Iliaris A. Avilés-Ortiz
El rostro jánico de Bad Bunny.
Reflexiones sobre filosofía y cultura popular contemporáneaTinta regada
11 – agosto de 2026
…¿Bad Bunny y filosofía? La dupla convocó a estudiantes curiosos e incrédulos del vínculo y de la seriedad detrás del tema.
Escribir de Bad Bunny es una continua y arbitraria toma de decisiones narrativas, porque lo suyo tiene tal densidad simbólica, es tan desbordante, que a cada paso ofrece diversos ramales temáticos igual de relevantes.
-Pablo de Llano, “El camino de Benito”
El País Semanal, mayo 202
***Madrid, junio de 2026. Un joven europeo de unos diecinueve años se pasea con una pava por la estación ferroviaria Chamartín-Clara Campoamor. El símbolo del campesinado puertorriqueño, sus valores, costumbres y, sobre todo, vicisitudes, queda despojado de su significado original y adopta nuevas interpretaciones entre la marea de viajeros. Pensamos en Ruiz Belvis, Acosta, Tapia y Rivera, Betances y otros padres de nuestro pensamiento decimonónico nacional, quienes fundaron, desde esas mismas coordenadas, la Sociedad Recolectora de Documentos Históricos de la Isla de San Juan Bautista de Puerto Rico con el objetivo último de estudiar nuestro pasado y consolidar un “nosotros.” Nos preguntamos, de estar vivos, ¿qué pasaría por sus cabezas? Salimos de nuestro ensimismamiento cuando pasan frente a nosotros otros dos chicos con cámaras falsas colgando de su cuello, estas flashean por todo el andén. Claramente, asistieron a uno de los diez conciertos ofrecidos por Benito Antonio Martínez Ocasio, Bad Bunny, en Madrid; hablamos de casi una segunda residencia artística.
El revuelo que ha causado nuestra estrella es notable, la prensa española bombardea las redes con su imagen y publica cientos de artículos cubriendo su visita; las portadas de revistas destacan en los estancos que sobreviven el paso del tiempo; la colaboración con el grupo Inditex (Zara, Stradivarius, etc.) lleva a los escaparates camisetas con el nombre de nuestro terruño e incluye la instalación de un bloque minimalista en plena Plaza de Callao, donde se venden y exhiben las piezas de este junte con Benito Antonio, el cual siempre está abarrotado de turistas, curiosos y fanáticos. El País, uno de los rotativos de mayor difusión en el mundo de habla hispana, le dedica varios episodios en su podcast diario “Hoy en El País”, así como uno de sus suplementos dominicales. Por unos días, la prensa cubre el rumor de un posible encuentro entre el Papa León XIV y el artista, reunión que terminó efectuándose lejos de los focos mediáticos en el mítico estadio matritense Santiago Bernabéu.
Durante el año académico 2025-2026, el equipo “Pensamiento crítico” del Instituto Nuevos Horizontes llevó a cabo el ciclo de conferencias “Filosofía y cultura popular” en el que el exponente de Vega Baja fue también uno de los protagonistas. La primera actividad se celebró el 30 de septiembre de 2025, a pocos días del cierre de su residencia artística en la isla. La segunda tuvo lugar el 24 de febrero de 2026, luego de su apoteósica y polémica intervención en el medio tiempo del Superbowl, actuación celebrada en un contexto encandilado y políticamente polarizado por las protestas llevadas a cabo en diversas ciudades de los Estados Unidos como consecuencia de las intervenciones del Servicio de Inmigración de ese país. Sin duda, estas dos actividades nos llevaron a tomar como objeto de reflexión nuestro aquí y ahora, en donde conviven lo cultural, lo estético, lo político, lo económico y social, cumpliendo con uno de los propósitos de nuestro equipo: cuestionar y valorar nuestro presente.
¿Bad Bunny y filosofía? La dupla convocó a estudiantes curiosos e incrédulos del vínculo y de la seriedad detrás del tema. Si bien la marca registrada con la que conocemos a Benito Antonio Martínez Ocasio es un gancho que han empleado muchos académicos para apelar al público joven y a su estudiantado, tenemos que reconocer que otros tantos han usado la marca para rentabilizar sus carreras académicas en espacios donde se fetichizan las identidades caribeñas en un proceso de trivialización y exotización que reproduce y perpetúa estereotipos y relaciones asimétricas. No obstante, el “fenómeno Bad Bunny” se presta para realizar profundas reflexiones de carácter filosófico, sociológico, artístico y cultural, así como para conocer mejor el pensamiento puertorriqueño y el pensamiento de la diáspora boricua en los Estados Unidos.
