Catedrática colegial recibe prestigiosa distinción por su destacada carrera en la Enfermería
Por Idem Osorio De Jesús (idem.osorio@upr.edu)
Prensa RUM
viernes, 16 de enero de 2026
La doctora Sandra Zapata Casiano, catedrática recién jubilada del Recinto Universitario de Mayagüez (RUM), fue homenajeada por el Departamento de Enfermería, donde laboró por más de tres décadas y cosechó una carrera de excelencia como docente y en la noble profesión de la salud.
La ceremonia de reconocimiento se celebró en la Casa y Museo Pilar Defilló de la Sultana del Oeste, ocasión en la que además se resaltó su reciente logro de recibir el prestigioso premio internacional La Enfermera Invisible, por su labor humanitaria, compromiso social y contribución al campo. Este galardón es otorgado por la Universidad de Valencia, en colaboración con la Cátedra Unesco y el proyecto que dirigen las profesoras Olga Navarro y Vanessa Ibáñez, a las heroínas que dejan huellas en la historia de la Enfermería.
Como resultado de esa distinción, la doctora Zapata Casiano es una de las protagonistas del libro Enfermeras Invisibles de Iberoamérica y Caribe, en el que se resalta su vocación como educadora, su trayectoria incondicional ayudando a personas enfermas y a quien se le considera como la primera doula de la muerte o final de la vida en Puerto Rico, por su especialización en la tanatología.
Colegas, amistades, familiares y personas allegadas, asistieron a la velada para rendirle tributo a la profesora, quien además se acogió al retiro.
“Su legado, profundamente humano, coloca su nombre junto al de las grandes figuras de la enfermería, demostrando que la grandeza también reside en la humildad, la empatía y el compromiso inquebrantable con el prójimo. A través de su liderazgo, ha sido un ejemplo de integridad, dedicación y entrega. Su presencia serena, firme y constante ha dejado huellas duraderas en quienes han tenido el privilegio de trabajar o aprender a su lado”, resaltó la doctora Abigail Matos Pagán, directora del Departamento de Enfermería, quien sometió al proyecto de Enfermera Invisible, junto a la doctora Miriam J. Nieto Vázquez, una investigación que evidencia las amplias contribuciones de la doctora Zapata Casiano.
A continuación, una reflexión de la homenajeada, a través de las preguntas que le hizo Prensa RUM.
¿Qué significó recibir este importante premio con relevancia internacional?
Recibir el galardón La Enfermera Invisible de Iberoamérica y el Caribe ha sido un gran honor en mi vida profesional. Más que un reconocimiento personal, lo sentí como una afirmación del valor y la importancia del cuidado paliativo y del acompañamiento compasivo al final de la vida. Este premio simboliza el logro de décadas de esfuerzo por parte de líderes que me precedieron para cambiar el contexto del cuidado del paciente moribundo y su familia. De igual forma, es evidencia de que la enfermería, cuando se ejerce con humanidad, ética y pasión, trasciende fronteras.
¿Qué valores o acciones especiales suyas considera que fueron evaluadas para rendirle este reconocimiento?
Creo que fueron mi sentido de compromiso con la profesión y mi convicción de que nadie debe morir sintiéndose solo. Considero que mis colegas apreciaron mi compromiso por integrar el cuidado paliativo y al final de la vida en la formación profesional de Enfermería. De igual forma, mis esfuerzos por crear espacios de diálogo seguros y aprendizaje sobre la muerte y el morir, incluyendo la toma de decisiones difíciles que usualmente acompañan estos temas en todos los niveles (personal, profesional, académico y comunitario).
¿Qué valores considera fundamentales en la enfermería, que han sido parte de su práctica profesional a lo largo de su carrera?
Para mí, la enfermería se sostiene en tres pilares: la compasión, la integridad y el respeto profundo por la vida humana en todas sus etapas (incluyendo el final de la vida). También considero esenciales la sensibilidad cultural, la justicia, la responsabilidad ética y la capacidad de ver en cada paciente una historia que merece ser honrada. Estos valores me guiaron en cada decisión, en cada interacción y en cada esfuerzo por aliviar el sufrimiento.
¿Cuáles son las lecciones o consejos más importantes que les brinda a sus estudiantes de Enfermería?
