health care provider trying to influence the decision. Patient autonomy does allow for health care providers to educate the patient but does not allow the health care provider to make the decision for the patient.” (Berstein) For a patient to make a decision, the doctor has to provide options and knowledge. In the story, the doctor’s answers are short and sweet. The patients in the story often exercise autonomy in their health decisions because they are unable to comply with the doctors’ requests, not because they have sufficient information to decide what to do. This causes frustration in the doctor who believes he is suggesting the right thing. “Do you mean to say that after what I told you last time, you haven’t weaned the baby? – What can she do, Doc. She tried to but he won’t let go of the breast. You can’t make him take a bottle.” (Williams 5) In the story, the doctor is quick to give his opinion on whether the lady should get operated on, what the baby should eat and brings his scientific knowledge to the table, at the end convincing her to take a painkiller. However, his intellectual capabilities should also be matched with an ethical code.
“A face of Stone” is a story that takes reader in a journey of a doctor and his “difficult” patients. The doctor is the first to show prejudice towards the family. Then, as distrust builds up, the couple, rooted in desperation and discomfort, struggles to take care of their baby. There is a back and forth between control that can only be solved through mutual cooperation and compassion towards the patient’s needs. When healthcare addresses more than just the physical body, it cannot be allowed to be treated with a heart of stone.
En “A Face of Stone,” William Carlos Williams presenta la relación entre el médico y los pacientes como una batalla constante entre autoridad y autonomía, donde ambos lados parecen necesitar algo del otro pero no saben comunicarse. Desde el comienzo, el doctor deja claro que se siente por encima de la pareja inmigrante. Los critica, los juzga por su apariencia, por su olor, por su forma de hablar. Es como si él diera por hecho que su título le da permiso para tratarlos con impaciencia y hasta con cierto desconsideración. Ese tono revela que, para él, la medicina no es solamente cuidar, sino también establecer control. La madre, en cambio, representa todo lo que él no entiende, una mujer que no suelta a su bebé, que no quiere ponerlo en la mesa de examen, que mira al doctor con miedo y desconfianza. Para el médico, esos gestos son terquedad pero para ella, son protección. Y esa diferencia es lo que crea tensión. Él piensa que su autoridad es suficiente, mientras ella piensa que su instinto también. La dinámica cambia cuando la pareja insiste, hasta casi obligarlo, en atenderlos después de esperar horas o en pedirle que examine también a la esposa. Aquí se siente que, aunque pobres y marginados, ellos también reclaman un tipo de poder, eso es el derecho a ser escuchados, atendidos y tomados en serio. Pero el punto clave ocurre cuando el doctor finalmente mira las piernas deformadas de la mujer y descubre la historia que hay detrás, la guerra, la pobreza, la pérdida de toda su familia. Es la primera vez que él deja de verla como una inconveniencia y empieza a verla como alguien que ha sobrevivido demasiado. Ese momento lo humaniza, lo saca de su papel de “experto” y lo confronta con la realidad de que su autoridad no significa nada si no es capaz de entender a la persona que tiene alfrente. El final, cuando la mujer sonríe por primera vez al aceptar las pastillas, es pequeño pero importante. Ella decide por sí misma, sin miedo, sin presión. Williams muestra que la medicina funciona mejor cuando la autoridad del doctor no aplasta la autonomía del paciente, sino que se combina con ella. Al final, no se trata solo de quién sabe más, sino de quién está dispuesto a ver al otro como ser humano.
En “A Face of Stone”, William Carlos Williams examina la relación entre médico y paciente desde una mirada inhumana, revelando la tensión entre autoridad profesional, prejuicio, fatiga y humanidad. A través de la narración en primera persona, el cuento presenta la fricción entre la autoridad del médico y la autonomía de la pareja inmigrante que asiste a su consulta. El “rostro de piedra” de la mujer y las raíces judías del autor contribuyen profundidad simbólica a la exploración de compasión, prisa y juicio moral que transpone toda la historia.
Desde el inicio, Williams presenta a un narrador cuya autoridad médica se mezcla con prejuicios y cansancio. El médico observa a sus pacientes judíos e inmigrantes con condescendencia explícita, llamándolos “poor presuming Jews” y “dumb oxen”. Estos juicios revelan cómo la autoridad científica puede deshumanizar, reduciendo a los pacientes a estereotipos y nublando la percepción clínica. El conflicto se intensifica cuando la madre se niega a entregar al bebé para el examen. Su resistencia —descrita por el narrador como una terquedad casi animal— funciona en realidad como un acto de autonomía en un espacio donde ella carece de poder. Su “cara de piedra” simboliza una barrera de desconfianza forjada por su vulnerabilidad migratoria, lingüística y corporal.
El médico interpreta su actuar como incompetencia, reforzando la relación jerárquica. Exige rapidez, obedece a la lógica del tiempo y deja claro que su autoridad prevalece. Sin embargo, esta dureza se fisura cuando descubre que la mujer sufrió hambre, guerra y pérdidas profundas en Polonia. Al reconocer este trasfondo, la autoridad médica se suaviza y surge una empatía que había estado ausente. El momento en que percibe el amor silencioso del esposo hacia ella también contribuye a este cambio, revelando la humanidad que el médico había pasado por alto.
Las raíces judías de Williams pueden influir en esta tensión entre prisa y compasión. Aunque estadounidense, el autor era consciente de las experiencias de persecución y desplazamiento que marcaron a comunidades judías e inmigrantes. Esta sensibilidad se refleja en su capacidad para mostrar —aunque tardíamente— que la desconfianza de la mujer no es simple obstinación, sino un mecanismo nacido del trauma y la pérdida (“She lost everybody”). Así, la prisa del médico simboliza el lado deshumanizante de la medicina, mientras que sus destellos de compasión revelan la lucha moral interna que el autor quiere enfatizar.
El título “A Face of Stone” se enriquece al vincularse con la tradición judía de colocar piedras sobre las lápidas como símbolo de memoria y presencia. El rostro de la mujer es, metafóricamente, una piedra de visitación: un recordatorio de los muertos, el sufrimiento y la historia que carga. Para el médico, esa “piedra” es inicialmente irritante, pero finalmente lo confronta con su propio juicio moral. Cuando la mujer sonríe al aceptar las pastillas, la piedra se ablanda; es un gesto mínimo pero significativo, que sugiere que incluso las barreras levantadas por el dolor pueden abrirse ante un acto genuino de respeto y cuidado.