Las relaciones sociales, los credos y las experiencias históricas cobran vida en la cultura popular. Así pues, cuando hablamos de «cultura popular» nos referimos a aquellas creencias y manifestaciones colectivas, entiéndase del pueblo, que derivan en diversos tipos de expresiones, actividades o productos como son la música, el baile, el deporte y otros tantos. Estas manifestaciones forman parte de nuestra cotidianidad y, como tal, son validadas y consumidas por amplios sectores de nuestra sociedad en un momento concreto. Como surgidas del pueblo, muchas de estas expresiones intentan dar respuesta a las grandes interrogantes de nuestra existencia como qué es el amor, qué es la amistad, qué es la vida o la muerte, preguntas que también conforman el motor de la reflexión filosófica. Por tanto, nos encontramos ante manifestaciones que nos ayudan a comunicarnos y entendernos mejor; es decir, a humanizar nuestra experiencia en vida. Por su parte, la filosofía, en palabras de André Comte-Sponville, nos enseña a pensar mejor para vivir mejor, ofreciéndonos a su vez herramientas críticas para interpretar y analizar cómo las diversas expresiones de la cultura popular reflejan las preocupaciones colectivas del momento histórico que nos tocó vivir. Es innegable, pues, el hermanamiento entre filosofía y cultura popular.
Bad Bunny nos hace pensar sobre el amor, el desamor, el sexo, la gentrificación y el amor por nuestra tierra y, de esto, claro que podemos filosofar. Sin embargo, cuando un producto cultural deja de evolucionar de forma espontánea para mutar como un engranaje más (¡y muy bien engrasado!) al compás de una máquina para producir ganancias, sin importar posibles níveas intenciones, nos vemos obligados a introducir el término «industria cultural», cuyo cuño filosófico se lo debemos a Theodor Adorno y a Max Horkheimer en su célebre Dialéctica de la Ilustración (1944). Jano, la divinidad bifronte, nos puede conquistar y no pasa nada. Las contradicciones son parte intrínseca de la misma existencia y pueden coexistir en un mismo personaje, haciéndolo más complejo y, sin duda, un riquísimo fenómeno a dilucidar. Bad Bunny comparte ese carácter dual jánico; digamos que el exponente es el Jano boricua.
Algunas de las críticas y reacciones provenientes del mundo académico y cultural puertorriqueño en torno a la figura de Bad Bunny, como aquellas provenientes de la pluma de Roberto Ramos Perea en “Bad Bunny y la monarquía de la ignorancia” y las de José E. Muratti Toro en medios digitales, pueden convivir con las lecturas que, desde su propio peritaje, también realizan Carmen Centeno Añeses y Luis Javier Cintrón. Estas posturas, sin embargo, no han encontrado el mismo tipo de exposición que las reflexiones realizadas por académicos boricuas desde la diáspora, lente ineludible que filtra el análisis del personaje, como sucede en las publicaciones PFKNR. How Bad Bunny Became The Global Voice of Puerto Rican Resistance, editada por Vanessa Díaz y Petra Rivera-Rideau, y The Bad Bunny Enigma. Culture, Resistance, and Uncertainty, compilada por Sheilla Madera, Nelson Varas y Daniel Nevárez. En los análisis reunidos en estas publicaciones, el “fenómeno Bad Bunny” queda relegado a un segundo plano, pues este se convierte en el gancho para hablar de la situación política de Puerto Rico y visibilizarla en sectores específicos de la academia estadounidense y entre las comunidades latinas en los Estados Unidos (pero ¿cómo entender a Bad Bunny sin entender la isla?). De hecho, su público es ese, un público angloparlante, pues se trata de publicaciones que, al momento, solo cuentan con ediciones en inglés. Este aspecto contrasta muchísimo con el mismo objeto de estudio: un artista que continuamente ha reivindicado su lengua como medio de expresión ante el mundo, decisión que coloca a la cultura y a la industria en contrapunto. Decisión que, sin duda, es política y tiene considerable peso.
Las lecturas dentro y fuera de la isla que se realizan sobre el “fenómeno Bad Bunny” no dejan de ser igualmente legítimas y ponen de manifiesto que la generación y divulgación de conocimiento siempre es situada, como señalaba hace décadas atrás Donna Haraway. Definitivamente, escuchar a Benito desde un pueblito costero de la isla no es lo mismo que escucharlo bajo una nevada en un estado del centro de los Estados Unidos, ni desde (un también gentrificado) Tenerife o Berlín; son experiencias que generan significados que pueden ser similares, pero por naturaleza y lugar de enunciación son distintos (por cuestión de espacio no voy a discutir cómo la casita se entendió en Puerto Rico en contraste con la polémica que ésta generó en España, algo que, sin duda, cabe mencionar aquí). Es con lo que juega la producción de Benito cuando inserta en sus conciertos las intervenciones de Concho y, por supuesto, la ineludible nostalgia que articula todo el espectáculo. Posiblemente, este empleo de la nostalgia es una de las claves de su éxito comercial entre la diáspora, y entre distintas generaciones y culturas. La nostalgia es algo muy humano y la industria cultural contemporánea la explota en los refritos que no dejamos de consumir en la literatura, el cine y la televisión.