A recordar siempre que cada paciente es alguien amado por otra persona, por tanto, les exhorto a proteger con empatía su bienestar y dignidad como si fuera su propio padre, madre, hijo o familiar muy querido. También insisto en la importancia de mantener continuamente su excelencia y dexteridad clínica siempre cultivando la humildad para estar listo para aprender algo nuevo todos los días y de todo ser con el que se relacione.
De cara a un merecido retiro, ¿cuál es su reflexión sobre su carrera docente en el Recinto Universitario de Mayagüez?
He dedicado 30 años y un semestre de mi vida al Recinto Universitario de Mayagüez, y cada uno de ellos ha sido una experiencia de crecimiento, aprendizaje y profundo sentido de propósito. Llegué al RUM con la ilusión de enseñar, pero con el tiempo descubrí que la docencia es mucho más que impartir conocimientos: es abrir caminos, sembrar confianza, cultivar curiosidad y, sobre todo, formar seres humanos capaces de servir con excelencia y humanidad.
Mi vocación por la enseñanza nació del deseo de transformar experiencias personales y profesionales en herramientas que otros pudieran usar para beneficiar a la humanidad. Siempre he creído que la educación es un acto de esperanza; cada clase, cada conversación y cada momento con mis estudiantes, mis compañeros y los pacientes asignados ha sido una oportunidad para reafirmar que la enfermería es una profesión que combina ciencia, ética y un profundo compromiso con la vida y la dignidad de cada ser humano.
Los estudiantes del RUM se distinguen por su liderazgo, su deseo genuino de aprender y su compromiso con el aprendizaje a lo largo de toda su vida. He visto cómo llegan con sueños y dudas, y cómo, con esfuerzo y dedicación, se convierten en profesionales líderes seguros, críticos, pero a la misma vez compasivos. Ser testigo de esa transformación ha sido uno de los mayores privilegios de mi carrera.
Lo más preciado que me llevo es la certeza de que enseñé desde la autenticidad y la compasión, y que mis estudiantes, a su vez, me enseñaron a ser mejor educadora y mejor ser humano. Me llevo memorias de salones llenos de preguntas, de clínicas donde la teoría encontró su propósito, de conversaciones que marcaron caminos, y de la alegría de ver a mis estudiantes triunfar.
Cerrar esta etapa no significa despedirme del compromiso con la enfermería, sino reconocer con gratitud que el RUM fue un hogar donde dejé parte de mi corazón. Me retiro con profunda satisfacción, sabiendo que cada generación que formé continuará alimentando la semilla sembrada, haciéndola crecer en árboles frondosos llenos de los valores y la excelencia que distinguen a nuestra institución.
¿Qué mensaje especial le deja a las futuras generaciones de profesionales de la enfermería?
Les dejo un mensaje sencillo, pero esencial: nunca subestimen el poder de su presencia. La ciencia salva vidas, pero la humanidad las dignifica. Sean defensores de sus pacientes y de igual forma no olviden a los familiares, mantengan viva la compasión aun en los escenarios más complejos. La enfermería es una responsabilidad enorme, pero también un privilegio profundo. Ustedes son la voz, las manos y el corazón de un sistema que necesita de la ciencia tanto como de la sensibilidad y el calor humano.
La doctora Zapata Casiano obtuvo su bachillerato del Departamento de Enfermería en el RUM en 1983, cuando recibió el premio Paulina R. Dávila, como mejor estudiante de su clase graduada. Completó su grado de maestría en la Pontificia Universidad Católica de Ponce, y su doctorado de la Universidad de Wisconsin en Milwaukee. En 2023, obtuvo la certificación como End of Life Doula de la Universidad de Vermont.
En su carrera, se desempeñó como supervisora de Medicina y Cirugía, Sala de Emergencias y supervisión general del Hospital Perea de Mayagüez. Fue profesora de la Universidad Interamericana Recinto de San Germán, y desde 1995, comenzó a ejercer como docente en el RUM.
Algunos de sus más importantes contribuciones incluyen: su participación voluntaria en la campaña de vacunación y detección del Covid-19; así como actividades educativas para la Sociedad de Personas con Alzheimer, la Sociedad Americana del Cáncer y la Sociedad Gerontológica de Puerto Rico. Ha sido la autora de diversos cursos que han sido incorporados a los currículos y responsable de diseñar módulos de educación continua. Algunos de sus galardones más importantes se los concedió el Colegio de Profesionales de la Enfermería de Puerto Rico, que la honró en 2013, con el premio Celia Guzmán; y en 2016, con el de Excelencia en Educación.






