Egresada de la clase 1972 del bachillerato de Enfermería coloca los signos distintivos a su nieto
Por Javier Valentín Feliciano (javier.valentin@upr.edu)
Prensa RUM
viernes, 17 de julio de 2026
La enfermera graduada Zobeida Escabí Padilla, egresada de la segunda clase de bachillerato del Departamento de Enfermería del Recinto Universitario de Mayagüez (RUM) del año 1972, tuvo el privilegio de colocarle los signos distintivos de la profesión a su nieto Ángel Javier Olivera Pratts.
Esto ocurrió durante la Ceremonia de Iniciación a la Profesión de la Enfermería que corresponde al año 2026, donde un grupo de 37 profesionales de la Enfermería participó del evento y que desfilaron en la colación de grados que se llevó a cabo, en el Coliseo Rafael A. Mangual del RUM.
“Cuando estaba próximo a graduarse de la escuela superior, me expresó que solicitaría admisión al Colegio porque deseaba convertirse en enfermero, me produjo una emoción enorme. De inmediato, le respondí que era el mejor regalo que me podía hacer, ya que ejercería la misma profesión que todavía ejerzo con mucho amor. Ha sido un excelente estudiante y muy responsable. Conservo el pin que me colocaron cuando estuve en mi iniciación hace 54 años. Cuando llegó este momento, le expresé que si deseaba utilizar el mío y me respondió: ‘Por supuesto abuelita, claro que sí’”, expresó Escabí Padilla con emoción.
Para esta enfermera caborrojeña, estudiar en el Colegio ha sido una experiencia de la que nunca se arrepintió. Una vez se anunció su presencia en el evento, Prensa RUM quiso conversar con esta orgullosa egresada por partida doble, como egresada y como abuela de Ángel Javier.
“Una vez fue admitido, me di a la tarea de orientarlo, de decirle de todas las posibilidades que la profesión le ofrece. Todas las oportunidades que podría tener que no necesariamente tenía que estar en un hospital, que la profesión de la enfermería te ofrece la oportunidad de desarrollarte como persona. El muchacho se entusiasmó y siguió en este camino. Ha trabajado duro porque la profesión exige mucho de la persona, pero no es imposible”, indicó.
En 1972, no pudo desfilar en la graduación, ya que se encontraba atendiendo su embarazo.
“Fue un reto grande. Éramos un grupo de seis estudiantes que tuvimos la misión de abrir ese camino, porque antes no había nada. Entonces, semestre tras semestre se iba creando y se iba desarrollando el programa y fuimos esa parte bien importante para que este pudiera establecerse y permanecer hasta el día de hoy. Desde esos inicios ya han pasado más de 50 años”, relató.
Relató que venía desde su natal Cabo Rojo, en compañía de su hermana Jeanette, en aquel momento estudiante de Ingeniería Química. Estudió sus cursos primarios en el Colegio San Agustín y se graduó de cuarto año de la escuela Luis Muñoz Marín, del mencionado Municipio.
“En realidad, mi hermana y yo tuvimos la bendición de tener una familia que nos respaldó. Somos de un origen bien humilde, pero nuestro papá siempre se ocupó de que nada nos faltara. Para poder estudiar, teníamos un carrito viejo en el que viajábamos hasta Mayagüez. Inicialmente lo condujo mi hermana mayor que estudiaba ingeniería en el Colegio y yo luego lo conduje empecé a estudiar enfermería. Viajábamos todos los días y rescatábamos en el camino todo aquel que necesitaba para llegar y le dábamos pon. Fue una experiencia de vida de estudiante bien buena y gratificante”, afirmó.
Una vez obtuvo su diploma, su trayectoria profesional le permitió realizar diferentes funciones, su primer trabajo fue en la Clínica Española, luego en la Clínica Perea, después en el Instituto de Cirugía Plástica, enseñó como maestra durante los años 1976 y 1977 en la escuela superior doctor Pedro Perea Fajardo, se convirtió en la primera enfermera de cirugía ambulatoria de Puerto Rico y en la actualidad trabaja en una oficina médica.
“Mientras venía de camino a esta ceremonia, le dije a mi esposo que siempre me correspondió abrir caminos, porque en aquel momento éramos muy pocas enfermeras con grado de bachillerato en las comunidades, porque eso era un programa que estaba empezando, sobre todo en esta área de Puerto Rico. Al mismo tiempo, representaba un reto, porque te establecen que tienes que poner en práctica estos niveles de educación superior que tú adquieres. Igualmente, cuando uno comienza como todo un profesional, realmente en la marcha y en la práctica es como tú te formas”, sostuvo.
En este sorpresivo encuentro, esta egresada que se caracterizó por su amor a la profesión, su contagiosa alegría y reflejando su pasión como profesional de la salud. No perdió la oportunidad por aconsejar a esta nueva cepa de colegiales.
“Uno se tiene que formar bien porque lejos sobre lo que las personas piensan, ser enfermero requiere que tengas la capacidad de ser responsable. Además, ser capaz de tomar decisiones cuando no hay nadie más que pueda decidir. Asimismo, tienes el peso y la responsabilidad de la vida del paciente al que le sirve. Esta ocupación exige mucho de la persona, pero no es imposible, tuve la bendición de tener diversas experiencias. Amo la profesión de la enfermería y me gusta ser enfermera”, concluyó.






