Tres hermanos dedicados a la Medicina resaltan su legado colegial
Por Javier Valentín Feliciano (javier.valentin@upr.edu)
Prensa RUM
viernes, 11 de septiembre de 2026
Los hermanos Camila, José Augusto y Waldemar José Cordero Pacheco, egresados del Departamento de Biología del Recinto Universitario de Mayagüez (RUM), de la Universidad de Puerto Rico (UPR), han logrado brillar en sus carreras como doctores en Medicina, una vocación a la que se dedican con mucho empeño y amor al paciente.
Los exalumnos colegiales compartieron sus experiencias y logros profesionales, al tiempo que agradecieron a su alma mater por la educación adquirida.
Camila realiza su residencia en Dermatología, en el Recinto de Ciencias Médicas de la UPR, similar a su hermano José Augusto, en el campo de Urología; mientras Waldemar es especialista en ortodoncia. Los tres tienen como común denominador ser hermanos, pero también portadores de la sangre verde colegial.
En el caso de Camila, explicó que para lograr sus metas académicas, requirió años de preparación y perseverancia, una base que obtuvo cuando comenzó estudios en Biología en el RUM.
“Mi interés por la investigación comenzó cuando participé en un proyecto de bioquímica sobre el procesamiento del ARN (ácido ribonucleico). Posteriormente, amplié mi formación en instituciones como la Universidad de Chicago y la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA). Durante mi fellowship de investigación en UCLA, estudié los mecanismos inmunológicos de enfermedades inflamatorias de la piel, incluyendo la dermatitis atópica y la psoriasis”, indicó.
Su trayectoria se ha diversificado, ya que participó en investigaciones clínicas y epidemiológicas realizadas en Puerto Rico y en colaboración con instituciones de Estados Unidos. En estos proyectos, ha abordado temas como el tratamiento del melasma en mujeres puertorriqueñas, la seguridad de los procedimientos estéticos, la hidradenitis supurativa y la desinformación sobre protectores solares en las redes sociales.
“Estas experiencias me han permitido presentar mis hallazgos en reuniones científicas locales y nacionales, colaborar en publicaciones y contribuir al desarrollo de una práctica dermatológica más segura y efectiva. Mi compromiso con la medicina también incluye la educación y el servicio. Tuve la oportunidad de publicar en Primera Hora un artículo sobre los mitos y las realidades de la protección solar, acercando información médica confiable a nuestra comunidad. Además, he participado en iniciativas de servicio comunitario y en la mentoría de estudiantes interesados en la medicina”, agregó.
La futura dermatóloga nunca deja de agradecer la formación que obtuvo en su alma mater y exhortó a las nuevas generaciones a continuar con el legado que el campus mayagüezano, le ha brindado al resto del mundo.
“El Colegio fue esencial en este camino. Allí recibí una preparación científica sólida y aprendí a pensar críticamente, perseverar y confiar en mi capacidad para alcanzar metas que alguna vez parecieron lejanas. Sus profesores, mentores y amistades dejaron una huella profunda en mi desarrollo profesional y personal. Me siento profundamente agradecida y orgullosa de ser colegial. Aspiro a continuar creciendo como dermatóloga, aportando al conocimiento médico y, sobre todo, sirviendo con excelencia a los pacientes y a las comunidades de Puerto Rico”, sostuvo.
Mientras, su hermano Waldemar, especialista en Ortodoncia y quien ejerce en la clínica con su padre, en su consultorio en San Germán, subrayó que en todo momento, recuerda el lugar que ocupa el RUM en su vida.
“Como mayagüezano, desde muy joven soñaba con algún día convertirme en colegial y realizar allí mis estudios universitarios. Mi vínculo con el Recinto comenzó mucho antes de ingresar oficialmente como estudiante, pues desde que cursaba el noveno grado tuve el privilegio de entrenar junto al equipo de atletismo. Aquellas tardes, me permitieron conocer de cerca su ambiente, su gente y el orgullo que representa pertenecer a esta institución. Con el paso de los años, ese sueño de estudiar en el Recinto se convirtió en una de mis principales metas académicas”, relató.
Más adelante, fue admitido y se graduó de Biología, en el 2018, ese sueño tuvo un resultado que le abrió puertas para ampliar sus expectativas académicas, y que considera una etapa fundamental en su crecimiento profesional y personal que sentó las bases para los retos que asumiría tiempo después.
“Al culminar mi bachillerato, continué mi formación en la Escuela de Medicina Dental del Recinto de Ciencias Médicas de la UPR, donde obtuve el grado de Doctor en Medicina Dental (DMD) en 2022. Durante esos años fui desarrollando un interés particular por la ortodoncia, especialidad que combina la ciencia, el diagnóstico y la planificación con la oportunidad de generar cambios significativos en la salud, función y sonrisa de los pacientes”, expresó.