En el texto A Face of Stone, William Carlos Williams expone una historia que aparenta ser sencilla, donde un médico muy agotado y exhausto recibe a una pareja de inmigrantes que tienen a su bebé enfermo. Sin embargo, detrás de esta común escena podemos ver una gran reflexión sobre el poder de la medicina y la capacidad que tienen los pacientes, sobre todo los más vulnerables de defenderse a sí mismo a pesar de que parezca que todo está en su contra.
Desde el principio vemos a un médico que observa a sus pacientes con firmeza y prejuicio. El padre le cae mal “antes de abrir la boca”, y la madre le parece tan impenetrable que la llama “a face of stone”. Estas características, además de mostrar la mirada del doctor; también demuestra que no está dispuesto a escuchar. Su autoridad médica está muy llena de cansancio, superioridad y de un mal resentimiento hacia las personas pobres y los inmigrantes que se encuentran en la sala de espera.
Lo interesante aquí es que esa autoridad se encuentra con una algo inesperado: la resistencia silenciosa de una madre. Ella se aferra a su bebé con mucha fuerza y se niega a soltarlo a pesar de la insistencia de su esposo y las órdenes bruscas del médico: “No. I hold her” repite una y otra vez, protegiendo a su hija como si tuviese miedo de que el doctor la dañara. Luego de esta situación tensa e incómoda, se expresa una autonomía que el médico no tiene la capacidad de entender, pero el lector sí puede sentir: el amor, el miedo y el recuerdo de lo que es el peligro.
Al pasar la historia, la tensión se ve en repetidas ocasiones. El doctor les brindas una serie de instrucciones claras sobre cómo alimentar a su bebé, pero la familia no las sigue. Esto no lo hacen por ignorancia o desobediencia, sino porque su vida, sus hábitos y sus emociones no encajan tan fácil con el orden ideal que el médico supone. Son personas con historias muy diferentes y difíciles, traumas, costumbres distintas y una pobreza que determina hasta los zapatos que llevan puestos. De esta manera, Williams nos hace recordar que la medicina no ocurre solo porque si, y siempre está atada a la cultura, la desigualdad y la experiencia personal de cada familia.
El momento más impactante es cuando el médico examina a la madre y el esposo dice en voz baja: “She lost everybody”. Aquí es donde por fin el médico ve algo más allá de “una cara de piedra” y comienza a ver una mujer que fue marcada por la guerra, el hambre, la migración forzada y un pasado totalmente duro. Esta situación es cuando por primera vez, siente algo diferente: “I was touched” admite, asombrado por su propio sentimiento.
En este instante, la autoridad estricta del médico comienza a ser más humana. Él sigue siendo el experto, el que sabe, pero al final logra ver la autonomía de sus pacientes como parte de su humanidad y experiencias vividas y no como algo difícil o una limitación. Esa madre desconfiada, callada y terca no es un problema clínico, simplemente es una persona que trata de sobrevivir y de proteger con todo lo que está a su alcance lo poquito que tiene.
Williams Carlos Williams, el mismo médico de siempre, nos presenta que la medicina no solo son análisis, evaluaciones y órdenes. La verdadera vocación es cuando el profesional reconoce que quienes llegan a donde él, incluso si parecen difíciles, descuidados o tercos tienen una historia detrás que define todo. Y esa historia es igual de importante que su tratamiento.
En A Face of Stone, la autoridad médica y la autonomía del paciente se topan, se resisten, y por fin se encuentran. Este gran encuentro, permite de gran manera la compasión entre el médico y sus pacientes.
Zyulis Candelaria
En “A Face of Stone”, William Carlos Williams explora el tema de la autoridad médica y la autonomía del paciente mediante una interacción profundamente tensa entre un médico y una pareja inmigrante cuya vulnerabilidad, miedo y desconfianza chocan con la arrogancia, el cansancio y los prejuicios del doctor. Desde el primer momento, el narrador, quien es también el médico usa su posición profesional para situarse por encima de los pacientes, juzgándolos por su apariencia, su higiene y su origen étnico, antes incluso de escucharlos. La madre, en particular, expresa su autonomía de manera limitada pero poderosa, se niega a soltar al bebé, decide qué ropa quitar o no quitar, y rechaza las órdenes del doctor cuando percibe peligro. Ella actúa motivada por un instinto profundo de protección, producto de experiencias traumáticas previas, que el médico inicialmente interpreta como obstinación o ignorancia. Esta dinámica revela cómo la autoridad médica, cuando se ejerce sin empatía, puede convertirse en una herramienta de violencia simbólica que invalida la voz del paciente. El doctor exige obediencia inmediata, habla con impaciencia y hasta con desprecio, como cuando insiste en que la mujer coloque al bebé sobre la mesa o cuando critica sus prácticas de lactancia sin considerar su trasfondo cultural o emocional. Sin embargo, la historia también muestra que la autonomía del paciente persiste como una fuerza moral dentro del encuentro clínico. La madre no cede fácilmente, cuestiona, observa, y en más de una ocasión se opone a lo que el médico ordena. Williams utiliza esta resistencia para subrayar que los pacientes no son cuerpos pasivos ni meros receptores de órdenes, sino sujetos con historia, experiencias y capacidad de decisión, aun cuando el sistema médico los trate como inferiores. A medida que avanza la historia, el médico empieza a percibir la humanidad detrás de la conducta de la mujer. Cuando observa sus piernas deformadas por el raquitismo y aprende sobre su niñez marcada por la guerra, el hambre y la pérdida de toda su familia, su percepción cambia, comprende que su aparente terquedad es, en realidad, una manifestación de trauma y supervivencia. En ese momento, su autoridad se vuelve más humilde y se transforma en cuidado genuino, revelando que la medicina ética depende de reconocer la autonomía del paciente y no de imponerse sobre ella. El equilibrio entre autoridad médica y autonomía se vuelve un tema central cuando el doctor se da cuenta de que su conocimiento profesional, aunque indispensable, debe coexistir con la experiencia vivida del paciente. La mujer sabe lo que su cuerpo siente, sabe cómo reacciona su bebé y sabe, por instinto, cuándo siente peligro. La historia demuestra que el acto médico no es solo diagnóstico, sino negociación, respeto y escucha. Williams, quien era médico además de escritor, presenta esta interacción con brutal honestidad para evidenciar que el poder médico puede oscurecer la humanidad, pero también puede abrirse a ella. Al final, el cuento muestra que la autoridad científica se vuelve verdaderamente ética cuando reconoce la dignidad del paciente y cuando el profesional entiende que su rol no es mandar, sino acompañar, comprender y guiar sin borrar la voz del otro.
