Investigación espacial del RUM impulsa publicaciones científicas, una solicitud de patente y una nueva misión financiada por NSF
Por Mariam Ludim Rosa Vélez (mariam.ludim@upr.edu)
Prensa RUM
viernes, 11 de septiembre de 2026
El histórico experimento que convirtió al Recinto Universitario de Mayagüez (RUM) de la Universidad de Puerto Rico (UPR) en la primera universidad puertorriqueña en enviar una investigación de células madre a la Estación Espacial Internacional continúa cosechando importantes resultados científicos. La misión, liderada por la doctora Maribella Domenech García, catedrática del Departamento de Ingeniería Química, abrió nuevas oportunidades para el desarrollo de tecnologías de manufactura celular con aplicaciones tanto en la Tierra como en futuras investigaciones espaciales.
El proyecto ya produjo una tecnología validada para el cultivo y preservación celular, una solicitud de patente, publicaciones en dos prestigiosas revistas científicas y una nueva subvención de la Fundación Nacional de las Ciencias (NSF) que respaldará una segunda misión espacial programada para 2027.
Para Domenech García, estos logros demuestran que desde Puerto Rico es posible desarrollar investigación competitiva a nivel mundial y aportar al avance de áreas emergentes como la biotecnología espacial y la medicina regenerativa.
“Esto muestra que nosotros podemos hacer una investigación de calidad mundial, que podemos contribuir al desarrollo de tecnología que acelere las terapias celulares para tratar diversos tipos de enfermedades y que también coloca a Puerto Rico como un participante activo en un campo emergente como lo es la biotecnología y la investigación biomédica en el espacio”, afirmó en entrevista con Foro Colegial.
La investigadora agregó que el alcance del proyecto trasciende los resultados científicos, ya que posiciona al RUM y al país como protagonistas de una conversación global sobre innovación biomédica.
“Estamos desarrollando conocimiento y tecnología desde Puerto Rico con el potencial de impacto a nivel internacional. Para mí es un orgullo y para mis estudiantes también, que son mi motor y equipo de trabajo”, sostuvo.
Los resultados alcanzados hasta el momento son producto de una investigación que comenzó mucho antes del lanzamiento de noviembre de 2024 y que buscaba atender uno de los desafíos más complejos de la manufactura celular: cómo preservar, transportar y recuperar células adherentes tras su exposición a las condiciones únicas de la microgravedad.
“De ese primer experimento que nosotros enviamos a la Estación Espacial Internacional se han obtenido dos productos principales. Uno fue el método que desarrollamos y el otro se enfoca en la validación de la tecnología de cultivo. Primero, se desarrolló un método que nos permitiera enviar células directamente adheridas a unos microportadores que ya habíamos desarrollado en el Recinto y que fuera un método sencillo, sin la necesidad de añadir criopreservantes, y que pudiera preservarlas tanto para llegar a la Estación Espacial Internacional como a su regreso a Tierra”, explicó.
La profesora recordó que alcanzar ese objetivo requirió meses de preparación y validación antes del despegue de la misión.
“Esa primera fase son muchas horas largas, días largos de trabajo, donde identificamos los métodos, los materiales, la cantidad de células, las temperaturas. Hacemos pruebas que simulan congelamiento, descongelamiento. Si no funciona, pues cambiamos. Así sucesivamente. Es un proceso bien arduo y riguroso para asegurarnos de que ese estudio sea exitoso”, relató.
La validación del método llegó meses después del lanzamiento, cuando las muestras regresaron de la Estación Espacial Internacional y el equipo comenzó el proceso de análisis en el laboratorio.
“Fue un momento de mucha incertidumbre, pero al mismo tiempo también fue de gran celebración cuando empezamos a descongelar cada uno de esos tubos que contenían las células y pudimos comprobar que nuestro método propuesto funcionó y que las células sobrevivieron todo el proceso de congelamiento, cultivo, congelamiento nuevamente y descongelamiento, una vez regresan a Tierra”, recordó.
La sobrevivencia de las células tras completar el proceso de congelamiento, cultivo en microgravedad y retorno a la Tierra validó la tecnología desarrollada por el equipo colegial y abrió el camino a una serie de resultados que incluyen publicaciones científicas, una solicitud de patente y una nueva subvención federal para continuar la investigación.