Ese interés lo motivó a trasladarse a Atlanta, Georgia, para continuar su preparación en Georgia School of Orthodontics, donde completó una especialidad en Ortodoncia y Ortopedia Dentofacial. Esa etapa le permitió ampliar sus conocimientos y adquirir experiencia en el diagnóstico y tratamiento de una gran variedad de maloclusiones y discrepancias dentofaciales, incorporando técnicas de ortodoncia convencional, nuevas tecnologías y tratamientos con alineadores transparentes.
“Como parte de ese proceso como especialista, también desarrollé un proyecto de investigación enfocado en pacientes en crecimiento con maloclusión Clase III, estudiando diferentes variables cefalométricas y su posible capacidad para predecir los resultados del tratamiento ortodóncico. Esta experiencia reforzó en mí la importancia de mantener una práctica clínica fundamentada en la evidencia científica y de continuar aprendiendo a lo largo de mi carrera”, añadió.
Luego de varios años de preparación fuera de Puerto Rico y de culminar la mencionada especialidad, volvió a su país, y en especial a su querida ciudad de Mayagüez para comenzar una nueva etapa profesional.
“Regresar al lugar donde comenzó gran parte de mi historia académica tiene un significado muy especial. Hoy tengo el privilegio de ejercer la ortodoncia en la comunidad que me vio crecer, llevando conmigo no solo los conocimientos adquiridos durante todos estos años de formación, sino también los valores, la disciplina y el sentido de pertenencia que comenzaron a cultivarse desde aquellos años en los que, siendo apenas un estudiante de noveno grado, ya recorría el Colegio soñando con algún día formar parte de ellas. Observo mi pasado y considero que mi trayectoria académica ha sido el resultado de metas que se fueron construyendo desde muy joven, acompañadas de perseverancia, disciplina y un deseo constante de superación. Haber comenzado ese camino en el RUM, y regresar a mi Sultana del Oeste como profesional, representa el cierre de un ciclo y, al mismo tiempo, el comienzo de uno nuevo”, reiteró.
Por su parte, para José Augusto, el Colegio siempre fue una institución que tuvo cerca y que admiró profundamente. Desde sus años de juventud, lo visualizaba como un símbolo mucho más que una universidad, una parte importante de la identidad de Mayagüez; y un lugar que representaba excelencia, compañerismo y orgullo.
“Durante mis años de escuela superior competí en natación y, en ocasiones, tuve la oportunidad de entrenar junto al equipo universitario. Esa experiencia me permitió conocer de cerca el sentido de unión y fraternización que caracteriza a los colegiales y que, con el tiempo, llegaría a formar parte de mi propia identidad. A la misma vez, siempre escuchaba con admiración sobre los logros académicos del Colegio y sobre las personas que, luego de formarse allí, llegaban a destacarse e impactar sus respectivas disciplinas. Ingenieros, científicos, artistas, profesionales de administración de empresas y representantes de tantas otras ramas contribuían al desarrollo de Puerto Rico y del mundo. Para mí, estos ejemplos demostraban su capacidad para formar personas no solamente preparadas académicamente, sino también aptas para dejar una huella en sus comunidades y profesiones”, sentenció.
En el 2015, culminó sus estudios de escuela superior en Mayagüez y, ese mismo año, comenzó su propia trayectoria como colegial al ingresar al RUM. En el 2019, obtuvo un bachillerato en Biología, experiencia que la describe como fundamental en su formación, no solo por la preparación académica que recibió, sino por las experiencias, amistades y valores que adquirió durante esos años.
“En el Colegio desarrollé disciplina, pensamiento crítico y perseverancia, cualidades que posteriormente serían esenciales para enfrentar los retos de la educación médica. Luego de graduarme del Colegio, continué mi formación en el Recinto de Ciencias Médicas de la UPR, donde obtuve mi Doctorado en Medicina en el 2023. Actualmente, curso mi cuarto año de Residencia en Urología en el Centro Médico, continuando mi formación como médico y cirujano. Al mirar mi trayectoria, me siento orgulloso de que mi formación haya comenzado y continúe desarrollándose dentro de la Universidad de Puerto Rico. Desde Mayagüez, donde nació mi admiración por el Colegio, hasta mi bachillerato, mi formación médica y mi residencia. Cada una de esas etapas ha contribuido a formar el profesional que soy. Ser colegial representa para mí mucho más que haber obtenido un grado; es pertenecer a una comunidad que valora la excelencia, el compañerismo y el deseo de aportar al desarrollo de Puerto Rico”, aseveró.
Sus progenitores, el doctor José Waldemar Cordero Cruz y la contable María de Lourdes Pacheco Rivera, también son egresados del Recinto de Río Piedras de la UPR.
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