¿Como podría la historia familiar de Williams, en particular sus raíces judías, contribuir a la tensión entre la compasión y la prisa en la relación médico/paciente?
“Un rostro de piedra” narra la experiencia de un médico que atiende a una pareja de inmigrantes con un bebé enfermo, enfrentando una constante tensión entre el deber profesional y la impaciencia personal. El autor expone la complejidad de la relación médico-paciente, marcada por el desgaste, la desconfianza y una humanidad que persiste incluso en medio del rechazo.
William Carlos Williams presenta de manera franca la tensión constante en la relación médico-paciente como un conflicto entre el deber profesional y el desgaste emocional. El uso de un lenguaje fuerte y directo refleja sus raíces culturales y el contexto social de la obra. La dualidad entre compasión y prisa atraviesa cada interacción del médico con los inmigrantes, mostrando que la prisa no es solo profesional, sino también emocional. Este contraste cuestiona la capacidad del médico para atender a los más necesitados sin perder la sensibilidad y resalta la mirada clínica y humana del autor.
Aunque el texto no aborda explícitamente la herencia judía de Williams, su trasfondo cultural se manifiesta en la sensibilidad hacia la marginación y el sufrimiento humano, así como en la representación de personajes inmigrantes que enfrentan desconfianza y prejuicios. La historia, cargada de empatía contenida bajo una fachada de impaciencia, refleja que la compasión sincera actúa con diligencia (prisa) con el firme proposito de hacer el bien (compasión). Las raíces judías de Williams aportan una dimensión implícita de compasión y comprensión del dolor, que se enfrenta a una realidad donde la prisa domina el tiempo. De esta forma, el relato no solo denuncia una situación social, sino que también humaniza la dificultad inherente del cuidado médico bajo presión.
Desde un análisis literario, “Un rostro de piedra” utiliza la relación médico-paciente para explorar temas universales como la humanidad, el agotamiento y la desconexión social. Sin ofrecer una resolución clara, muestra cómo la identidad personal se construye a partir de las experiencias y el entorno, definiendo los valores individuales y la manera en que nos relacionamos con el mundo. William Carlos Williams heredó una ascendencia judía sefardí a través de su madre, Raquel Hélène Hoheb, quien provenía de una comunidad cripto-judía en Mayagüez, Puerto Rico, que practicaba secretamente el judaísmo debido a la prohibición legal de la época. Su abuelo materno, Solomon Hoheb, perteneció a esta comunidad de “judíos secretos”, que mantuvieron su identidad religiosa oculta y que estuvieron vinculados a movimientos de independencia puertorriqueña del siglo XIX (Cohen, 2024).
Esta referencia da un contexto histórico y aporta evidencia sobre la complejidad cultural y religiosa presente en la familia de Williams, así como su influencia en relación con su identidad y obra. La tradición judía, marcada por la memoria del sufrimiento y el deber moral hacia el prójimo, aporta un trasfondo ético que se percibe en la sensibilidad del autor hacia el dolor ajeno. Esa herencia cultural amplifica la tensión entre la prisa profesional y la compasión humana, pues su mirada médica intenta equilibrar la eficiencia con la empatía. En síntesis, la historia familiar y las raíces judías de Williams se reflejan en su manera de representar el conflicto entre la compasión y la prisa, demostrando que incluso en la impaciencia persiste una profunda humanidad.
Referencias:
Cohen, J. (2024, octubre 6). With William Carlos Williams in Mayagüez. Nuevos Horizontes. Universidad de Puerto Rico en Mayagüez. https://www.uprm.edu/nuevoshorizontes/2024/10/06/with-william-carlos-williams-in-mayaguez
Williams, W. C. (1938). A Face of Stone [PDF]. Recuperado de https://bookreadfree.com/467194/11478118
¿Cómo explora Williams el tema de la autoridad médica/científica y la autonomía del paciente en esta historia?
En el cuento “A Face of Stone”, William Carlos Williams presenta un relato en donde es evidente la autoridad médica ante los pacientes y la autonomía del paciente. En el cuento muestra que en la práctica, la medicina puede ser un poder, pero también, dependiendo de la actitud del paciente, se puede encontrar empatía del médico. A lo largo del cuento, se puede ver cómo un médico, que prejuicia a unos pacientes debido a su físico, va desarrollando empatía por ellos debido a su respeto. También, se muestra que los pacientes no siguen las órdenes dadas por el médico si no confían en lo dicho, demostrando autonomía. Se muestra que aunque la autoridad médica puede ser inicialmente insensible, repeticiones de experiencias con pacientes vulnerables pueden cambiar la visión del doctor a una más humanizante y amigable.
Al principio de la historia, el médico es cruel y deshumanizante con los pacientes, demostrando la autoridad médica. El doctor les habla de manera no profesional y violenta. Por ejemplo, antes de que lleguen los pacientes, el doctor ya piensa que ellos deberían estar en clínicas, no en un médico por su físico. También, cuando los pacientes le mencionan que el doctor pasado no fue tan bueno, el médico les pregunta si le pagaron bien, asumiendo que no lo hicieron. La autoridad médica es mayormente evidente cuando el doctor les dice que se vayan porque tiene que comer, aunque su deber como doctor es ayudar a los pacientes y su bebé. Luego, cuando el doctor finalmente ayuda al paciente, lo hace de una manera irrespetuosa y da órdenes, asumiendo que la madre tiene que seguir sus órdenes, demostrando la autoridad del poder, ya que el doctor se percibe como supremo. El doctor tiene una expectativa de obedencia de sus pacientes en cuanto a cuando examina al niño, cómo lo examina y cómo alimenta al niño.