Precisamente, la validación de la tecnología abrió paso a nuevos logros. Entre ellos, figura la presentación de una solicitud de patente y la publicación de los hallazgos en dos importantes revistas arbitradas. Una de las publicaciones se enfocó en el método desarrollado y apareció en la revista Stem Cell Research & Therapy, mientras que los resultados relacionados con la validación de la recuperación de la función celular mediante el método y la tecnología desarrollada fueron divulgados en Nature Microgravity, reconocida entre las principales publicaciones científicas dedicadas a la investigación espacial.
“Para nosotros es un gran logro poder llegar a ese tipo de revistas que son bien rigurosas y están buscando artículos que sean verdaderamente innovadores. Nature Microgravity es la revista más prestigiosa ahora mismo para publicar estudios relacionados con el espacio”, destacó.
Asimismo, la investigación dio paso a una solicitud de patente para proteger la innovación desarrollada en el RUM. Según explicó la investigadora, este proceso busca validar el carácter novedoso de la tecnología y su potencial de aplicación, tanto en el ámbito terrestre como en futuras operaciones de manufactura celular en el espacio.
“El proceso vuelve a mostrar que el método no es uno obvio y que tiene aplicación en varias áreas relevantes a lo que sería manufactura de células tanto en Tierra como en el espacio. El proceso toma tiempo, puede tomar varios años en lo que se revisa que no hayan tecnologías similares ya patentadas y, si somos exitosos, lo sabremos en algunos años”, explicó.
El éxito de la primera misión también permitió la obtención de una nueva subvención de cerca de medio millón de dólares de la NSF para ampliar el alcance de la investigación. La propuesta busca profundizar en los cambios que experimentan las células madre cuando son expuestas a microgravedad.
“Utilicé los datos preliminares que obtuve con la primera misión antes de que estuvieran publicados e hice mi solicitud de propuesta buscando extender y expandir la tecnología que ya habíamos validado, pero enfocándonos más en entender esos cambios que experimentan las células madre cuando están expuestas a microgravedad. Se propone entender si esas condiciones pueden ayudarnos a potenciar sus propiedades terapéuticas, con la idea de poder favorecer regeneración de tejidos, actividad antiinflamatoria y también otras aplicaciones relacionadas con la salud”, explicó.
La propuesta fue seleccionada como parte de una convocatoria competitiva de la NSF para investigaciones de alto impacto en la Estación Espacial Internacional.
Actualmente, el equipo se encuentra en la etapa de preparación para esa segunda misión, que contempla el envío de entre 30 y 40 millones de células madre mesenquimales y cuya ventana de lanzamiento está proyectada entre abril y junio de 2027.
“En este segundo estudio nos enfocamos más en entender, a nivel molecular, qué cambios experimentan estas células cuando están expuestas a microgravedad y cómo esos cambios nos pueden ayudar a potenciar sus propiedades terapéuticas”, señaló.
La investigadora también resaltó el valor formativo que ha tenido el proyecto para los estudiantes que participan en la investigación, quienes han sido parte activa de cada etapa del proceso científico.
“Ellos no solamente están aprendiendo las técnicas de laboratorio, están viviendo lo que es el proceso científico completo, desde formular la pregunta y diseñar experimentos hasta analizar los resultados, resolver problemas y entrar en colaboraciones con la industria. Participar en un proyecto que llega a la Estación Espacial Internacional les permite ver que desde Puerto Rico, desde el Recinto Universitario de Mayagüez, se puede hacer ciencia relevante a nivel mundial”, manifestó.
A su juicio, esa experiencia tiene el potencial de transformar las aspiraciones profesionales de la próxima generación de investigadores.
“Esto les abre puertas, los prepara para estudios graduados, para carreras en áreas emergentes y para convertirse en la próxima generación de científicos e innovadores de Puerto Rico. No es solamente aprender de nuestros avances científicos en el laboratorio, es que ellos sean parte de esos avances y puedan eventualmente desarrollar sus propios proyectos y hacer un impacto”, concluyó.
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Escuche más detalles en Foro Colegial, el viernes, 11 de septiembre de 2026 a las 6:30 a 7:00 de la noche a través de Radio Universidad de Puerto Rico en el 88.3 FM en Mayagüez, el 89.7 FM en San Juan y por Internet en http://wrtu.pr.