El “fenómeno Bad Bunny” puede estudiarse desde la geopolítica cultural, auxiliándonos de la noción de poder blando acuñada por Joseph Nye y que constituía una de las líneas que articulaba una breve investigación que realizamos el pasado año y a la que aludió muy bien en el número anterior de esta revista una de nuestras estudiantes y ayudantes de investigación, Gabriela Pedreros. Cada día se habla más, por ejemplo, del rol que tienen las bandas de K-Pop, como BTS, en la política exterior de Corea del Sur. Un claro ejemplo lo vemos en la recepción que esta banda tuvo en el México de la presidenta Claudia Sheinbaum. Y esto vuelve a llevarnos a lo lingüístico.
Una de nuestras conferenciantes durante este año, Maia Sherwood Droz, en El ABC de DtmF, señala que las letras cantadas por Benito son una “fotografía” de nuestro léxico actual y que su decisión de cantar en español es, sin duda, una postura lingüística, pero también política. Durante el siglo pasado, Nilita Vientós Gastón fue una de las más férreas defensoras del español en Puerto Rico, mientras que hoy es un artista boricua quien lo defiende ante el mundo. Y no se trata de cualquier variedad del español, sino del español puertorriqueño, el léxico de un país colonizado que tiene una complicada relación con los Estados Unidos; un pueblo que se engaña al caracterizarse como bilingüe cuando la mayoría de la población no habla inglés o solo lo habla como segunda lengua. Como cita Pablo de Llano en el suplemento especial de El País dedicado al artista, “el español de Puerto Rico es el que ha alterado el orden.” Y sí, lo ha hecho. Lo escuchamos ahora normalizado en Madrid, cuando hace quince años se escuchaba con sorna a una puertorriqueña y a una canaria abandonar sus «guaguas» y las ganas de comer «papas» por esperar «autobuses» y pedir «patatas».
Este mismo suplemento encarna las luces y sombras del popular artista, así como los lentes desde los que el fenómeno puede ser examinado: la diáspora, la moda, la arquitectura, los estudios de género, la economía, la literatura y, por supuesto, la política. La entrevista a nuestro Luis Rafael Sánchez que se incluye en el número lo tantea, pero también las citas seleccionadas por De Llano en su artículo: polemizar con Trump ha sido su mejor amplificador y marketing. ¿Qué mayor paradoja? Por todo esto y más, por su carácter jánico, sí, Bad Bunny es un fenómeno que merece toda la atención, sobre todo, del mundo académico del país desde el que se fragua su existencia y carrera: Puerto Rico.
Fig. 1. Fotografía personal de tienda pop-up de la colección de Benito Antonio con el grupo Inditex en la Plaza de Callao, Madrid (junio 2026). Puede verse la cola para poder acceder.
REFERENCIAS
ADORNO, T. y HORKHEIMER, M. (1998 [1944]). Dialéctica de la Ilustración. Fragmentos filosóficos. Madrid: Editorial Trotta.
CENTENO, C. (2025). “El jíbaro y Bad Bunny.” El Post Antillano. Publicado el 9 de enero de 2025 en: https://elpostantillano.net/index.php?option=com_content&view=article&id=36323:el-jibaro-y-bad-bunny&catid=293&Itemid=1002
CINTRÓN-GUTIÉRREZ, L. (2024). “Yo siempre quise ser bichote en P FKN R: Bad Bunny and the Representation of Puerto Rican Narco-Culture in the Gore Capitalism Era,” Contraband Cultures: Reframing Smuggling Across Latin-America. Londres: UCL Press.
DE LLANO, P. (2026). “El camino de Benito,” El País Semanal. Número especial “El mundo de Bad Bunny.” España, 17 de mayo de 2026.
DÍAZ, V. y RIVERA-RIDEAU, P. (2026). PFKNR. How Bad Bunny Became The Global Voice of Puerto Rican Resistance. Duke University Press.
MADERA, S., VARAS, N. y NEVÁREZ, D. (2024). The Bad Bunny Enigma. Culture, Resistance, and Uncertainty. Lexington Books.
PEDREROS, G. (2026). “Bad Bunny, un recorrido por la forma en que se ha presentado e interpretado ante el mundo,” Tinta regada, vol. 2. Publicado en mayo 2026 en: https://www.uprm.edu/nuevoshorizontes/2026/05/19/bad-bunny-un-recorrido-por-la-forma-en-que-se-ha-presentado-e-interpretado-ante-el-mundo/
RAMOS PEREA, R. (2025). “Sobre Bad Bunny y la monarquía de la ignorancia.” Publicado el 8 de enero de 2025 en: https://www.institutoalejandrotapia.org/post/sobre-bad-bunny-y-la-monarqu%C3%ADa-de-la-ignorancia
SHERWOOD DROZ, M. (2025). El ABC de DtMF. Diccionario de palabras de Puerto Rico y referencias culturales en DeBÍ TiRAR MáS FOToS. Puerto Rico: Extreme Graphics Naguabo.