Sin embargo, la autonomía del paciente se mantiene constante durante todo el relato. A pesar de la agresividad del doctor, el padre del bebé se mantiene con una actitud respetuosa, haciendo que el doctor lentamente vaya desarrollando empatía y vaya atendiendo a los pacientes de mejor manera. También, se puede ver que el padre mantiene esta autonomía cuando llama al doctor fuera de las horas que fue indicado que podía porque el niño se sentía mal, ignorando completamente las reglas del doctor. Además, la madre demuestra esta autonomía aún más. A pesar de que el doctor le da órdenes a la madre del bebé en respecto a cómo lo debe alimentar y cómo lo va a examinar, la madre todavía lo hace de la manera que ella prefiere y ve más cómoda para el niño. La madre mantiene su “cara de piedra” a través de la historia completa, indicando desconfianza y protección de su hijo, sin importar que el doctor tiene más poder en teoría.
Al final de la historia, el padre le pide al doctor que examine a la madre del bebé, y aunque se molesta, la actitud respetuosa del padre y las dos horas de espera convencen al doctor a examinarla. Al hacerlo reconoce el sufrimiento de la madre, y, aunque todavía demuestra molestia, intenta ayudarla. El doctor busca soluciones y comienza a tener empatía por el paciente. Para terminar la historia, el doctor le encuentra una pastilla que puede ayudar a la madre y en ese momento, es la primera vez que la madre sonríe en vez de demostrar una “cara de piedra.” Este proceso de cambio de ambos el doctor y la madre demuestra que la autoridad médica conlleva a los pacientes a tener autonomía en vez de aceptar las órdenes dadas. Mientras el doctor va disminuyendo su autoridad, los pacientes lentamente comienzan a escuchar al doctor. Se demuestra que la autoridad científica no es absoluta y depende más de la autonomía del paciente y el respeto por la humanidad del paciente.
Williams utiliza este cuento para expresar que la autoridad médica es peligrosa al ser utilizada erróneamente. La autoridad médica causa que el paciente no coopere tanto y tenga una autonomía sobre sus decisiones, dándole prioridad a sus decisiones sobre las del profesional. El conocimiento del profesional se debe combinar con las necesidades del paciente para un encuentro exitoso y respetuoso.
¿Cómo podría la historia familiar de Williams, en particular sus raíces judías, contribuir a la tensión entre la compasión y la prisa en la relación médico-paciente?
La obra literaria “Un rostro de piedra”, Carlos Williams reflexiona sobre su propia herencia multiétnica. Nació en Nueva Jersey de padres inmigrantes: un padre inglés y una madre puertorriqueña (de Mayagüez) de ascendencia judía. Este cruce de culturas dejó una huella en su identidad y perspectiva humana, evidente en su enfoque de representar personajes modestos que son excluidos en la sociedad. Además de ser escritor, también fue médico; por lo que su principal fuente de inspiración eran los pacientes que atendía en su consulta o que observaba en su comunidad. Décadas posteriores a la muerte de Williams, el poeta y traductor Jonathan Cohen recorrió por Mayagüez (la ciudad natal de la madre del autor). Una parte significativa de la carrera de Cohen se ha dedicado a la traducción, edición y amplia circulación de William Carlos Williams, cuya conexión con Puerto Rico es evidente en sus recuerdos de Mayagüez y la influencia de su herencia judía.
Hay un cierto sentido moral derivado de sus raíces judías en William Carlos Williams. La cultura judía pone énfasis en la compasión, la justicia y el cuidado por los demás, todo lo cual es evidente en la escritura de Williams, así como se aplica a su práctica médica. Pero esta tradición también es pesada: de sufrimiento histórico, persecución y la necesidad de asimilarse para sobrevivir en entornos hostiles. Para Williams, estas herencias se convierten en una constante lucha entre la apremiante demanda ética de conocer a los demás y la urgencia pragmática de controlar y actuar rápido como médico. Un ejemplo innegable de este conflicto interno se puede encontrar en la historia “Un rostro de piedra”. Donde el narrador, una voz que refleja la del propio Williams, muestra un tratamiento desfachatado e impaciente hacia sus pacientes inmigrantes y pobres, contrarrestado por una profunda empatía y latente compasión. El médico regaña a la pareja sucia y caótica que lleva a su bebé enfermo. No obstante, bajo su brusquedad hay otra perspectiva, humana y angustiada, sobre las inequidades de la sociedad y la angustia de aquellos que apenas logran salir adelante. Aquí, el conflicto entre la frialdad profesional y la calidez moral sirve como un tipo de diagnóstico no solo para la relación médico-paciente. Sino también para la condición psicológica de Williams, una tensión entre ser un hombre de ciencia que rechaza la emoción y el sentimiento, por un lado, y ser alguien que siente un profundo agradecimiento a Dios y una sensación de compromiso moral por su papel.
Williams está constantemente desgarrado por el conflicto entre su compasión por los pacientes y el ritmo acelerado de la medicina moderna. Con un trasfondo cultural que ha atravesado el sufrimiento de la exclusión y la marginalidad. Así, le enseñó a mirar más allá de las apariencias físicas o sociales, presenciando el comportamiento humano que existe en cada cuerpo enfermo. La doble conciencia heredada de una familia que había vivido entre una fe clandestina y una obediencia pública se refleja en su distanciamiento clínico. Por tanto, debe mantener un rostro sereno como “de piedra”, pero también siente compasión por dentro. En “Un rostro de piedra”, tenemos precisamente esa imagen, representa tanto la inmovilidad exterior como la vida interior. La prisa del médico conduce al momento poético del pensamiento, cuando el dolor se convierte en conocimiento humano. Su escritura demuestra que la observación clínica y la compasión no están en desacuerdo, sino que se contrapesan a través de su análisis. Ambos fomentan una mirada más allá de la superficie, para revelar una humanidad que palpita en objetos, lugares y rostros. En el fondo, esa mirada compasiva, a veces contenida por la prisa del médico, siempre resuena con el legado secreto de su familia. Una tradición de desafío silencioso que convirtió a William Carlos en un poeta capaz de ver, en cada rostro que cruza nuestro camino, una historia que no debería ser borrada.
