Edgardo E. Ramírez Rivera
Entre la Ilustración y el cristianismo:
La Declaración de Independencia de las Trece ColoniasTinta regada
11 – agosto de 2026
…se aspira a que la historia sea considerada como un campo de análisis constante y fluido donde no se presenta el entendimiento del pasado
como uno categórico y definido, sino como uno de posibilidades.
***El 4 de julio de 1776 el Congreso Continental de las Trece Colonias adoptó el documento de la Declaración de Independencia. La introducción del documento dice así:
Cuando en el curso de los acontecimientos humanos se hace necesario para un pueblo disolver los vínculos políticos que lo han ligado a otro y tomar entre las naciones de la tierra el puesto separado e igual a que las leyes de la naturaleza y el Dios de esa naturaleza le dan derecho, un justo respeto al juicio de la humanidad exige que declare las causas que lo impulsan a la separación.[1]
En esencia, la Declaración es un reflejo del mundo político, intelectual y filosófico predominante de la época. Sin embargo, al analizar el contexto histórico se evidencian algunas aparentes contradicciones que ameritan un análisis más profundo. Por tal razón, el grupo focal de historia del Instituto Nuevos Horizontes, que junto al profesor Jerry Torres hemos llamado Historias con Diéresis, organizó un podcast para entrevistar al geógrafo político de la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras, el doctor Carlos Severino. Debido a las manifestaciones de la comunidad universitaria, el podcast tuvo que ser aplazado para el semestre siguiente. Sin embargo, a raíz de la celebración de los doscientos cincuenta años de la Declaración de Independencia, es pertinente que se discuta una de las preguntas formuladas por el profesor Jerry Torres, pues pone de relieve la interesante relación entre la Ilustración y el cristianismo en los Estados Unidos. La pregunta dice:
Uno de los fundamentos de la política y la cultura estadounidense es la afirmación de que es una nación cristiana. Sin embargo, el texto de la Declaración de Independencia es ambiguo pues en el prólogo se menciona al Dios de la naturaleza y las leyes de la naturaleza, frases que se relacionan con la Ilustración, un movimiento no cristiano, identificado con el Dios de los filósofos, cuya única función fue crear el Universo. ¿Qué puede comentarnos sobre esto?
La premisa del profesor es interesante porque plantea una cierta contradicción entre la identidad nacional cristiana estadounidense y sus inicios políticos, influenciados por la Ilustración. Ambos elementos parecen forcejear por un espacio en tiempos de la Declaración, lo que amerita un análisis profundo para comprender su desarrollo y contexto histórico.
La construcción de la identidad nacional no existía en las Trece Colonias para el año 1776. Esto es un fenómeno que surge décadas después y que jugaría un papel fundamental en los siglos venideros tanto en los Estados Unidos como en el mundo. Sin embargo, en el contexto religioso, sí existía una identidad cristiana que unificaba muchos colonos. El Primer Gran Despertar de las décadas de 1730 y 1740 fue el motor principal en esta cohesión.[2] Este movimiento de avivamiento religioso, impulsado en gran parte por líderes itinerantes, movilizó a muchos colonos no solo a la conversión, sino a un sentido de unidad que trascendió las fronteras coloniales. El historiador Thomas Kidd sostiene que el “gran despertar” realmente no se detuvo en la década del 1740, sino que experimentó unos cambios de entusiasmo que disminuían y aumentaban hasta comienzos del siglo próximo. Esto quiere decir que la Declaración de Independencia se vio envuelta en medio del avivamiento religioso. La contradicción es aparente, pues a pesar de que no existe al momento una identidad nacional cristiana, sí existe una identidad cristiana entre las colonias de forma subyacente.
Mientras tanto, los principios de la Ilustración se habían adentrado en las Trece Colonias desde mucho antes de la Declaración de Independencia. De hecho, una de las razones por las cuales el fervor religioso se había visto afectado antes del Primer Gran Despertar fue precisamente por la Ilustración. La élite y la educación colonial priorizó la razón, el empirismo y el escepticismo a los dogmas tradicionales. El deísmo, como la creencia en un Dios creador que no interviene en el mundo, fue el resultado religioso de estos principios.
La Declaración de la Independencia fue redactada en primer lugar por el hacendado y abogado de Virginia, Thomas Jefferson. Como hombre de letras, los principios de la Ilustración dominaban sus convicciones, por lo que no debe sorprender que el escrito mencione al “Dios de la Naturaleza”. De hecho, al someter el borrador al Comité de los Cinco, entre los que se encontraban Benjamín Franklyn y John Adams, se realizaron algunos cambios, entre los que se destacó la mención del Creador.[3] Entonces, si se considera que el cristianismo representaba unidad y la Declaración de Independencia se redactó en medio de estos discursos, ¿por qué aparenta haber una imposición de los ideales de la Ilustración en la Declaración? ¿Cómo se concilia la identidad cristiana con la visión de la Ilustración y la formación de un nuevo estado?
La autoría de Thomas Jefferson no debe subestimarse. Aunque en efecto la Declaración de Independencia fue corregida y editada por dos cuerpos políticos distintos, los argumentos principales eran, sin duda, producto de la retórica, convicción e interés de Jefferson. El “Dios de la Naturaleza” y las “leyes de la naturaleza” eran resultado de una visión de mundo ilustrada, premisa que todos los congresistas, ya fuesen deístas o cristianos, aceptaron. De alguna manera, podría argumentarse que esta tímida mención de una deidad fue suficiente para crear un consenso, principalmente al añadirse términos como “Creador”.
