Cora Monroe González
De migraciones y convergencias
Tinta regada
11 – agosto de 2026
Quizá …el mayor logro de un Instituto de Humanidades no pueda medirse
por el número de eventos organizados o de publicaciones producidas.
Su verdadera obra es más difícil de cartografiar: consiste en enramar una
comunidad intelectual cuyos vínculos atraviesan países, generaciones y disciplinas.
-Jeffrey Herlihy-Mera***
Lo único que me gusta de United Airlines es el poder seguir un detallado itinerario de viaje en su red Wifi. Ese menú no solo brinda la ruta de vuelo en varias dimensiones sino que también te ofrece un mini historial de los pueblos sobre los cuales pasa el avión, o aquellos que son cercanos a la ruta. Durante un vuelo, a mi me gusta reflexionar sobre mi trayecto, los lugares que sobrevolamos y los que estamos por sobrevolar. Como dijo el poeta, en la vida, todo es ir.[1]
Hacia finales del semestre viajé al Congreso del Consortium of Humanities Centers and Institutes. Mi labor semestral en el Instituto Nuevos Horizontes habían concluído; había grabado y entregado, junto a mi co-cordinadora, una estudiante graduada de Perú, el video que resumía las actividades del grupo focal “Migraciones”. Nuestro resumen se incorporó al video que recogió lo resúmenes de todos los grupos focales; se clausuró el año con la exhibición y discusión de ese video grupal. El resultado de tantas interacciones entre colegas, estudiantes e invitados se fundió en un mismo principio y fin; eramos un equipo creativo y de mucha reflexión, a pesar de que cada grupo había trabajado independientemente, compartiendo trayectorias diversas que culminaron en un resumen harmonioso. Esa experiencia fue algo así como la confirmación de algo fundamental que aprendí en mi grupo focal este año: las migraciones tienen propósitos diferentes; conforman diversos movimientos en diferentes planos al través del tiempo.
En la nave que me llevaba de Chicago a Banff, el recuerdo de una migración familial en mi infancia me llevó a seguir con ahinco y nostalgia la ruta de vuelo que vagamente correspondía al viaje que había hecho décadas atrás junto a mis padres por autopistas desde el sur hasta las Grandes Llanuras de Estados Unidos. Según iban aparenciendo pueblos y ciudades, estados y provincias en el mapa de United, yo trazaba mi camino presente a la vez que retrazaba el camino de mi pasado. El viaje en avión me llevaba cada vez más allá; sobrevolando lugares que conocía: más allá de una base aerea de Montana a la que llegué a mis casi dos años y donde descubrí–o mejor dicho, adopté–Radio Televisión Canadá como mi canal de televisión, seguramente por transmitir en el idioma que más se parecía a mi primer idioma en una era en que no existían ni Univisión ni Telemundo. El vivir en la frontera con Canadá ocasionó que “Babette” fuera mi “Gabi, Fofó y Miliki” antes que “Kukla, Fran and Ollie”.
La nave cruzó el espacio fronterizo, volando más allá de Regina, la capital de Saskatchewan donde, cuando tenía unos tres o cuatro años un gentil empleado municipal nos dio un tour del Ayuntamiento y de sus jardines, reconociendo que mi mamá, quien unos pocos años antes había sido secretaria del alcalde de Aguadilla, era su homóloga. ¡No transitaba por esta región desde mi graduación de kinder! Poco después la nave giró un poco hacia el noroeste, dejando atrás Saskatchewan. Traspasaba la frontera de mi pasado sin poder percibir la tierra a unas treinta mil millas por debajo de la nave.
No sabía exactamente que haría en el Congreso, y sin embargo, la encomienda era precisa y sencilla: nos tocaba a mi compañero de viaje y a mí hacer networking. Eramos una mini delegación Colegial. Aterrizamos en Calgary, entre anglohablantes que lucían sombreros Stetson; parece que había un rodeo en las cercanías por esas fechas. Un ambiente bien “Western,” con sabor a Wyoming, Montana o algo por el estilo; pero habíamos llegado a Canadá, donde el francés funge como idioma oficial junto al inglés, aun en las praderas que parecen una extensión del Far West estadounidense : “Welcome to Canada / Bienvenue au Canada” se leía al entrar al terminal.