Autoridad Médica y Autonomía del Paciente en “A Face of Stone”
En “A Face of Stone”, William Carlos Williams explora la tensión entre la autoridad médico
y la autonomía del paciente. Se muestra cómo el conocimiento científico puede convertirse en una
forma de poder que oprime en lugar de sanar. Desde el inicio, se evidencia la desigualdad entre un
médico estadounidense y una familia inmigrante pobre. El doctor usa su conocimiento y posición
como herramientas de control. Al hacer esto, reflejan el prejuicio y superioridad. No ve a sus
pacientes como personas, sino como molestias. Al llamar al padre “dumb oxen” y describir a la
mujer con “una cara de piedra” se observa el lenguaje cargado de clasismo y racismo. A través, de
esta actitud, Williams critica cómo la medicina puede volverse deshumanizante cuando se separa
de la empatía y respeto.
El médico representa la autoridad institucional y el elitismo de la medicina moderna, donde
el poder distorsiona el propósito humano de curar. Juzga el valor de las personas por su apariencia
y nivel social, asumiendo que su conocimiento lo coloca por encima de ellos. Esa actitud lo aleja
de la esencia de su profesión, lo cual es el cuidado. El consultorio debería ser un espacio de alivio
y es transformado en un lugar de juicio. Williams, que también fue médico, utiliza esta historia
para exponer cómo el conocimiento científico sin compasión se convierte en una barrera que separa
al profesional de sus pacientes.
Por otro lado, la madre inmigrante representa la resistencia silenciosa y la autonomía del
paciente entre ese poder. Aunque el doctor la percibe como una mujer fría, su “cara de piedra”
simboliza el miedo y trauma que carga, no una falta de emoción. Su silencio y desconfianza son
mecanismos de defensa frente a un sistema que la ha oprimido toda su vida. Al negarse a soltar al
bebé, demuestra que se conserva un grado de control sobre su cuerpo y sus decisiones. Ese pequeño
acto de resistencia es su manera de preservar su autonomía dentro de un sistema que la
menosprecia.
Williams utiliza la tensión entre las personas para mostrar cómo la autoridad médica puede
convertirse en violencia simbólica cuando se ejerce sin empatía. El doctor cree que su poder no se
debe cuestionar, pero su arrogancia lo desconecta del propósito más humano de la medicina el cual
es la empatía. El médico no intenta comprender la realidad de sus pacientes la cual está marcada
por pobreza, la guerra y la migración. Sin embargo, responde con impaciencia y juicio.
El punto de inflexión ocurre cuando el médico examina las piernas de la mujer y descubre
las marcas del raquitismo, consecuencia del hambre y la miseria infantil. En ese instante, deja de
verla con sus estereotipos y prejuicios y comienza a comprender que su cuerpo cuenta una historia
de sobrevivencia. La mujer perdió a toda su familia en la guerra, emigró sola y aun así carga con
su bebe en un país que la rechaza. Esa revelación rompe la distancia entre médico y paciente donde
por primera vez, el médico siente empatía sobre su paciente. Esto da permiso a que el doctor le
ofreciera unas pastillas y la mujer sonriera. Este acto simbólicamente destruye la “cara de piedra”.
Esta interacción derriba la barrera de poder entre ambos. Él medico deja de sentirse con
superioridad y autoridad médica y ve a la mujer como humana. La sonrisa de ella se convierte en
un acto donde abandona la resistencia y se rinde, revelando al mismo tiempo la autonomía y
vulnerabilidad de la paciente.
En conclusión, “A Face of Stone” demuestra que la relación entre médico y paciente no es
solo biológica, sino profundamente humana en base a la empatía. Williams enseña que la medicina
sin compasión es una forma de violencia, y que solo al reconocer el sufrimiento del otro puede
existir una verdadera conexión real. El cambio de autoridad a empatía es lo más importante del
cuento, y la mujer inmigrante demuestra lo complejo que es para un paciente mantener su
autonomía. Gracias a ella, el médico logra recuperar un poco de la empatía que había perdido.
¿Cómo explora Williams el tema de la autoridad médica/científica y la autonomía del paciente en esta historia?
El escrito A face of Stone de William Carlos Williams nos presenta un claro ejemplo de como el poder del conocimiento puede deshumanizar el trato hacia las demás personas. En esta historia se nos presenta el tema de la autoridad médica y la autonomía del paciente, mediante la narración de un encuentro entre un doctor y una pareja inmigrante. Importante destacar que toda la historia está contada desde el punto de vista del doctor, por lo que sabemos sus pensamientos, juicios y emociones directamente. Algo que es clave para poder entender el tema central que nos quiere compartir Williams, reflejando la tensión entre el poder del doctor y la dignidad del paciente.
El doctor presenta un carácter de superioridad desde que la pareja inmigrante llega con su bebé enfermo a su oficina. Con una mirada prejuciada por su apariencia, el narrador los describe como una familia pobre con falta de higiene. Por lo que piensa que “personas así merecen ir a clínicas” incluso se pregunta “¿por qué los dejaron entrar al país?”. Vemos claramente como su autoridad médica se mezcla con prejucios personales, lo que afecta su trato con la familia. Los trata de una manera hostil en todo momento, sin la empatía de que el bebé está enfermo y ellos merecen su ayuda. Incluso cuando la pareja llega buscando ayuda urgente, el doctor responde con impaciencia y sarcasmo, mostrando más preocupación por su propio tiempo que por la salud del bebé. En lugar de actuar con compasión, les reclama diciendo “¿por qué no llegaron más temprano?”, mostrando nuevamente su falta de sensibilidad y el abuso de su autoridad médica.
Por otro lado la madre del bebé, nos muetra una mujer segura y clara de su derecho a tomar decisiones. En esta historia, la autonomía del paciente, se muestra con resistencia silenciosa, la madre defiende a su hijo y su modo de cuidarlo aunque el doctor lo interprete como una estupidez. Desde el momento en cual la madre se niega a entregar el bebé para el examen físico, Williams nos presenta su resistencia como una forma de protección y de control sobre lo más importante para ella: su hijo. Su silencio y su “cara de piedra”, una frase que se repite múltiples veces en la historia, se convierte en símbolos de autonomía: una defensa contra la humillación y el dominio del doctor por su autoridad. A través de la madre inmigrante, Williams muestra que incluso quienes carecen de voz o poder social pueden afirmar su dignidad mediante actos de resistencia.