De modo que, tanto desde la perspectiva cristiana de la época como desde un contexto histórico, la influencia cristiana estaba presente en el documento. Además, como bien señala la politóloga Danielle Allen, las distintas editoriales resaltaron los términos del texto que se alineaban a sus intereses.[4] Por ejemplo, los cuáqueros imprimieron el documento enfatizando las palabras “Creador” y “Dios” con mayúsculas. Así, la Declaración era cristianizada en la medida en que el lector interpretaba los términos de acuerdo con sus propias convicciones.
Es importante aclarar que, si bien los firmantes de la Declaración estaban influenciados por la Ilustración, la mayoría se identificaban de una forma u otra como cristianos. Más importante aún, dado que todos pertenecían a la élite económica y social de las colonias, necesitaban crear un vocabulario en el texto que apelara a la mayoría de la población, la cual era pobre y cristiana. Así, en cierto sentido, la Declaración no era un reflejo de la mentalidad de toda la población colonial, sino de un sector pequeño pero poderoso. Historiadores como Howard Zinn sostienen que el documento buscaba realizar concesiones para las clases populares y asegurar su apoyo a la revolución.[5] Las alusiones a Dios, aunque tímidas, cumplían este propósito. Denominaciones como los cuáqueros, buscarían conciliar el documento para sus feligreses.
Los principios de la Ilustración, sin embargo, invitaban a romper con tradiciones británicas, como la histórica relación entre la Iglesia y el Estado. En las colonias, no obstante, aunque no estaba articulado explícitamente en la Declaración, existía una conciencia de libertad de culto que respondía a la diversidad de cada una de ellas. Esto era producto del liberalismo, que buscaba reclamar las libertades de los ciudadanos frente al Estado. Tales libertades iban de la mano con el deísmo, bajo la premisa de que el dios creador no interviene en los asuntos humanos. Cabe destacar que esta libertad protege a los ciudadanos del poder estatal; tanto la historia británica como la de las Trece Colonias habían demostrado la gran importancia de ello.
La Ilustración y el cristianismo en el contexto de la Declaración de Independencia de las Trece Colonias compartían una relación sumamente interesante y complementaria. Thomas Jefferson y otros líderes revolucionarios representaban una elite intelectual, social y económica profundamente influenciada por los principios ilustrados. Sin embargo, la mayoría de estas figuras se identificaban como cristianas al igual que la clase popular. Si bien no existía una conciencia nacional cristiana, sí había una identidad de fe que trascendía las fronteras coloniales. Esto resulta fundamental porque, a pesar de la timidez en las alusiones a lo divino, se menciona a Dios, lo cual sirvió para lograr un equilibrio entre el pensamiento ilustrado y la fe.
Más que una corriente imponerse sobre la otra, ambas se beneficiaron mutuamente. La Declaración en sí misma no es la culminación de un discurso, sino el punto de partida de una nueva retórica política. Los ilustrados promovían su dios creador, luchaban por los derechos del pueblo y abogaban por los límites del gobierno. Simultáneamente, los cristianos promovían su propio dios creador, enfatizaban en la individualidad del creyente, y rechazaban el alcance del gobierno en sus asuntos. En este contexto, la Ilustración y el cristianismo compartían convicciones similares que nutrían y forjaban el pensamiento estadounidense, demostrando que ambos elementos no eran adversos.
Historias con Diéresis, como grupo focal de historia, busca este tipo de discusión académica. Los ideales y las convicciones juegan un papel fundamental en la sociedad, pero estas responden a un contexto histórico que evidencia su desarrollo a través de los años. Los intereses y las agendas políticas, sociales y económicas promueven una retórica que pone de manifiesto la complejidad de los distintos periodos históricos. En este caso, la Ilustración y el cristianismo se beneficiaron de un texto que a mayor o menor grado se presentó como una promoción de ambas convicciones. Como bien indica la misión del grupo focal, “se aspira a que la historia sea considerada como un campo de análisis constante y fluido donde no se presenta el entendimiento del pasado como uno categórico y definido, sino como uno de posibilidades”. Los ideales del siglo XVIII evidencian esta premisa al conciliar la Ilustración y el cristianismo en la Declaración de Independencia. El texto respondía a los intereses de la élite, pero buscaba el respaldo de la clase popular; mantenía cautela con las alusiones divinas, pero los cristianos enfatizaron esa divinidad. Ese juego sociopolítico y religioso cimentó los principios fundacionales de los Estados Unidos, los cuales han sido determinantes a lo largo de la historia.
[1] Thomas Jefferson et al., “La Declaración de Independencia”, Archivos Nacionales de EE.UU., consultado el 24 de junio de 2026, https://www.archives.gov/espanol/la-declaracion-de-independencia.html.
[2] Thomas S. Kidd, The Great Awakening: The Roots of Evangelical Christianity in Colonial America. New Haven: Yale University Press, 2007.
[3] El Congreso Continental realizó igualmente otros cambios. Ver Danielle Allen, Our Declaration: A Reading of the Declaration of Independence in Defense of Equality. New York: Liveright Publishing Corporation, 2014.
[4] Danielle Allen, Our Declaration…, p. 39.
[5] Howard Zinn, La otra historia de los Estados Unidos. New York: Siete Cuentos Editorial, 2011, p. 58.
Bibliografía
Allen, Danielle. Our Declaration: A Reading of the Declaration of Independence in Defense of Equality. New York: Liveright Publishing Corporation, 2014.
Kidd, Thomas S. The Great Awakening: The Roots of Evangelical Christianity in Colonial America. New Haven: Yale University Press, 2007.
Zinn, Howard. La otra historia de los Estados Unidos. New York: Siete Cuentos Editorial, 2011