Tras más o menos una hora de camino hacia el noroeste en autobus, aparecieron las majuestuosas montañas Rocosas. A medida que nos adentrábamos en el parque nacional de Banff, con sus extensas pinedas y las vetas de nieve que alternaban con el rugoso gris de los picos, tuve en determinado momento una extraña sensación de deja-vu, no de algún paisaje de mi infancia en Montana sino de un imaginario tramo de la autopista 52 que atraviesa la Cordillera Central. Concretamente, lo que me pareció alarmantemente familiar fue una maquinaria, que a mi ojos parecía una fábrica de cemento o de esas refinerías abandonadas de la CORCO en la costa del sur; se anidaba entre pinos y un cerro bajo, a orillas de un río. Me provocó un inesperado recuerdo compuesto de vistas de la autopista puertorriqueña … la vida es senda rara. Era impresionante que en medio del paisaje pristino y protegido del parque hubiese ese brilloso artefacto industrial. ¿Qué era en realidad? ¿Operaba aún? No lo sé, pero le saqué una foto. La juxtaposición de una naturaleza exuberante y del descontrolado avance urbano e industrial es una preocupante realidad puertorriqueña. Camino al pueblo de Banff, en pleno parque nacional, entendí que ningún lugar está a salvo del peligro.
Mi destinación, el Banff Centre for Creativity and Arts, es un hervidero de creatividad. Al llegar el día antes del comienzo del congreso, pude asistir a una conferencia del Summer Arts Festival que me llamó la atención ya que era parte de una serie titulada, “Nomadisms,” temario que cuadraba con mi grupo focal, “Migraciones”. Me estremeció la presentación la presentación de la artista visual y filósofo Maïa Tellit Hawad sobre los problemas ambientales que acechan a los tuareg seminómadas del Sahara. Los mismos vientos que soplan y contaminan y enferman a los tuareg con material radioactivo, producto del extractivismo de uranio en el Air, una región de Níger, son los vientos que transportan un polvo cada vez más denso hacia Puerto Rico. ¿Cómo es posible que desconozcamos en Puerto Rico la historia natural, económica y cultural del Sahara cuando tanto impacto tiene en nosotros? ¿Cómo es posible ignorar la compleja lucha ambiental del Air en Níger, donde origina un problema ambiental que impacta a Puerto Rico y que muchos de nosotros pensamos es relativamente reciente? El Instituto Nuevos Horizontes es el medio idóneo para introducir dos elementos de esa lucha, ténélé y Zarzazghanab.[2] La palabra ténélé literalmente significa “hilos” en el idioma tamajaght de los tuareg del Air. Maïa utiliza la palabra como el título de una obra colectiva:
Ténelé, which means ‘threads’ in Tamajaght, is a collective project commissioned by Amal Khalaf and the first iteration takes shape . . . through the production of two large indigo textile pieces. The project is co-signed by 47 Tuareg women from the Aïr region, whose names are inscribed in Tifinagh in the space, and draws from our memories – both local and diasporic – and from our present, one marked by territorial fragmentation and intensive mining extractivism.
El Zarzazghanab es “a literary and graphic practice that uses words, letters, signs and strokes as munitions to face disaster and dispossession”. En sus presentaciones en diversos países del mundo Maïa Tellit Hawad ha hecho hincapié en la labor artística como catalista de debates sobre luchas ambientales:
Until very recently, the academic world had remained largely silent on the topics of nuclear testing and uranium mining extractivism. It was poets, artists, filmmakers and architects who forced these issues into global debates.
Conversar con Maïa tras su presentación fue retomar el hilo de retrazar el camino de mi pasado: Maïa, francesa de origen provenzal y tuareg, se doctora en el departamento de Francés de Yale. Compartimos impresiones y me puso al día con respecto a una nueva generación de franceses cuyos fenotipos reflejan el continente africano de norte a sur; ellos saben de dónde vienen, lo que quieren y cómo navegar hacia el futuro en estos tiempos. Maïa y yo hablamos en francés, en inglés, y en español. Intercambiamos recomendaciones de lectura. Hablamos de jóvenes doctorandos y deprofesores del continente africano y de la afrodiáspora que han viajado para enseñar en la cuenca del Caribe francófono insular y continental.
En estas andanzas intuyo el futuro de una juventud que me inspira. No hay más. Un solo camino que se quisiera tomar…
[1] Corretjer, Juan Antonio. “En la vida, todo es ir”. Ciudad Seva, https://ciudadseva.com/texto/en-la-vida-todo-es-ir/. Toda cita en letra cursiva viene de esta fuente.
[2] Kufer, Katrina. “Maïa Tellit Hawad: Art Conversation.” Canvas, 16 April 2025, https://canvasonline.com/maia-tellit-hawad/. Todas las citas atribuídas a Maïa Tellit Hawad son de esta fuente.