No fue hasta que el doctor mostró verdadero interés por la historia de la madre, que comenzó a comprenderla. Cuando le pregunta sobre su pasado y descubre que creció en Polonia durante la guerra, que sufrió de hambre y perdió a su familia, el doctor entiende por primera vez las razones detrás de su desconfianza y su actitud reservada. Desde ese momento entendió el porqué ella es de esa manera y rompe la barrera de su propia autoridad médica. Po primera vez en toda la narración de la historia, el doctor hace su trabajo desde la empatía y no la superioridad.
En A face of Stone, William Carlos Williams explora la tensión entre la autoridad médica y la autonomía del paciente mostrando cómo el conocimiento sin empatía puede deshumanizar. A través del doctor, nos revela los peligros de ejercer la medicina desde el orgullo y los prejucios, olvidando que detrás de cada caso hay una historia y una vida que merece respeto. Por otro lado, mediante la madre inmigrante, Williams nos presenta una resistencia silenciosa, defendiendo su valor y el de su hijo ante el trato frío y autoritorio del doctor. Al final, se puede apreciar el cambio del doctor cuando logra comprender el sufrimiento de la madre y actuar con compasión, representando la verdadera lección de la historia.
¿Cómo explora Williams el tema de la autoridad médica/científica y la autonomía del
paciente en esta historia?
En la actualidad, la relación entre médico y paciente sigue marcada por tensiones
entre el poder profesional y la autonomía del individuo. Aunque han pasado décadas desde
que William Carlos Williams escribió su relato, la dinámica que presenta continúa
reflejándose en varios escenarios clínicos. La historia muestra cómo aún con el conocimiento
científico por un lado y la experiencia vivida del paciente del otro, ambos intentan reclamar
cierto control dentro de una interacción desigual. La autonomía del paciente que tiene como
derecho ser escuchado, decidir y participar activamente en su cuidado parece ser limitada por
la prisa, los prejuicios y la falta de sensibilidad del médico. En el relato, la visita de una
familia inmigrante de escasos recursos al consultorio de un médico agotado evidencia la
dualidad entre un profesional respaldado por el prestigio científico y una familia vulnerable
que lucha por mantener su dignidad. Williams utiliza esta interacción para mostrar cómo la
autoridad médica puede imponerse de manera rígida, reduciendo la autonomía del paciente
cuando no se reconoce la experiencia del enfermo como parte esencial del proceso clínico.
Ser médico implica dominar conocimientos técnicos y científicos, pero también
manejar una relación donde el paciente confía en él. El profesional posee el saber y, con él, la
capacidad de tomar decisiones que afectan directamente la salud del paciente. Sin embargo,
esa autoridad puede transformarse en paternalismo si el médico no escucha o no permite que
el paciente exprese sus preocupaciones. En el relato, el doctor asume que su criterio es el
único válido. No pregunta, no busca comprender y reduce la participación de la familia a
obedecer sus instrucciones. Esta dinámica reproduce una situación que aún ocurre, consultas
rápidas donde no hay espacio para considerar el contexto emocional o cultural del paciente,
lo que limita su capacidad de ejercer autonomía. Resulta notable el lenguaje que utiliza el
médico para describir a la pareja con comentarios despectivos “idiotas”, “pobres”, “cara de
piedra” que evidencian los prejuicios raciales y de clase del médico. Un lenguaje que revela
cómo la autoridad médica puede internalizar jerarquías sociales y reproducirlas en el espacio
clínico. La ciencia, que debería ser neutral, se contamina con la impaciencia y la parcialidad
del profesional. Williams muestra que cuando el médico permite que sus prejuicios guíen su
conducta, deshumaniza al paciente y reduce su autonomía.
Aún frente a esa autoridad, en este contexto la autonomía del paciente no desaparece
por completo. La madre del niño encarna una forma silenciosa de resistencia. Aunque el
médico interpreta su actitud como terquedad, su oposición nace de experiencias de trauma,
pobreza y desconfianza hacia figuras de autoridad. Al aferrarse al bebé, negarse a desvestirlo
de inmediato o mantener un semblante rígido, ejerce la poca autonomía disponible para ella.
No tiene poder ni conocimiento médico, pero posee una intuición protectora que el doctor no
reconoce. Su aparente rigidez es, en realidad, una defensa frente a años de marginación.
Williams evidencia que la autonomía del paciente nunca desaparece incluso en condiciones
adversas, se expresa en decisiones pequeñas pero significativas. El padre actúa como
mediador, intentando mantener la calma entre su esposa y el médico. Sin embargo, su
posición refleja el dilema de muchos pacientes que desean recibir ayuda, pero temen perder el
control. Aunque necesitan atención médica, buscan conservar un espacio de decisión y esa
lucha por la autonomía atraviesa toda la narrativa.
Hacia el final del relato, la relación entre el médico y la familia da un giro cuando el
profesional deja su actitud defensiva y reconoce el contexto real en el que vive esta pareja.
Comprende que la madre ha pasado por experiencias traumáticas, que su desconfianza tiene
fundamento y que su actitud protectora no es un desafío a su trabajo. La “cara de piedra” que
caracterizaba tanto a la madre como al médico se suaviza cuando él percibe su sufrimiento y
surge un gesto de empatía que transforma la interacción. Este momento muestra que la
práctica médica puede recuperar su dimensión humana cuando se reconoce la historia y la
autonomía del paciente. Williams explora la autoridad médica y la autonomía del paciente
como fuerzas que a veces compiten y otras se reconcilian. Su relato demuestra que el
conocimiento por sí solo no garantiza una buena práctica clínica. Es necesario la empatía para
que la autoridad del médico no deshumanice al paciente. El mensaje de este relato es claro, la
medicina sin humanidad pierde su propósito; con ella se puede usar para transformar vidas.
A Face of Stone: La tensión entre el poder médico y la humanidad
En A Face of Stone, William Carlos Williams habla de cómo el contacto entre la autoridad
médica y la autonomía del paciente muestra lo más humano y a veces violento de la práctica
clínica. A partir del relato de nuestro narrador, médico que atiende a una pareja inmigrante y a su
bebé enfermo, Williams deconstruye las jerarquías de poder que se esconden tras esta relación. En
lugar de ser un lugar donde se prestan cuidados, la consulta se convierte en un espacio cargado de
tensión, en el que se contraponen la soberbia del conocimiento profesional y la desconfianza del
paciente vulnerable. Lo interesante del relato es que Williams, el mismo médico, no pretende
justificar a su narrador, sino exponerlo, a un hombre que, tras la máscara del conocimiento
científico, muestra su prejuicio, su impaciencia y su dificultad para mirar al otro sin superioridad.
Desde el inicio, el doctor impone su autoridad mediante un lenguaje de desprecio. Sus
pensamientos describen al padre con frases cargadas de racismo como “uno de esos tipos judíos
frescos que uno quiere matar al verlo” y a la madre con un tono de repulsión y con “una cara de
piedra… un animal desconfiado”. Estas descripciones no son simples observaciones, sino
mecanismos de distancia; al deshumanizar a la familia, el médico justifica su falta de empatía y
refuerza su propio poder. La ciencia, representada en su voz clínica y fría, se convierte en una
máscara que le permite dominar, controlar y decidir quién merece atención y quién no. En este
sentido, la autoridad médica aparece no como servicio, sino como jerarquía social que anula la
autonomía del paciente.
Sin embargo, Williams va más allá del retrato del médico autoritario. A medida que el
relato avanza, el texto sugiere una tensión interna en el propio doctor. Aunque intenta mantener la
distancia profesional, no puede evitar sentirse afectado por la humanidad de sus pacientes. La
madre, con su “cara de piedra”, resiste su mirada, su voz y sus órdenes. No habla mucho, pero su
silencio es una forma de autonomía; su negativa inicial a entregar el bebé, su insistencia en
quedarse junto al hijo y su desconfianza son pequeños gestos de poder frente a la figura masculina
y científica del médico. Williams transforma ese silencio en resistencia. La mujer, a pesar de su
condición social y lingüística, se convierte en el símbolo de quienes no poseen el conocimiento
médico, pero sí la capacidad de proteger y decidir sobre su propio cuerpo y el de su hijo.
El cuento también revela la fragilidad del poder científico. Cuando el médico se niega a
visitar al bebé enfermo una noche de invierno, su autoridad se desmorona ante el peso de su culpa.
La ciencia que lo respalda no le ofrece consuelo moral; su razón no puede liberarlo del sentimiento
de haber fallado en su deber humano. Más adelante, cuando la pareja regresa con el niño saludable,
la escena cambia de tono; el médico, cansado y frustrado, vuelve a enfrentar a la misma mujer,
pero esta vez su control se ve amenazado por la empatía. La última sonrisa de la madre, cuando
acepta las pastillas, no es una rendición ante el poder médico, sino un gesto que equilibra la
relación. Por un momento, ambos, médico y paciente, se encuentran en un punto de humanidad
compartida.
A Face of Stone desmonta la idea romántica del médico como figura de autoridad
incuestionable. A través del conflicto entre saber y compasión, Williams muestra que el verdadero
acto médico no ocurre en el diagnóstico, sino en la mirada que reconoce al otro como igual. La
autonomía del paciente, lejos de ser un desafío al conocimiento científico, es su complemento
necesario, ya que, sin ella, la medicina se convierte en un ejercicio de poder vacío. La historia,
escrita por alguien que vivió ambos mundos, el de la ciencia y el del arte, deja claro que la autoridad
médica solo se justifica cuando está al servicio de la dignidad humana. En esa tensión entre la
ciencia y la compasión, Williams encuentra el rostro más profundo de la piedra; el del médico que
finalmente ve reflejada su propia dureza.
“She stood there, holding the baby tight, her face hard, her eyes fixed” (Williams). Desde esa imagen inicial, William Carlos Williams encierra el conflicto central de A Face of Stone: el choque entre la autoridad médica y la autonomía del paciente. La madre, descrita con “una cara de piedra”, representa la resistencia silenciosa frente a un sistema que la mira con desprecio. Su silencio no es pasivo, sino defensivo. Y el médico, atrapado en su propio sentido de superioridad, se convierte en un claro ejemplo de cómo el conocimiento puede transformarse en poder. A través de esa tensión, Williams expone cómo la medicina puede terminar deshumanizando al mismo ser que intenta curar.
El narrador, un médico cansado y prejuiciado, ejerce su autoridad desde el lenguaje. Lo primero que hace no es examinar al bebé, sino clasificar a los padres como “ fresh Jewish types” (Williams). Esta frase, seca y discriminatoria, demuestra que su poder no solo proviene del título, sino también de su capacidad para etiquetar. Cuando Williams describe cómo la madre se aferra a su bebé y evita soltarlo, deja ver que esa desconfianza tiene razones más profundas: “ She held the baby tighter, as if afraid I might take it away” (Williams). La mujer se aferra no solo a su hijo, sino a su última forma de control. Su gesto desafía la lógica del médico, que espera obediencia. A través de este contraste, Williams revela que la autoridad médica, al imponerse sin sensibilidad, convierte el cuerpo del paciente en un territorio de disputa. La madre protege su autonomía no con palabras, sino con su instinto.
La autoridad científica del narrador también se muestra en su indiferencia moral. Cuando la pareja lo llama de noche para pedir ayuda, él piensa: “ Why the hell do they let them into the country?” (Williams). Esta reacción no solo muestra prejuicio, sino una creencia peligrosa: que la ciencia le da derecho a decidir quién merece atención. Williams utiliza esta frase para mostrar cómo el conocimiento médico puede volverse una forma de exclusión. El doctor, que debería curar, juzga. La medicina, en sus manos, se convierte en un instrumento de poder social. Sin embargo, el lector ve más allá: el narrador también está atrapado en su arrogancia, incapaz de reconocer que la autoridad sin compasión es vacía. Williams, que conocía la práctica médica desde adentro, deja claro que el verdadero peligro no está en la ignorancia del paciente, sino en la prepotencia del profesional.
En la segunda parte del cuento, la relación cambia. El médico vuelve a ver a la familia y nota que el bebé está ahora más sano, está gordito y sonriente. El cambio en el niño simboliza algo más grande: la posibilidad de que la medicina y la humanidad existan. Al examinar a la madre, el médico nota sus piernas enfermas, su ropa gastada y el cansancio en su cuerpo: “Her legs were twisted and swollen with varicose veins, her shoes worn through” (Williams). Es la primera vez qué él médico observa sin juzgar. La mujer deja de ser una “cara de piedra” y se convierte en un cuerpo qué cuenta una historia: pobreza, maternidad, supervivencia. Williams muestra que el conocimiento médico solo tiene valor cuando se une al entendimiento humano. La autoridad científica del doctor se debilita, porque la experiencia de la madre tiene un peso que los libros no enseñan y que la vida jamás logrará anticipar.
En el momento cuando el médico le ofrece unas pastillas a la madre y ella le sonríe, esa sonrisa, marca el punto en que la autoridad cede y nace la comprensión. En ese instante, el médico ya no impone; escucha. Y ella, que hasta ese momento había sido la paciente sumisa, recupera poder a través de la confianza. Williams libera toda la tensión del cuento en ese pequeño gesto: el acto de tragar las pastillas es también el de aceptar ayuda sin perder la dignidad. El médico, por fin, deja de ver un “caso” y ve una persona.
Con A Face of Stone, Williams no busca condenar a los médicos, sino revelar la fragilidad del poder que poseen. Su cuento no acusa, reflexiona. Muestra cómo la autoridad científica puede salvar vidas, pero si no reconoce la autonomía del paciente, termina olvidando lo más importante: que detrás de cada diagnóstico hay una persona que siente, teme y espera. Williams escribe desde su doble experiencia de poeta y médico, y precisamente por eso entiende que curar no solo requiere conocimiento, sino sensibilidad.
El autor no dibuja héroes ni villanos, sino seres humanos enfrentados a sus límites. El médico del cuento, con toda su arrogancia, representa una realidad incómoda: la medicina, sin compasión, puede transformarse en un mecanismo deshumanizado. La madre, por otro lado, encarna la resistencia de quienes no entienden el idioma del poder, pero sí el del instinto y el amor. Williams muestra como una interacción mínima, la mujer con su silencio, nace algo que va más allá del deber profesional: una conexión humana, porque el médico entendió que curar no significa mandar, y que la confianza no se impone, se gana.
En ese momento, la historia deja de ser solo sobre la medicina. Se vuelve una reflexión sobre el poder, la empatía y la necesidad de mirar al otro con humildad. Williams nos recuerda que hay algo profundamente humano en reconocer nuestros límites, en aceptar que el conocimiento sin compasión se queda corto.
La ciencia por sí sola, no basta… La empatía no es un detalle opcional, sino el centro del acto de sanar. En ese cruce entre la fragilidad del paciente y la arrogancia del médico, el cuento revela una verdad sencilla, todos necesitamos ser vistos, escuchados y comprendidos. Porque la medicina no debería ser un ejercicio de poder, sino un acto de amor hacia la fragilidad humana. Es aceptar que cada paciente trae consigo una historia, un miedo, una pérdida o una esperanza, y que exigen respeto. Williams nos recuerda que el verdadero progreso de la medicina no depende solo de los avances científicos, sino de la capacidad de los médicos para conservar su humanidad. Al final, Williams no busca que sintamos lástima, ni admiración, sino conciencia.
“A face of stone” and how empathy fatigue affects patient autonomy.
In medicine, the line by which a doctor must act in the patient’s best interest is often very
fine. As a profession where the livelihood of individuals depends on their own actions, it is
common to see doctors become numb to the suffering of their patients. As humans, we are never
immune to personal bias, and in the work of medical professionals (who constantly treat multiple
patients each day) it is easy for personal bias to cause conflict between the roles of the
professional and patient. The story “A Face of Stone” by William Carlos Williams explores these
themes and delves into the ethics of medical fatigue and the implications this has on medical
treatment. This essay seeks to analyze how the roles between patients and medical practitioners
are portrayed in the story.
From the very beginning of “A Face of Stone,” Williams introduces the protagonist in a
negative light by demonstrating his disdain toward incoming immigrant patients who are being
attended close to the end of his shift. The first words of the story include descriptions such as “a
half-insolent look in his eyes” and “a stoutish individual in a greasy black suit,” which subverts
the commonly held views of what is expected of family physicians. Through this introduction, it
becomes clear that the doctor harbors resentment toward his patients and treats them in a
begrudging, almost contemptuous manner unfit for any professional in the medical field. By
writing the story from the doctor’s perspective, the reader is forced to see through the eyes of a
fatigued and judgmental physician. In doing so, Williams also illustrates how daily work and
long shifts can lead to irritation toward patients who commit minor infractions, such as arriving
late. Through this perspective, Williams portrays how a profession built on ethics and care can
still produce professionals who mistreat their patients, often justifying their behavior as a
response to inconvenience.
Williams also explores how figures of medical authority often judge their patients due to
their fear of non-existent diseases while forgetting the circumstances and context of their
patients. This idea is emphasized when the doctor becomes frustrated with the couple who
anxiously request a checkup for their baby. The scene highlights several key issues within the
medical field, particularly the imbalance between professional knowledge and patient
understanding. Despite the parents’ sincere concern for their child’s health, the doctor belittles
their worries and treats them as a waste of his time. This moment also reveals the power dynamic
between doctor and patient, showing how the authority of medical knowledge can suppress
patient autonomy. Moreover, the mother’s defensiveness and lack of trust toward the doctor
during this scene serve as a reminder of how previous negative experiences with medical
professionals can create lasting skepticism.
In a world where a patient’s life depends on a doctor’s judgment, the seeds of distrust can
easily grow into conflict and hinder proper treatment. Williams reinforces this tension by
depicting the mother’s reaction when the doctor finally shows a moment of empathy as shown by
her subtle smile at the end. Through this subtle detail at the end, Williams shows how
compassion and understanding can bridge the gap between patient and physician. In a poetic
way, although the doctor is initially portrayed in a negative light, by the end of the story he learns
to respect his patients and see their humanity. This gradual shift serves to highlight how the
doctor’s alienation from the patients is all it took to create a divide during the treatment process.
“A Face of Stone” ultimately demonstrates why empathy and ethics matter beyond simple social
courtesy. Despite the great responsibility that medical professionals hold, it is too often that we
see cases of malpractice or emotional detachment caused by a lack of understanding of the
patient’s context. By initially showing the doctor as biased and fatigued, Williams reveals how
personal prejudice and professional exhaustion can distort moral judgment, and how the
restoration of empathy can transform both doctor and patient.